Una web de opinión sobre el género fantástico y de aventuras en todos sus medios.

sábado, 15 de diciembre de 2007

Breve historia de los vikingos

'A furare normannorum liberanos Domine' (De la furia de los hombres del norte, líbranos Señor).

Siempre me ha sorprendido esta expresión que pasó a convertirse en la nueva plegaria de monasterios y conventos durante los siglos VIII a XI ante la amenaza de los temibles vikingos. Uno llega a preguntarse sobre la magnitud de los acontecimientos que pueden llevar a incorporar semejante súplica a los rezos diarios. Una frase que denota la apreciación que de ellos se tenía en la Europa cristiana altomedieval, pero que ni mucho menos sintetiza la aportación a la historia de la fecunda civilización nórdica.


La lectura de este libro de Manuel Velasco, incansable estudioso, viajero e investigador de la cultura vikinga, me ha venido de perlas para documentarme de una forma un poquito más profunda en algunas de mis últimas incursiones en el tema ya sea a través de libros, comics o películas. Incluido en la colección 'Breve historia...' no pretende ser un ensayo exhaustivo docente, sino uno de esos entretenidos libros divulgativos que nos permiten conocer de una forma amable algunos pasajes de la historia como aquellos con los que nos deleitaba el reciente y tristemente fallecido Juan Antonio Cebrián, director de esta colección (que es otro de los legados del añorado locutor nocturno).

La obra comienza desterrando viejos mitos y creencias para abordar de una forma seria pero amena la contribución de los vikingos a la historia. De este modo, ya nos podemos ir olvidando de esa idea de pueblo exclusivamente guerrero (pues destacaron enormemente en facetas tan distintas como navegantes, granjeros, artesanos, colonizadores y mercaderes, por mencionar algunas), pertrechados de cascos con cuernos (que sólo utilizaban para beber y nunca llevaron sobre sus yelmos) a los que se tilda por igual como 'vikingos'. En realidad, este término sólo era aplicable para aquellos que decidían embarcarse en expediciones de asalto, y por tanto, se queda muy incompleto para definirlos.

Esta imagen negativa que nos ha trasmitido la historia desde aquel famoso episodio del monasterio inglés de Lindisfarne queda matizada cuando, a través de un Thorstein cualquiera -es decir, examinando junto al autor la evolución del día a día durante el periodo vikingo de un jarl (o jefe de clan) ficticio que pudo habitar, como muchos otros, los territorios escandinavos, comprobamos que su cotidianeidad en realidad no distaba mucho de la que se pudiera llevar en otras regiones 'más civilizadas' de Europa. A la vez que cuidaban de sus granjas y sus reses, no dejaban de cultivar buenos usos como la hospitalidad para con sus vecinos, la higiene, las celebraciones religiosas de todo tipo y el mantenimiento de una sociedad que, no por estratificada, debiera tener peor consideración que la de sus contemporáneos del sur (los thralls o esclavos estaban mejor tratados y las mujeres gozaban de ciertos beneficios, propiedad privada y divorcio incluido, impensables para esa época en otros lugares). Si a esto añadimos una cultura muy rica, con sus propias sagas y relatos poéticos, una escritura rúnica bien desarrollada incluso de aplicación para cuestiones mundanas, una forma de imponerse leyes y costumbres bajo la Asamblea o Thing y una concepción del mundo sobrenatural perfectamente diseñada, enseguida nos damos cuenta de lo equivocado que puede estar quien etiquete a esta civilización de bárbara.

Es verdad que los asaltos y ataques a las costas europeas fueron una práctica común durante las correrías que llevaban a cabo en la época estival, siempre a bordo de sus impresionantes langskips, más conocidos como drakkars (sus barcos más populares, pero no menos numerosos que los knars que usaban para el comercio o el descubrimiento de nuevas tierras). Pero ello no fue sino el resultado de la superpoblación, debida en parte precisamente a la prosperidad que alcanzaron, y a un recrudecimiento de sus condiciones de vida. Es decir, como recurso o válvula de escape ante ciertas dificultades, y no necesariamente en una modalidad más cruel que otras prácticas habituales de la época.

