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miércoles, 18 de mayo de 2011

Alejandro Magno: Encuentro con Oriente


Desde diciembre del pasado año y hasta principios del presente mes, ha tenido lugar en Madrid la exposición: Alejandro Magno, Encuentro con Oriente. Sé que a efectos de recomendación no tiene utilidad alguna mencionar ahora una exposición que ya ha cerrado sus puertas, pero como me gusta guardar un pequeño testimonio de este tipo de visitas, no quería dejar de escribir unas líneas para recordarla. Sobre todo teniendo en cuenta que hacer fotos no estaba permitido (algo cada vez más frecuente en este tipo de acontecimientos que contienen valiosas piezas arqueológicas) y que el catálogo oficial tenía un precio prohibitivo.

El imperio helenístico se extendió desde los territorios que constituyeron la Grecia clásica hasta las mismas fronteras de la India gracias a la determinación y la tenacidad de un solo hombre: Alejandro Magno. Sin embargo hay que decir que al célebre estratega macedonio se le ha resistido ligeramente Madrid, ya que el número de visitantes ha sido inferior al de otros acontecimientos gestionados por ArteCanal y no ha gozado de la misma popularidad que los anteriormente organizados. Es curioso, porque realmente la visita merecía la pena (aunque también ha sido toda una suerte para los que la hemos visto a última hora, sin tener que aguantar agobios).

Como decía, al igual que para otros actos similares en los últimos años, el acogedor centro de exposiciones ArteCanal cedió su espacio durante el periodo en que el evento nos ha acompañado estos meses. Dividido en dos recintos bien diferenciados, el levantado para la proyección 3D y el dedicado específicamente a la exposición, el recorrido se podía hacer cómodamente en un par de horas sin dejarse nada por ver. Más de 300 piezas procedentes de hasta 40 museos distintos de Europa y Asia, mapas y paneles informativos, y las completas explicaciones de la audioguía nos acercan con acierto a todo lo relativo sobre uno de los personajes más atrayentes y enigmáticos de la historia de la antigüedad.

«Alejandro Magno -su figura, su legado- ha estado presente en la historia y la cultura de Occidente y de Oriente a lo largo de más de dos milenios, y ha inspirado a los grandes conquistadores de todos los tiempos, desde Julio César hasta Napoleón Bonaparte. En su reinado de 13 años situó bajo su dominio el Imperio Persa y todas las regiones extremas del mundo entonces conocido, cambiando por completo su faz y dando inicio a una época de extraordinario progreso e intercambio cultural».

Las conquistas de Alejandro Magno

La visita comenzaba justamente por el pabellón construido con objeto de contener una sala de audiovisuales que proyectaba un documental en 3D, breve pero muy instructivo, sobre la fundación de la mítica Alejandría, las fases de su evolución como ciudad preeminente de Egipto bajo el periodo helenístico y aún posterior, sus espléndidas construcciones (como el faro, la biblioteca, el templo de Serapis y el increible sistema de diques y espigones que protegía su puerto) así como otra serie de curiosidades y datos que atestiguan su importancia como centro de intercambio cultural de primer orden.



Tras el cortometraje, se accedía directamente al recorrido de la exposición, dividido en las siguientes diez secciones temáticas:

Sala 1. Alejandro: Héroe y mito.

«Alejandro Magno y sus increibles hazañas; la brevedad de su vida, las anécdotas sobre su persona, sus legendarias y triunfantes campañas que supusieron, tras vencer a los persas, la helenización del corazón de Asia».


Si bien esta primera parte nos introduce en la figura de Alejandro como el hombre detrás del conquistador, lo cierto es que no aporta demasiados datos por encima de lo que conocemos superficialmente de su persona: su nacimiento, asociado al mito, en la casa real de Pella, el adoctrinamiento a manos de Aristóteles (que le imbuiría esa pasión por los viajes gracias a la lectura de La Ilíada) y su sed de aventurarse hacia lo desconocido, forman parte de las características inherentes del personaje.

También se abordan algunas de las representaciones físicas más conocidas del héroe; por ejemplo, la del popular mosaico de la batalla que le enfrenta a Darío, rey de los persas, hallado en una casa de Pompeya, gracias al cual ha trascendido su imagen más famosa. Pero también a través de la estatuilla ecuestre de Lisipo, que conmemora su victoria en la batalla de Gránico, así como por medio de bustos y monedas de muy diversa procedencia a lo largo y ancho del imperio. Una de las piezas más destacadas de la exposición es el espectacular medallón de Atenea de oro repujado, supuestamente atribuido a alguna de las mujeres de la familia real de Pella.


