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domingo, 26 de abril de 2009

Las águilas de Roma


Me acercaba a Las águilas de Roma, el último lanzamiento de Enrico Marini, con cierta suspicacia tras pasar por varias reseñas en la web que coincidían en señalar la oposición de su virtuosismo gráfico a un guión que se queda en amago de obras de mayor calado, como la hasta ahora imbatible Murena, del dúo Dufaux/Delaby. Una vez terminado, la verdad es que mi opinión converge bastante con el punto de vista casi unánime que sobre este trabajo ha sido emitido por otros internautas. En cambio, sea por esa cautela inicial, originada de nuevo por la influencia de las expectativas, sea por un leve desánimo ante la posibilidad de encontrarme con un remedo más de este interés resucitado en los últimos años por todo lo que tiene que ver con la antigua civilización romana, el caso es que tengo que admitir que, sin llegar al grado de sorprendente, su lectura me ha resultado agradable, fluída y bastante entretenida.

El autor italo-suizo rinde homenaje con esta nueva saga a ese cincuenta por ciento de su nacionalidad (un deseo que satisface igualmente en El Escorpión) y lo hace como profesional completo; en esta ocasión prescinde de sus habituales Thierry Smolderen, Jean Dufaux o Stéphen Desberg, que llevaban el pulso narrativo de sus anteriores trabajos: Olivier Varèse, Gipsy, La estrella del desierto, Rapaces y El Escorpión, series que han ido consagrando eficazmente al dibujante en su carrera y le han otorgado un reconocimiento que hoy día no se le puede negar.


A la experiencia de Las águilas de Roma le falta algo de fuelle, entre otras cosas por echar mano de los tópicos del género e incurrir en errores que ya le han sido atribuidos a su autor en el pasado, como luego aclararé, pero tampoco se puede decir que le salga mal (seamos, además, un poquito condescendientes con este Libro I que, como todos los comienzos, basa sus líneas en presentaciones y puestas en escena para un futuro). Lo que está claro es que Marini se reafirma como un dibujante espléndido, alcanzando una notable perfección en su principal faceta artística, que nos permite recrearnos en el precioso y seductor estilo que acompaña a una narrativa, como mínimo, correcta.

Un punto común con gran cantidad de novelas, filmes y comics 'de romanos' es el de ambientarse en la era de los Césares, cuando el Imperio va a conocer su etapa de mayor esplendor y expansión territorial. Y aunque aún es pronto para atisbar demasiadas muestras de los excesos que llevarán a su ruina, ya se presenta a los artífices de su futura decadencia, pues en este caso la acción -en sentido literal- también comienza en las fronteras de la Germania de los bárbaros, hecho que nos recuerda inevitablemente a los primeros minutos de metraje de la superproducción Gladiator de Ridley Scott, como bien se ha comentado en otros lugares.


Situemos el contexto histórico: año 9 a.C. El periodo imperial da sus primeros, pero firmes, pasos. Las fuerzas de Tiberio, hijo de Augusto, se enfrentan a la resistencia de los inmensos territorios del norte, habitados por no pocas tribus y pueblos rivales que empiezan a ceder frente a las organizadas legiones romanas. Tras los enfrentamientos iniciales se imponen algunos pactos de colaboración apoyados en acciones diplomáticas, tales como la práctica, común por entonces, mediante la que los hijos de muchos príncipes bárbaros eran tomados como rehenes y romanizados para asegurar la obediencia de sus respectivos clanes en el empuje de las conquistas bajo el estandarte del águila. Uno de ellos es Ermanamer, hijo de Sigmar de los Queruscos que -rebautizado como Gaio Julio Arminio en su nueva condición de ciudadano romano- pasa a estar, por disposición del emperador, bajo la tutoría del oficial Tito Valerio Falco, antiguo experto en la formación de legionarios, ahora retirado en su hacienda después de haber tomado por esposa años atrás a una germana de noble cuna. Fruto de esa unión es el joven Marco Falco, cuya impetuosa personalidad va a chocar de inmediato con la del orgulloso recién llegado. A la bravuconería y rivalidad inicial de los dos muchachos le sucederá un previsible hermanamiento, sellado con un pacto de sangre y acaso acrecentado por el origen bárbaro de ambos, que se ve impuesto por la disciplina y rigurosidad de la formación a la que les someten su padre e instructores.


