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domingo, 28 de febrero de 2010

Thorgal (XV): El señor de las montañas

Rosinski – Van Hamme (1989)
Norma Editorial. Colección Pandora nº 20
Edición original: Le maître des montagnes

Atención: este artículo puede revelar detalles sobre el argumento.

Recuperemos el pulso de la colección, ya casi en plena mitad de la misma, con una de sus aventuras sin duda más excepcionales, una verdadera historieta de lujo. Álbum de culto, no sólo en relación con el resto de la serie sino en el marco del cómic fantástico en general, El señor de las montañas se revela como un trabajo apasionante donde tienen cabida desde el suspense hasta la tragedia, llegando a ser calificado de obra maestra y convirtiéndose en el preferido de muchos de los lectores con que cuenta Thorgal.

Personalmente lo encuentro un álbum sublime e increible. No sé si, desde mi propia perspectiva, lo llegaría a etiquetar como el mejor de la colección considerada en su conjunto (¡entended mi subjetividad; son tantas las entregas de Thorgal que me encantan debido a unas razones u otras!) pero por supuesto queda englobado por méritos propios entre los más sobresalientes.

Un número que, con las nieves que nos están cayendo encima durante este largo invierno, nos viene que ni al pelo. Cambio radical de escenario, por tanto, respecto de Entre tierra y luz (que, salvando el inciso fuera de orden cronológico del álbum anterior, marca el punto donde dejamos a nuestro azaroso vikingo).


Aunque el dibujo de Rosinski sigue estando (¡y de qué manera!) en su cumbre, hemos de reconocer que el principal artífice de este excelente one-shot es el señor Van Hamme, quien consigue hilar con maestría absoluta y precisión milimétrica un argumento que, pese a su complejidad, se sostiene y cierra por si mismo. Para llevar a cabo tan inteligente y atractivo guión tira -como hemos visto en alguna otra ocasión (recordemos Los tres ancianos del país de Aran)- de esos juegos temporales de los que tanto gusta, los cuales llegan en esta entrega a su mayor clímax y además sin necesidad de meterse en excesivos berenjenales que expliquen sus mecanismos, logrando que el lector tampoco le preste mucha atención a ese aspecto y desviando su interés hacia lo que realmente quiere contarnos (una característica que denota las tablas del brillante escenarista belga).

Pero situémonos: Thorgal y los suyos regresan al norte. Un conciso comentario del cabeza de familia, que viaja solo en esta aventura, nos permite enterarnos de sus intenciones; adelantar la ruta hacia los territorios en los que se ha criado junto a Aaricia, donde ésta desea dar a luz a la criatura que esperan. Sorprendido por una avalancha de nieve durante lo más crudo del invierno, Thorgal se refugia en una pequeña granja en ruinas. Allí se cruza con Torric, un joven y desdichado esclavo recién huído de las garras de Saxegaard, el cruel dueño de esas tierras apodado como 'el señor de las montañas'. Por un acto inexplicable los dos hombres se ven proyectados al pasado, exactamente treinta y siete años antes de su primer encuentro, momento en que conocerán a Vlana, la turbadora mujer que regenta el minúsculo redil. De esta forma, y sin saber en un principio si sueña o está despierto, Thorgal se ve en medio de un dramático episodio que traspasará los limites del tiempo.


La trama, siendo lo suficientemente compleja de por si para tratar de explicarla de manera entendible en este artículo, queda claro que concatena alternativamente sucesos entre el pasado y el futuro (o, debería decir más bien, el ahora) en torno al concepto de la paradoja temporal. Esta expresión de tintes filosóficos, ya formulada anteriormente en varias obras de la ciencia-ficción, suele explicarse por medio de un ejemplo, el llamado supuesto del abuelo: si un individuo se remontase al pasado y matara a su abuelo, no llegaría a nacer... ¡pero entonces no podría viajar al pasado para matar a su abuelo! En tal caso, sí sería concebido... ¡de modo que podría viajar al pasado y cometer el macabro acto! Como puede deducirse, el discurso se prolongaría indefinidamente.