Salas 2 y 3. Imperio Persa.

«Formado a partir de Persis (actual Fars, Irán) por la tribu de los aqueménidas, procedentes de la estepa euroasiática, se extendía desde el mar Egeo hasta el río Indo. Su arte se manifestaba en grandiosas construcciones y en espléndidas joyas, vajillas y vasos para banquetes».

Tras rememorarnos la amenaza de las Guerras Médicas, se introduce el periodo en que las tropas de Alejandro se enfrentaron contra el antaño temible Imperio Persa, que a pesar de hallarse en superioridad numérica frente al macedonio no fue capaz de detener su empuje. Su inveterado contrincante, Darío III, fue perdiendo posiciones progresivamente: a la derrota persa en Gránico, se le sucederían las de Issos y Gaugamela. Con estas victorias, Alejandro afianza su dominio en Asia Menor y Egipto, con Alejandría como exponente económico-cultural, mientras penetra de forma incontenible en Mesopotamia.

Entre las obras más valoradas de esta sección nos encontramos con un vaso ático, o ritón, grabado con las características cabezas de león propias del imperio aqueménida; un bello ejemplo de la incorporación de recipientes de Oriente Próximo a la alfarería griega.


Salas 4 y 5. Babilonia.

«En otoño del 331 a.C. y tras vencer en la batalla de Gaugamela, Alejandro marchó sobre Babilonia, ciudad que lo recibió como triunfador. Desde allí, organizó la gran expedición que llevó a cabo por Asia Central hasta las regiones más orientales del imperio, más allá del río Indo».

Si hay un momento en el que situar la entrada definitiva de Alejandro Magno en tierras persas, ése es sin duda aquel en que franquea las puertas de la legendaria Babilonia. Una reconstrucción audiovisual en una de las pantallas situadas a tal efecto nos permite contemplar cómo era la Babilonia de entonces, con la fabulosa puerta de Ishtar y los murales de ladrillos con leones en relieve de sus principales avenidas; sus fastuosos palacios y el zigurat Etemenanki.


Aquí también contemplamos piezas de enorme atractivo, como las tablillas talladas con caracteres cuneiformes, o también con signos cabalísticos y zodiacales, en una ciudad donde el estudio de la astronomía tenía una gran preponderancia.


Salas 6 y 7. Organización militar.

«
El ejército de Alejandro Magno estaba integrado por 35.000 hombres. La mitad de su infantería se organizaba en "falanges", a la que se sumaba la caballería, constituída por 5.000 jinetes. Para proteger sus comunicaciones construyó seis fuertes al norte del río Oxus, uno de los cuales es el fortín de Kurgansol, establecido a fines del siglo IV a.C».

Este apartado se centra en la fuerza militar que representaba el ejército de Alejandro, compuesto por tropas imbatibles equipadas con pertrechos de los que podemos observar reproducciones -a destacar la de una formidable lanza, que hoy nos parecería imposible de empuñar- como piezas de equipo auténticas -petos y corazas, grebas, taloneras y los singulares cascos calcídicos, por ejemplo.


Sala 8. Helenismo en Oriente.

«
Habiendo conquistado el corazón de Persia, Alejandro marchó a Bactria y Sogdia, donde sus tropas conquistaron los territorios más allá del río Oxus (329-327 a.C.). Estableció fortalezas y fundó impresionantes ciudades, donde asentó a veteranos de su ejército. La convivencia con la población local dio lugar a una interesante cultura mixta greco-oriental, que se desarrolló en esas zonas de Asia Central».

Aunque es sabido que la extensión de las conquistas de Alejandro le llevaron hasta casi los límites del mundo entonces conocido, uno de los aspectos que me pareció más sorprendente es su llegada a territorios tan remotos como el actual Afganistán, Uzbekistán o Tayikistán (que han aportado objetos de sus museos nacionales para esta exposición, los cuales quizá no tenga otra ocasión de ver).

También es interesante la información que se aporta acerca de la red de fortalezas (además de las múltiples 'Alejandrías' fundadas durante el recorrido del ejército helénico), encargadas de proteger y afianzar las conquistas logradas. Algunas todavía hoy se están redescubriendo, como la fortaleza de Kurgansol, actualmente en fase de excavación, de donde se han extraído enseres tan sorprendentes como una bañera que demuestra la penetración de elementos mediterraneos en Asia Central y en las costumbres de los ocupantes que allí quedaron.

