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jueves, 20 de febrero de 2014

Astérix y los pictos


Vuelve uno de los héroes más consagrados de la historieta europea en un álbum (el 35º de su recorrido editorial) que supone un punto de inflexión para una colección universal del cómic. Una nueva aventura de Astérix y Obélix siempre es noticia, y de ella no sólo se hacen eco los medios generalistas, sino que acaba incluso difundiéndose entre lectores esporádicos de cómic y el público, por lo general, menos curtido o lego en el noveno arte. ¡Quien no haya leído y releído en varias ocasiones al menos unos cuantos tebeos de Astérix durante su niñez es que no ha tenido una verdadera infancia!

Pero no es menos cierto que el pequeño guerrero galo, siempre acompañado de su orondo amigo portador de menhires, llevaba bastantes años sin levantar cabeza, como de sobra saben sus seguidores más devotos. Es más, en sus últimas aventuras había caído hasta unos niveles de baja calidad argumental que rozaban la vergüenza ajena. En efecto todos tenemos presente que tras la desaparición del grandísimo René Goscinny, y con él de sus irrepetibles guiones, el segundo titular de la obra, el dibujante Albert Uderzo, se vio incapaz de remontar la serie a la escala de su etapa más gloriosa, por más que las ventas no hayan dejado de crecer con cada nueva tirada. Si bien los estándares del dibujo han mantenido a lo largo de estos años el grado de excelencia en el que durante mucho tiempo llevaba instalado, la complejidad de los contenidos de cada entrega desde La gran zanja, primer número de Uderzo en solitario, nunca volvió a ser la misma y había ido cayendo —con alguna que otra excepción salvable de la quema— en una curva de mediocridad que cualquiera diría impropia de una obra de esta categoría, teniendo en El cielo se nos cae encima la máxima expresión de la decadencia a la que había sucumbido Astérix.

No quiero hacer más sangre sobre un hecho conocido y harto repetido por el aficionado medio, sino que prefiero centrarme en la nueva oportunidad que se le concede a la serie con el cambio de autoría que se produce a partir del presente volumen. Tras ruidosos pleitos con los herederos de Goscinny y teniendo hasta al público más fiel revolviéndose ante las diferencias de criterio de Uderzo, la avanzada edad de éste último hacia temer el fin de la colección, condenando al personaje a su etapa clásica sin opciones de futuro. Sin embargo, a partir del tomo dedicado al aniversario en El Libro de Oro, empezaron a oirse rumores de que algunos de los más estrechos colaboradores del dibujante podrían hacerse cargo de un nuevo ciclo, y siendo Astérix un filón comercial (recordemos el dato: más de 350 millones de ejemplares vendidos) no tardaron mucho en cerrarse las negociaciones para ceder el testigo. Los responsables para encarar tamaño desafío: Jean-Yves Ferri para los textos y Didier Conrad en el apartado gráfico.


Me gustaría hacer constar en primer lugar que no me considero ni de lejos un experto en Astérix (de hecho, hay álbumes que ni siquiera he llegado a leer), por lo que las circunstancias en las que ambos nombres han saltado a la palestra se me escapan, y seguramente encontraréis páginas especializadas donde empaparos de los pormenores de esta designación, que imagino no debió de ser precisamente una elección a la ligera. Ferri es un autor prácticamente desconocido en España, aunque algunos de sus trabajos recientes le relacionan con obras de Manu Larcenet. En cuando a Conrad, si bien es verdad que se ha prodigado algo más en nuestro país, con publicaciones como Los innombrables o La tigresa blanca, confieso que no le imaginaba como el lápiz que remplazaría a Uderzo. Estuvieran o no en las quinielas que se barajaban, es a ellos a quienes toca defender una obra que está indisociablemente unida con el concepto del cómic. El 24 de octubre de 2013 se produjo el lanzamiento mundial de este nuevo tomo; veamos ahora de qué trata:


La irreductible aldea gala de la Armórica atraviesa un crudo invierno cuando Astérix y Obélix encuentran sobre la playa un gran carámbano de hielo que contiene en su interior el cuerpo de un raro forastero. Enseguida lo conducen hasta el pueblo, donde el druida Panoramix, tras analizar su indumentaria y los tatuajes rituales que adornan su piel, intuye que se trata de un picto venido de la lejana Caledonia (actual Escocia). Aunque debido a su estado el extranjero ha perdido temporalmente la capacidad del habla, nuestros amigos deducen su procedencia y toman la decisión de acompañarle de vuelta a su tierra (antes de que cause más estragos entre las féminas de la aldea, que suspiran de pasión a la vista del garboso porte del refugiado y la flojera que les inspira).