Así, la mayor parte de este primer número se centra en la evolución de esa relación entre Marco y Arminio, marcada por la dureza de su entrenamiento como guerreros, el abandono definitivo de las comodidades reservadas a la niñez, el paso a la madurez junto a los descubrimientos propios de la edad adulta y su transformación en futuros integrantes de las legiones romanas. Pocos elementos de las clásicas maquinaciones históricas y tramas conspirativas tan frecuentes en el género se apuntan por ahora, al centrarse en la consolidación de los protagonistas. Sin haber dejado apenas pistas sobre las que desarrollar la continuación del argumento, salvo el presagiado destino de Ermanamer como impulsor de la oposición germánica, Marini tendrá que hacer hincapié en los siguientes volúmenes para reenganchar al sector desanimado ante la carencia de planteamientos del tomo que abre la serie. Tomo, por cierto, muy bonito en su presentación y que además de ofrecernos en sus guardas un detallado mapa del Imperio, también incluye un útil glosario de términos latinos empleados a la largo de sus casi sesenta páginas.

Nada que objetar, sin embargo, de las cualidades del artista al dibujo, cuyo talento no ha de extrañarnos que sea garantía de éxito comercial. Al dominio de la perspectiva espacial y de la estilización de los perfiles realistas y figuras físicas de los personajes, tanto masculinos como femeninos, que traspasa las viñetas y los dota de una humanidad derrochadora de belleza (algo en lo que ya se sabe que es un maestro) se une el elaborado proceso de reproducción gráfica de cada detalle cotidiano de la sociedad romana, de las indumentarias y costumbres, y del retrato mismo de la ciudad de Roma, que tiene su base en una profunda labor de documentación, siempre adornado por la exquisita utilización de vivos tonos acuarelados. Me sumo, por tanto, a las voces que aplauden tanto el aspecto gráfico como claman por igual una mayor sintonía con el guión para acreditar el mérito de esta obra. Ello no quita para que a Marini se le pueda encumbrar sin duda entre los principales nombres europeos contemporáneos del comic, que ha convencido rápidamente al exigente público francés con su lección de historia romana.


Cuando indicaba antes que la aventura hospeda un 'defecto' que ya padece alguno de los trabajos anteriores del dibujante, me refería a la continuada cesión de espacio a secuencias de explícito carácter erótico. Que nadie piense en un exceso de celo o pudor por mi parte en este sentido, pero las escenas de sexo gratuito rayan lo burdo al mismo nivel que lo innecesario, de no ser como justificación del despertar sexual de los dos jóvenes de hormonas revolucionadas o del desenfreno orgiástico de la Roma de los emperadores. Sin embargo, a mi juicio, me parece un abuso prescindible alargar un álbum hasta las 56 páginas (lo que, siendo analíticos, redunda en un aumento considerable de precio, que ya sabemos de qué pie cojea Norma) cuando perfectamente podría haber concluido justo en la número 48, y todo para añadir un acto -el que tiene lugar en el lupanar- que no contribuye absolutamente en nada al desarrollo.

Pero bueno, le otorgo un voto de confianza a la serie (que se estima se prolongará en cuatro o cinco tomos) seguramente por tener demasiado fresco el recuerdo de su delicioso dibujo y por mi interés, desde siempre, en las historietas de ambientación grecolatina. Espero, asimismo, un tratamiento mejor hilado del guión si quiere distinguirse y obtener mayores réditos que el mero entretenimiento, algo que después de todo ya aporta con creces El Escorpión (otra colección a la que reconozco haberme entregado recientemente). De la continuación, aún sin fecha de salida a la vista, sólo cabe esperar una mejoría para que cedamos a los 15 € que por cada álbum se embolsa Norma, quien, por cierto, es la que hasta ahora ha publicado prácticamente la totalidad de la producción tebeística del autor en nuestro país. Entretanto, no son escasos los ejemplos de comics transmisores del amplio periodo que abarca la rica cultura de Grecia y Roma con los que pasar un buen rato, desde clásicos francobelgas imprescindibles como el Alix de Jacques Martin a dignísimos representantes del género como el ya mencionado Murena o La Edad de Bronce, de Eric Shanower, que deberían ser de obligada lectura en las escuelas, pasando por sorpresas de última hora como Peplum, de Blutch, o La última batalla, de la que ya hablé hace tiempo. No obstante, a ver si el Sr. Enrico nos anuncia pronto la aparición de ese Libro II para emitir una valoración con mayor criterio.

19 comentarios:

Jordi dijo...

Marini y romanos, ¿qué más se puede pedir?

Angux dijo...