Partiendo de esta idea, el argumento de El señor de las montañas se desarrolla con ritmo trepidante sobre las idas y venidas entre el pasado y el presente hacia un desenlace inesperado y terrible. Para explicar someramente el modo en que los acontecimientos tienen lugar, Van Hamme se sirve de la simbología clásica del Uróboros, la mítica serpiente -con origen en las culturas griega y egipcia- que se muerde la cola en un gesto de eterna deglución. Esta imagen ha venido representando tradicionalmente el significado inalterable de la naturaleza, los ciclos de la vida, de las estaciones y, en un sentido más amplio, el infinito. Se convierte así en el vehículo perfecto gracias al cual los autores justifican sus propósitos y nos plantean un dilema inquietante sobre el destino y el tiempo que, por más que avance nuestra ciencia, la humanidad probablemente nunca llegue a desentrañar.


Con sólo cuatro personajes (¿o acaso tres?) perfectamente definidos, Van Hamme y Rosinski construyen uno de esos relatos a los que varias horas después de haber terminado su lectura uno sigue dándole vueltas. Mientras que Thorgal queda como un necesario intruso de lo que sucede en esta aventura, el verdadero protagonismo recae sobre el resto de sus integrantes. El personaje de Vlana supone otra de esas mujeres que dejan huella en la serie y en la vida del pacífico vikingo, de quien ya sabemos qué efecto causa en el sexo opuesto: está claro que toda fémina que se interpone en su camino queda impresionada. En tanto que Torric, cuyo egoísmo y ambición echan a perder lo que podría haber sido una temprana resolución de la historia, nos propone un curioso interrogante: ¿puede el conocimiento previo de nuestro destino alterar el curso natural del mismo, o por el contrario estamos irremisiblemente abocados a su realización? Quién sabe si el de Torric, quien al inicio se nos muestra como un muchacho aparentemente honesto, se hallaba comprometido de antemano. Así, la figura de Saxegaard, por odioso y desagradable que éste pueda parecernos, no deja de ejercer una comprensible fascinación.


El frío entorno, que como en todo relato claustrofóbico que se precie se ciñe a un espacio muy limitado, constituye otra pieza clave sin la cual este episodio no podría entenderse. Sin movernos de las inmediaciones de la estremecedora majada, rodeada de montañas cubiertas de nieve que Rosinski retrata maravillosamente, encontramos a un Thorgal atrapado, del que presentimos su desesperación al verse solo ante nuevas dificultades. Para añadir un halo de misterio al asunto, este volumen deja caer una mención a la misteriosa Atlántida y al legendario metal oricalco como posible artificio para algún futuro número, así como de un tal Phaios de Creta (que concluyo debe de ser ficticio, al no haber encontrado ninguna información al respecto).

Estamos, por tanto, ante un magnífico álbum que comparado con el resto de entregas que componen la colección seguramente destaque como una de las más sugerentes (aunque mi opinión es que la serie goza de la calidad homogénea suficiente para aplicarle a toda ella el apelativo de obra maestra), no obstante por si solo puede no decir demasiado al lector ocasional o a aquellos que se inicien en Thorgal con este volumen, por más que -en realidad- consista en una aventura autoconclusiva plenamente disfrutable y no estrictamente relacionada con el resto de tomos. En la línea cronológica de la serie, si lo pensáis bien, es como si este álbum de Thorgal jamás hubiera sucedido, al menos no más allá de un arduo viaje invernal del héroe hacia el norte.


De relectura casi forzosa dado que cuesta un poco comprender a fondo la manera en que las paradojas temporales manipulan el curso secuencial del guión, la creación de esta historieta refleja una época en la que el tema enganchaba (del mismo periodo es, por ejemplo, la popular saga Regreso al futuro) y a pesar de la genialidad con que se aborda el viaje en el tiempo a lo largo de estas páginas, no será esta la última vez que veremos a Van Hamme urdir giros inesperados por medio de este recurso tan emocionante como insondable.

15 comentarios:

Toni dijo...