Barco vikingo de Gokstad

Si analizamos su faceta de comerciantes es sorprendente comprobar que abrieron las rutas de comercio más largas de aquellos tiempos, que llegaban desde Constantinopla, y aún Bagdad, hasta Groenlandia. Y como viajeros y colonizadores ya sabemos que no tenían rival: cuando su asentamiento en territorio inglés era un hecho (allí establecieron el famoso danelag) ya estaban presentes también en Irlanda, las islas del Atlántico norte (Orcadas, Feroe, Shetland) e Islandia (único estado europeo medieval carente de autoridad real, a modo de una primitiva república). Naturalmente ahí no quedaría la cosa: los que optaron por tomar las rutas del este (sobre todo los suecos, más orientados a la colonización que a la guerra, y a los que se conocería como varegos) fundarían importantes ciudades a lo largo de la cuenca del Dniéper en lo que se puede considerar la semilla del futuro imperio ruso. Y desde Islandia se empezarían a aventurar en los desconocidos mares del oeste hasta llegar a Groenlandia, la 'tierra verde', (en una inusual campaña publicitaria a cargo de Erik el Rojo), donde levantaron varias prósperas colonias. Desde aquellos aislados lugares, el paso a las costas de Labrador y la isla de Terranova (Vinlandia para ellos), ya en el nuevo mundo, sería cuestión de poco tiempo; aunque las dificultades con los nativos complicaran las cosas hasta el punto del abandono de aquellas tierras, que no serían redescubiertas hasta varios siglos más tarde. Dentro de Europa, la insistencia de sus ataques se vería recompensada con la concesión del territorio de Normandía, lugar desde el que sus descendientes darían el salto a la conquista definitiva de Inglaterra.

Todos estos movimientos traerían inevitablemente un intercambio cultural que propició la gradual implantación del cristianismo y la feudalización sobre todo en la península de Jutlandia. Un intercambio con el que no en todo momento salieron ganando, al olvidarse casi con empeño de su rica tradición pagana y, por ejemplo, condenar a la mujer a la posición social de entonces, en una maniobra de progresiva tolerancia cero hacia las antiguas formas y creencias. Hasta sus incursiones guerreras, cada vez menos frecuentes, pasaron a convertirse en un mero asalto de extorsión sobre sus víctimas. Y en Escandinavia comenzarían a producirse movimientos de integración bajo un único rey, al modo de lo que ocurría en el resto de Europa.

Thor, con su martillo Mjöllnir,
combatiendo a la serpiente Jormungand

Una segunda parte del libro aborda todo lo relativo a la mitología vikinga y su simbolismo. De esta forma, comprobamos que a través de sus Eddas se concedieron una visión del mundo divino no menos complejo que el de la mitología griega, por ejemplo, con una concepción del apocalipsis (Ragnarok) que daría lugar a una constante renovación a partir del caos original. Hasta entonces, Odín y los suyos (sobre todo el omnipresente Thor) se prepararían para esa batalla final, eterna representación del bien contra el mal, en la que les van a acompañar los caídos valientemente en combate, einherjar, que serían recibidos en el Valhalla por Freya y sus hermosas Valkirias. Cuando llegase el momento, anunciado por el cuerno de Heimdall, todos los seres de los nueve mundos (elfos, enanos, gigantes, etc) serían convocados para esa lucha sin esperanza. Ningún ser vivo escapará de tan cruel destino, porque entre todos configuran el futuro del universo. La Edda sobre 'La muerte de Balder' y la intervención del traicionero Loki en la misma, es especialmente instructiva para dar a conocer esta curiosa historia.

Los anexos también nos ilustran sobre otras cuestiones esotéricas, como las abundantes piedras rúnicas, seres espirituales y entes protectores (landvaettir) o las peculiaridades de la magia femenina, el Seidr, como otra manifestación de las prerrogativas de la mujer en la cultura vikinga.