Después de una travesía por mar, con los acostumbrados incidentes cada vez que los galos ponen pie en una embarcación, llegan a las costas de la región a la que pertenece el picto, Mac Loch, ya recuperado de su voz. Allí descubren —una vez hechas las presentaciones y luego de su primer choque con las tradiciones locales— que sus primos lejanos también han logrado mantener a raya a los romanos, pero la amenaza del invasor sigue muy presente debido a que una nueva expedición pretende dominarles aliándose con un clan contrario, que además ha secuestrado a la prometida de Mac Loch.

Por supuesto Astérix y Obélix se prestan a ayudar a su anfitrión para rescatar a Camomila, su amada, y de paso poner freno a los planes de Roma sobre esta comarca norteña gracias a la poción mágica y favoreciendo la unión de las distintas tribus de los pictos antes del feliz regreso a casa (¡con su banquete final incluido, faltaría más!)

La historieta se deja leer con gusto, es entretenida y está impregnada del sentido del humor que caracteriza a la serie. Siempre me han divertido las aventuras en las que Astérix viaja a otro país y los autores sacaban a relucir los tópicos propios de las diferentes nacionalidades visitadas en sus álbumes, y en esta ocasión no podía ser menos. La idiosincracia escocesa de las Highlands se ve reflejada a través de recursos cómicos en detalles como los famosos kilts, el whiskie, Nessie —el monstruo del Loch Ness—, el cáber (juego escocés que consiste en el lanzamiento de troncos), los tatuajes y pictogramas, el uso de la gaita en los festejos y celebraciones, la gastronomía del lugar y la construcción del gran muro de Adriano, que separaba la frontera con el territorio britano.


Pero comparado con las excursiones de Astérix a Britania, Egipto, Hispania o Helvecia, por poner algunos ejemplos destacados, el álbum flojea y tira de escenas que ya nos resultan harto familiares, como la alocada asamblea de jefes que acaba a porrazo limpio o el juego de nombres de los clanes y sus miembros, en las que se nota que los nuevos autores —como por otra parte veo lógico— no han querido, o quizá no se les ha permitido, arriesgar más de la cuenta y establecer una ruptura muy marcada con la línea precedente.

Al dibujo de Didier Conrad no se me ocurriría ponerle la menor pega: consigue mantener el espíritu de Albert Uderzo con un trazo maravilloso y una coloración (a cargo principalmente de Thierry Mébarki) de lujo. Dicen los entendidos de la serie que hay gestos y expresiones raros o anómalos, especialmente en las caras de Astérix, como determinadas muecas de sorpresa que no son propias del galo. Mi facultad de análisis no llega a tal grado de conocimiento, así que en el apartado gráfico lo he encontrado un álbum impecable y respetuoso con los niveles de exigencia que entiendo buscaba Uderzo en su sustituto, y que habrá sido supervisado de cerca por el gran dibujante.

Es sobre todo en el guión donde esta aventura me ha dejado más bien frío. El humor, como he dicho antes, constituye un ingrediente esencial en los tebeos de Astérix, y por más que dentro de este nuevo tomo se halle en grandes dosis, se salta de un gag a otro carentes de gracia en general (los equívocos del legionario torpe que forma parte de la avanzadilla romana a Caledonia, e incluso la anécdota del censor que acude a la aldea gala, metida entre medias de la trama, que me ha parecido que no aportaba gran cosa al conjunto, la verdad) además de chistes que, no por ser clásicos, dejan de estar muy manidos a estas alturas, como la gordura de Obélix o el encontronazo con los piratas. Tal vez la falta de gancho pueda deberse a ese mismo problema, difícilmente evitable, con el que a menudo ha tropezado la serie, basado en la traducción de expresiones y juegos de palabras que pierden parte del sentido original. Al fin y al cabo, el tema de la traducción siempre ha sido una de las piedras en el zapato al hablar de Astérix, con resultados más o menos afortunados según el tomo del que se tratase, aunque esté siendo en cierta medida subsanado por la nueva edición en gran formato.

Y hablando de la edición, hay que reconocer que las actuales tiradas de Salvat poco tienen ya que ver, afortunadamente, con aquellos álbumes antiguos de horrenda rotulación mecánica y colores desvaídos de varios años atrás, aunque sin duda me decanto por el fabuloso lavado de cara que ha obtenido Astérix en La Gran Colección, y que supongo iré haciendo poco a poco (he podido leer esta entrega gracias a que me han prestado el álbum, ya que aún falta mucho para que la versión deluxe se ponga al día).