Genial, como siempre, Jolan. Posiblemente este album es el que más veces he leido, ya que se presta a eso y en cada relectura veia un matiz nuevo de la paradoja espacio tiempo en la que el maestro Van Hamme hila pero bien fino la historia.
Saludos.

Pedro Camello dijo...

Para mí, desde luego, es mi álbum favorito. También es de los primeros que leí.

Creo que en él se pone de manifiesto más que nunca el dominio que tiene Rosinski de la atmósfera. La nieve es una de las protagonistas de la historia pues genera una sensación de desorientación y aislamiento que es muy necesario sentir para entrar en la historia y él lo consigue magistralmente casi sin dibujar. O precisamente por eso.

Enrique Jaramillo dijo...

Desde que conocì Thorgal, y luego de leer la reséña que sobre este Album hace Rafael Marin, se convirtiò en casi una obsesion encontrarlo. Tras 7 años ya vez mis opniniones en mi blog...

Un saludo.

Jolan dijo...

Con tu permiso, incluyo aquí un enlace a tu crítica sobre este volumen, Enrique:

http://coleccioncomicsenrique.blogspot.com/2009/06/el-senor-de-las-montanas.html

Saludos! ;)

Pardi dijo...

Me da un poco de rabia no poder comentar al no haber leido ninguno de ellos, y como han sacado tantos veo casi imposible ponerme al día. Por lo menos intentaré comprarme alguno de los que me recomendaste una vez que se pueden leer sin que continuen. Saludos

Jolan dijo...

Bueno, este es uno de esos álbumes que también se pueden leer de forma independiente, Pardi. Seguro que algún día te animas con un Thorgal ;)

Loren dijo...

Yo que hace no mucho leí el de los ancianos de Arán, veo muy lejos el día en que llegue a leer este. Escuché de sus virtudes hace un tiempo, y desde entonces le tengo unas ganas bastante grandes, pero claro, aún falta para que llegue a dicho álbum (aunque no tanto en realidad).

Desde luego que la simbología y el entorno que comentas en el artículo me han parecido de lo más interesante: la serpiente, el oricalco, la Atlántida...

El de los ancianos de Arán me gustó bastante por los elementos fantásticos de los que hacía gala, además de la paradoja temporal que es el eje del álbum, y si es una constante en la serie, mucho mejor, le da un toque especial.

¡A ver si me pillo pronto el siguiente!

Jolan dijo...

Loren, si te gustó el recurso de la paradoja temporal en los ancianos de Aran, este álbum seguramente te encantará, pues el tema está aún mucho mejor llevado.

¡Anímate a continuar con la serie, que el 4º número, el siguiente con el que seguirías leyendo, inicia un ciclo muy interesante!

rul dijo...

¡Enhorabuena Jolan!, "hijo de Thorgal Aegirsson", por tu certero y trabajado análisis de un álbum que viene a exponer esa odisea permanente en la que se ve envuelto Thorgal.
Podríamos hablar durante días de éste espléndido álbum.
Como en toda la serie, los dioses y el destino no parecen dejar tranquilo a nuestro protagonista como ejemplo de el que está donde no debe estar (recordemos "el hijo de las estrellas" y orígenes).
Muy de acuerdo con Pedro Camello en su alusión a la nieve como un entorno que aísla y desconcierta. Si os fijáis el manto blanco, ese frío invierno y esa abundante nieve,es el poso que se queda marcado en nuestra memoria colectiva, seguro que a todos los que lo hemos leído lo primero que se nos viene a la cabeza es BLANCO, BLANCO Y BLANCO, esa nieve fría y blanca,salpicado con alguna mota de prado verde, allá, hace tantos años. Esa NIEVE SILENCIOSA, FRÍA,PESADA, AISLADORA es el entorno propicio para la historia de paradoja temporal que se nos cuenta.
Volveré a releerlo al hilo de esta reseña y seguramente...volveré a hablar de esta delicia, de esta obra maestra del entretenimiento, obra maestra del cómic, obra maestra de todas las artes de contar un historia (cine, literatura, cómic,etc.). O acaso no tiene mérito contar tantas cosas en 48 páginas? Y todavía sigues sacándole jugo.
Ni siquiera te hace falta leerlo en un cabaña con chimenea apartada en la nieve. En pleno verano es capaz de transportarte allá mismo con Vlana, Torric y Thorgal.