También yo espero el II pero, aúnque lo voy a seguir, me siento esceptico. Creo que seguirá la misma linea. Una buena documentación, un muy buen dibujo y una flojera en el guión que no sería tanta si prescindiera un poco de las escenas de sexo gratuito, cosa que creo que tampoco va a hacer.
Con lo cual, comic entretenido que aún no siendo malo, esperaba bastante más.

Un saludo.

Nacho dijo...

Con éste album tengo el típico tira y afloja que suele terminar siempre en contra suya y a favor de otra cosa. Quizá según vea que avanza la serie y lo que me vayáis contando sobre ella llegue a decidirme algún día.

Además, tal y como me confirmó Sergio el de Lecturas Recomicdadas, ¡¡No sale ningún Sean Connery!! ni joven ni viejo. Y eso en un comic de Marini es imperdonable...

Saludos!

Pedro dijo...

Estoy a la espera de ver cómo soluciona Marini esta historia, espero que no la estire hasta el infinito o la acabe a desgana como con Gipsy.

En este caso no tiene mucho margen para fantasear, tan sólo podrá hacerlo en estos primeros números, ya que lo que está contando es la historia de Armino, el gran líder germano, y recrea los acontecimientos que desembocaron en el "desastre de Teutoburgo".

¡¡Devuélveme mis legiones!!, que diría luego Augusto (es que la cosa fue gorda).

Si queréis leer más sobre el tema os recomiendo la tetralogía de Teutoburgo de Artur Balder, que va por el tercero. Un tanto irregular pero interesante.

Jolan dijo...

Angux:Para mi el golpe no ha sido tan duro porque me lo han dejado y no he tenido que sufrir el precio "normalizado" del álbum. Aún así, a ver si la historia arranca en el segundo número y nos llevamos una buena sorpresa, pero es verdad que no se auguran grandes cambios...

Nacho:No he leído demasiado a Marini, pero no es la primera vez que oigo eso de un 'Sean Connery' en sus trabajos... Cuando me haya metido de lleno en El Escorpión supongo que te lo confirmaré.

Pedro:Una vez más me dejas alucinado con tus amplios conocimientos de este periodo histórico. Aunque la narración era previsible de ser extraída de la realidad, no tenía la menor idea de que tuviera base en la historia real de un jefe germano. Como siempre, tomo nota de tus recomendaciones.


Por cierto, lanzo una pregunta: son varias las reseñas en las que he leído que se citaba a Augusto como el emperador vigente en el momento de los hechos de este volumen, pero yo he asumido que el emperador que aparece se trataba de Tiberio, pues al inicio se menciona que él y su hermanastro Druso (muerto en las campañas de Germania), ambos hijos de Augusto, son quienes ejercían el poder por entonces, ¿no es así?

Nacho dijo...

Encuanto a los "Sean Connerys" sólo tienes que fijarte en el aspecto de Drago de Rapaces, en el del protagonista de La estrella del desierto o en el mismo Escorpión. No precisas haberlo leído todo, te basta con buscar las portadas por la web. ¿No te resultan excesivamente parecidos y bastante similares a la fisionomía del mencionado actor?

Saludos!

Pedro dijo...

Jolan: El Emperador por entonces era Augusto. Augusto gobernó Roma durante mucho tiempo, algunas personas nacieron y murieron sin conocer otro gobernante. El caso es que Octavio era un político excepcional, pero aunque tenía experiencia con el ejército solía delegar esa faceta en sus generales, como hizo con Agripa en las guerras contra Bruto y contra Marco Antonio. En este caso, los que llevaron gran parte de las campañas en Germania fueron Tiberio y Druso. También se llevaron las hostias, claro.

La importancia de la batalla de Teutoburgo es crucial para la historia de Europa, a raíz de ella existen las dos personalidades clásicas de Europa, la de origen grecolatina (Grecia, Italia, España, Portugal, Francia, etc...) y la de origen germánico (Alemania, Holanda, Inglaterra, Dinamarca, etc...). Hasta esa batalla los romanos se habían asentado ya hasta el Elba, mediante brutales campañas de tierra quemada. El problema es que les cogieron confiados y los germanos, en coalición, realizaron un ataque coordinado y bastante disciplinado (estaban dirigidos por un caudillo romanizado)y, creo recordar, que aniquilaron siete legiones enteras, apenas escaparon unos cientos. Desde entonces las fronteras bajaron hasta el Rhin hasta la caída del Imperio.

Jolan dijo...