Honestamente, Astérix y los pictos me ha parecido un álbum tirando a flojito, aunque gráficamente muy bueno, cuya mayor virtud consiste en reparar el desastre en el que se había convertido la serie y restaurarla hasta un honroso nivel de lectura. Está claro que no convenía jugársela y se ha optado por sacar nuevamente a Astérix de la aldea, consiguiendo un resultado digno pero al que le falta el alma de Goscinny. El escenario escogido, eso sí, me ha parecido estupendo y lo cierto es que he disfrutado de la jovial caracterización escocesa en sus páginas. Las legiones romanas apenas pusieron un pie en Escocia, tierra remota, baldía y de escaso interés para el Imperio, por no mencionar los quebraderos de cabeza que suponían las belicosas tribus de los pictos… Pero no sería razonable ponerse crítico con este aspecto, porque Astérix, como buen cómic paródico, nunca ha pretendido ser estrictamente fiel a la realidad ni riguroso desde el punto de vista histórico, sino que justamente una de sus principales bazas humorísticas ha consistido en llevar este tipo de situaciones al extremo y jugar con toda clase de anacronismos.


Sin ánimo de querer mostrarme pesimista, pienso que será complicado que Astérix recobre la grandeza del pasado, y aunque entendería que se le hubiera dado el golpe de gracia al personaje (a pesar de la decepción que eso habría supuesto para los fans ante una despedida tan lamentable por las terribles últimas entregas), tampoco me sabe mal que finalmente se haya querido alargar las andanzas de Astérix y Obélix (las ventas mandan), como ocurre con Spirou y Fantasio o Blake y Mortimer, por citar otro par de clásicos incombustibles. Esperemos que los siguientes tomos que estén por llegar superen el complejo reverencial y apuesten por ideas más originales para la serie (pero sin salidas de tono ni planteamientos fuera de lugar como en los que se empecinó Uderzo estos años) Le concedo un notable, pues no seré yo quien eche por tierra la ardua tarea y el gigantesco reto de hacerse cargo de una de las creaciones maestras del medio y salir bien parado, aunque ojalá pudiera ser más entusiasta con mi opinión sobre este retorno.

Calificación:

7 comentarios:

alcorze dijo...

Compré este último número en el salón del cómic de Zaragoza pero aún no lo he leído. Mi hijo mayor sí lo ha hecho y, a consecuencia, se está leyendo todos los que tengo en casa, que creo que es la colección al completo o casi.
Pienso que Asterix aún seguirá dando guerra mucho más tiempo... mientras queden romanos ;)

Igor dijo...

Coincido en lo de gráficamente muy bueno... Primero he mirado los dibujos (ejem) y luego he leído el texto. Sí veía modernidad pero no imaginaba que fuera de otro autor.
Desde que conozco a Astérix que amo a los jabalíes. Qué puedo decir más. Especialmente asados.
¡Salve Jolan!

Hammer Pain dijo...

Hola amigo, siempre me han encantado los comics de Asterix y Obelix desde que era pequeño. Este de los pictos me gustó mucho por supuesto :)
¡Un saludo!

Hammer Pain dijo...

Por cierto, te comunico que has sido galardonado con el premio Excelencia por tu gran trabajo en este lugar. Puedes pasarte cuando quieras por mi blog para "recoger" el premio :)
¡Un abrazo y felicidades!

Jolan dijo...

Hola alcorze:
Que habrá Astérix para rato mientras queden galos, romanos y porrazos entre ambos, está claro (no hay más que ver que cada álbum supera en tirada y cifra de ventas al anterior). Que los siguientes números consigan revivir la época dorada de Goscinny-Uderzo, ya lo veo más difícil...

Muy bien por tu chaval con lo de leerse la colección; se está ganando un buen recuerdo imborrable de por vida. ;)

Igor:
Sí, es que gráficamente me parece fabuloso, no creo que se le pueda achacar nada, salvo que uno no guste del dibujo caricaturesco. Pero en su estilo gráfico es un 10.

Hola Hammer Pain:
Pues a mí el de los pictos, como habrás deducido por la reseña, me ha dejado un poco frío, pero bueno.

Gracias por el premio (creo que ya van tres de tu parte, ¡no merezco tanto reconocimiento, hombre! xD). Espero que disculpes que no prosiga la cadena, ya que no soy mucho de esas cosas.

¡Saludos!

jose luis povo dijo...

Jolan, estupendo análisis de "Astérix y los pictos". Estoy muy de acuerdo en que supone una remontada para la serie y en la valoración que haces del dibujo(notable) y guión (mejorable). Falta el alma de Goscinny, sí... ¡Saludos!

Jolan dijo...

Gracias, Jose Luis. ;) Bueno, esperemos que los próximos sigan en la buena línea y sobre todo que el guión sea un poquito más arriesgado que con este álbum de los pictos. Saludos.

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