Jolan dijo...

Hola rul! Bien dices que este álbum es un ejemplo más de que, aunque Thorgal trate de evitarlo, las adversidades se interponen ya sea por el destino o por obra divina en su camino, y a pesar de que ejerza de espectador en este número, acaba viéndose involucrado en una situación extraordinaria que altera una vez más su deseada tranquilidad.

La nieve, el frío, el invierno... son protagonistas absolutos de este álbum, no cabe duda. Y Rosinski, con la maestria que le caracteriza, lo refleja como nunca, haciendo que el lector se involucre en ese ambiente con enorme facilidad. Por este motivo uno puede meterse en su lectura en cualquier momento, aunque personalmente me encanta cuando la climatología real acompaña a una buena lectura en el mismo momento en que se realiza. :)

Como siempre, un placer leer tus comentarios sobre Thorgal.

Saludos!

rul dijo...

Por supuesto, que trato de elegir el momento apropiado para una buena lectura y ésta es, sin duda, apropiada en pleno invierno,y más en mi ciudad con lo que nieva, al calor de la calefacción de mi casa, con una copita de baileys o pacharan, con una música adecuada( ponedle BSO a las lecturas, probadlo) y un buen rato por delante.
Esa cabaña en mitad de un bosque nevado de las tierras del norte, como si fuera el centro de un tornado, de un torbellino, donde los personajes van y vienen en el tiempo. El destino, otra vez, a reflexión, nos lo labramos o ya está escrito? .
No le hace falta a Van Hamme un entorno espectacular, de leyenda, mágico, para contar lo que cuenta...es algo sencillo y crudo, una buena nevada, un manto blanco y frío que nos deleita la propia naturaleza.
"Ya siento el olor de una buena sopa,servida junto a la chimenea por una montañesa de brazos rollizos..." dice Thorgal; en la siguiente viñeta ante él y su caballo se aprecia una cabaña con una chimenea humeante, al fondo el cielo plomizo,cargado de nubes grisáceas y oscuras, todo normal, pero los dioses le reservan un "menú" muy diferente a nuestro protagonista.

Jolan dijo...

Totalmente de acuerdo, rul, con que ciertas lecturas acompañadas de una buena banda sonora hacen todavía más disfrutable si cabe el momento. Tengo algunos temas idóneos para ciertos cómics.

¡Buena comparación la de la cabaña de Vlana con el epicentro de un torbellino, aparentemente inamovible y desafecto a las tumultuosas corrientes -en este caso temporales- que lo rodean!

En la siguiente aventura de Thorgal: más nieve, aunque ya entrando en la primavera. Pronto la comentaremos por aquí.

Saludos!

lachlan dijo...

pardi,no te preocupes por llegar "tarde" a esta serie.
yo no hace mucho,me he puesto a leerla (en parte por culpa de jolan) y no me arrepiento para nada,ahora mismo voy por "la peste azul" el numero 25.
no te desanimes,si vives en madrid,son muy faciles de encontrar en las tiendas de comics y si no es asi,siempre puedes comprarlos on-line por algun lugar.
en definitiva,el llegar tarde a esta serie,es mayor fortuna que otra cosa,pues podras leer la serie de forma continuada,sin los parones temporales que han tenido que soportar los que son aficionados a ella desde el inicio.
saludos.

Olrik dijo...

Me ha encantado, es el segundo que leo después de que foreros como halcónazul, manoskelly o Jolan, me lo recomendaran, y la verdad estoy ilusionado de descubrir esta brillante serie para mi nueva. Nos iremos viendo.

Jolan dijo...

El primero, pero ya veo que no el último. Olrik! Me alegra ver que estás pasando un buen rato con Thorgal, y aún te quedan muchas buenas aventuras que leer por delante. ;)

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