Ahora entiendo, ya que cuando Marco ve la estatua del emperador en Roma (la imagen que está en el artículo) le explican que su abuelo luchó junto a las legiones de Augusto en la batalla de Actium contra Marco Antonio. El comentario me chocaba, pero si Augusto fue gobernante de varias generaciones...

Desconocía la relevancia táctica y geográfica de esa batalla de Teutoburgo. En todo caso, y perdona mi cacao mental al respecto, ¿no superó Roma de nuevo la barrera del Rhin con Marco Aurelio? (pensaba que con él llegó a alcanzar los límites de su expansión, pero en esto de los logros de cada emperador ando bastante perdido)

Pedro dijo...

Roma alcanzó los límites de su expansión con Trajano, con las conquistas de la Dacia y Mesopotamia. Desde entonces se limitó a defenderse.

Desde la batalla de Teutoburgo los romanos fijaron sus fronteras en el Rhin y el Danubio (por el norte) y se dedicaron a contener a los Germanos mediante la práctica de alianzas con reyezuelos, guerras preventivas y de castigo e incluso la colonización comercial y cultural, pero de vez en cuando tenían que hacer frente a incursiones, que es lo que le tocó a Marco Aurelio. A los romanos no les interesaba ya Germania pues suponía mucho esfuerzo para unas tierras que no eran muy ricas en metales.

Si lo dices por la película Gladiator no hagas mucho caso a la palabra "conquista" que utilizan muy alegremente, esa película está plagada de errores y tópicos. Por entonces Roma ya trataba de conservar lo que tenía, que no era poco.

Angux dijo...

Gran clase de historia la que nos brinda Pedro.

http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_del_bosque_de_Teutoburgo

Caracrater dijo...

Yo tengo gipsy, estrella del desierto, y rapaces y me he leido escorpión, y la verdad que en ningun momento cuando salió este Aguilas he pensado en comprarmela, no por que no me gusta, al contrario he seguido siempre a Marini, pero esa intuición comiquera, unido a la creencia de que va a alargarlo vanamente como el Escorpión, me han hecho desecharlo.
Otra cosa es que me lo dejen o lo saque de la biblio.
Saludos.

jose luis harmonies dijo...

Enhorabuena, Jolan, por el artículo; como siempre muy completo y tratando todos los aspectos del libro. Precisamente, esta semana me he acabado los seis volúmenes de El Escorpión. Cuando opiné sobre esta serie en mi blog estaba empezando y, aunque mantengo todo lo dicho, lo cierto es que el final es lo que menos me ha convencido. No me esperaba tantos elementos de estilo Indiana Jones(mira, otra vez Sean Connery!) y tanto enredo con los personajes.Esta serie de Las águilas de Roma despierta mi interés; por lo que has contado, tiene puntos a su favor, y además yo también soy bastante proclive al mundo de Roma, tanto en el cine como en el comic.Bueno es saber lo de las escenas de sexo, pues mi hijo suele curiosear cuando leo comics y aún es muy pequeño para eso. Un saludo!

Jolan dijo...

Yo he empezado con El Escorpión hace poco y, pese a las críticas, lo cojo con ganas.

Si te atrae lo romano, este álbum, sin llegar a entusiasmarte, te gustará. Y sí, las escenas sexuales son algo explícitas, así que por ahora, como los medicamentos, mejor fuera del alcance de los niños. :)

Saludos.

oenlao dijo...

hay una novela que se llama emperador que es muy parecida a esta historia.

Jolan dijo...

Gracias por tu visita, Oenlao, y por la info. ¿Podrías darme algún dato más de esa novela? Sería interesante echarle un ojo, a la vez que continúo la lectura de Las Aguilas de Roma.

oenlao dijo...

EMPERADOR: LAS PUERTAS DE ROMA - Conn Iggulden

Jolan dijo...

Muchas gracias! ;)

Artur dijo...

Gracias, Pedro, por recomendar mis libros sobre Arminio.

Respecto al cómic he de decir que se trata de una edición con mucho encanto. El cómic siempre aporta algo que la novela no te da y al contrario, la novela se permite llegar a otros aspectos que el cómic o incluso el cine no alcanzan...

Un abrazo a todos.

Jolan dijo...

Hola Artur. Aquí hemos aprendido a valorar mucho las recomendaciones de Pedro, así que estoy seguro que tu saga sin duda merece la pena.

Aprovecho para comentar que esta semana espero actualizar el blog precisamente con la entrada correspondiente a la segunda entrega de 'Las águilas de Roma'.

Saludos.

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