Otras piezas, como el precioso ritón de marfil, procedente del Turkmenistán, rematado por la figura de una mujer que porta un ánfora, ejemplifican este tipo de influencias.

Sala 9. Del Helenismo al Budismo.

«En Ghandara y regiones vecinas, desde Pakistán a Tayikistán, surgió un refinado gusto artístico, que unía al estilo griego-helenístico influjos del arte palacial aqueménida y una rica iconografía oriental al servicio de las creencias y mitos budistas, lo que ilustra la profunda penetración del helenismo en Oriente tras las campañas de Alejandro».

Al hilo de lo visto en la sala anterior, ahondamos en las corrientes helenísticas en contacto con las regiones más orientales del imperio, antes de que las tropas de Alejandro se le plantaran ante el río Indo. Quién sabe hasta dónde hubiera llegado el héroe si sus hombres no le hubieran forzado a retroceder y hubiera muerto en extrañas circunstancias a su regreso en Babilonia.

Sorprende encontrar estatuillas de Buda o del bodisatva Maitreya que recuerdan a los modelos escultóricos de la Grecia clásica.

Sala 10. Alejandro en España.

«
Si bien nunca llegó a Hispania, algunos historiadores cuentan que Alejandro pensó en conquistarla; y su fama llegó hasta estas tierras, pues en la antigua Cádiz se levantó una escultura en su honor. También uno de los más antiguos poemas de la lengua castellana, el Libro de Aleixandre, narra sus hazañas, que se recogen además como motivos artísticos en importantes obras del patrimonio español».

La última sección, más anecdótica que el resto, despliega una serie de obras en las que se hace referencia a la figura de Alejandro Magno: una antigua copia del Quijote abierta por la página en que se menciona al héroe y su caballo Bucéfalo, medallones de oro con su rostro, bustos palaciegos y un colosal tapiz flamenco del Palacio Real de Madrid que escenifica la batalla del Gránico.


Esta ha sido, en fin, una exposición que ha servido para situar en fascinantes imágenes y por medio de una asombrosa colección de objetos a uno de los héroes más legendarios que nos ha dado la historia real, bien apodado el Magno, aun cuando su hegemonía sobre los enormes territorios que atravesó sea muy discutida.

6 comentarios:

Pardi dijo...

Que envidia me dás!!!! Esto de vivir a las afueras de Madrid no ayuda y con niños, no ayuda mucho a poder ir a exposiciones como ésta. Y al final se me vuelve a pasar el tiempo sin poder ir. Menos mal que lo cuentas como si uno estuviese allí. Salu2.

Jolan dijo...

Es una pena, Pardi; seguro que a tus chavales también les hubiera gustado, pero bueno, no siempre se puede ver y hacer todo. Yo casi me la pierdo; la vi el penúltimo día de exhibición. Pero vaya, ya habrá más expos interesantes por llegar, seguro.

jose luis harmonies dijo...

fantástica reseña, Jolan. Yo disfruté de la exposición con mis sobrinos y con mi hijo, que salió de allí con un casco y una espada, que más tarde utilizaría en carnavales para disfrazarse de su tocayo Alejandro Magno.
Me coincidió con la lectura del comic de Alix "la torre de Babel" en el que se le dedica a Alejandro un flashback de unas pocas pero espléndidas viñetas.

Sobrasada Cósmica dijo...

Genial reseña Jolan, como siempre.

No soy consciente de haber visto anunciada la exposición en su momento, pues seguro que me hubiera dejado caer por allí.Desde luego tenía toda la pinta de estar muy completa. La pena es lo de las fotos. Entiendo que a ciertos objetos no se les pueda hacer fotos con flash, por lo delicados que puedan ser, pero que no se pueda hacer fotos a nada, y verte luego obligado a comprar un catálogo de la exposición, para poder tener un recuerdo de la misma me parece un poco abusivo, la verdad.

jose luis harmonies dijo...

no voy a decir el nombre de mi sobrino,ja,ja, que se dedicó a hacer unas magníficas fotos con el móvil al margen de la ley :)

Jolan dijo...

Jose Luis:
Me temo que has delatado a tu sobrino como infractor, jaja :D

La verdad es que combinar este tipo de exposiciones con la lectura de los álbumes de Alix viene que ni pintado!

Sobrasada:
Sí, la prohibición de hacer fotos es un incordio, pero lo puedo llegar a entender si luego se pone a disposición del público el catálogo oficial a un precio razonable. Pero en este caso no era así.

¡Saludos a ambos!

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