No podemos omitir los interesantes retazos de sagas, que los poetas se encargarían de transmitir pasando de la tradición oral a la escrita, y que salpican todo el volumen. Algunas hacen mención a esa cosmogonía que he citado, pero también las hay que narran aventuras llenas de emoción, como las de Erik el Rojo y su hijo, Leif el Afortunado, en sus viajes que les llevarían a descubrir tierras hasta entonces desconocidas. Debemos el conocimiento de muchas de estas historias al laborioso trabajo de recopilación del islandés Snorri Sturlusson.


La verdad que este libro es muy recomendable para los que quieran ahondar en el conocimiento del mundo vikingo, y está lleno de curiosidades que no dejan indiferente, como los relatos sobre los siempre enigmáticos y temibles berserkers, las hazañas de Harald Bluetooth (sí, el apellido de este danés serviría para apodar siglos más tarde la tecnología móvil) o el paso de los vikingos por la península ibérica. Ojalá el Bifrost siga abierto durante muchas centurias y nos permita adentrarnos en este universo inagotable que constituye la cultura nórdica.

Más información en Territorio Vikingo, web del autor.

Breve Historia de los Vikingos, de Manuel Velasco,
presentado por Juan Antonio Cebrián
para la colección 'Breve historia...',
está publicado por la editorial Nowtilus.


sábado, 8 de diciembre de 2007

Leyenda Élfica: El bosque en llamas


Quería inaugurar esta sección con el primer título de una interesante serie que resucita el otrora prolífico género de los librojuegos. Sin duda los librojuegos, esta especie de aventuras interactivas predecesoras del rol (que sería su propia evolución y condena), tuvieron su época dorada durante los años 80 y principios de los 90. Sin embargo, la colección Leyenda Élfica nos propone volver a tomar los dados y el lápiz, poniéndonos al frente de una aventura que se nutre de los buenos recuerdos de estos libros del pasado, sin dejar por ello de ofrecer un relato fresco y novedoso, que ha sabido impregnarse de muchos de los mejores aspectos de otros títulos pero que guarda su propia identidad.

Leyenda Élfica surge como un proyecto personal de su autor, Jose Luis López Morales, desde su visión como lector habitual de librojuegos. Si bien hace pocos años pudimos asistir a una tentativa -mal conducida- por retomar las antiguas colecciones de Lobo Solitario y Lucha ficción que acabaron en un rotundo fracaso (en gran parte, por errar en la conservación de aspectos originales de estos títulos, que nunca deberían haber sido cambiados), gracias a Leyenda Élfica se aporta el necesario hálito a un género que sigue contando con sus incondicionales, no demasiado numerosos hoy día pero sí muy fieles al mismo. Porque, quizá sin la intensidad de otros tiempos, existe un interés por preservar el valor de estos libros que tan a menudo han propiciado esa sensación de dejar volar la imaginación al emplazar al lector como protagonista de sus páginas.

La editora 'NoSoloRol' (NSR) apuesta así por una serie de fantasía en un estilo puramente épico que enseguida nos introduce en la acción y que desenvuelve un argumento bien tramado, al desplegar un mundo propio, en el que las razas y criaturas, las batallas, los escenarios y los enemigos a batir nos recuerdan inevitablemente a Tolkien. Pero que nadie se eche las manos a la cabeza al pensar que estamos ante la enésima adaptación de una historia demasiado conocida. Porque una de las virtudes de Leyenda Élfica es la de haber sabido hacer acopio de esta herencia fantástica, tomando además lo mejor del género de los librojuegos bajo el que se presenta, pero guardando un sabor propio y concediendo un homenaje a la vez, como nos revela su propio autor, a las que han sido su fuente de inspiración (El bosque en llamas nos traerá a la memoria inevitablemente el Huída de la oscuridad de Joe Dever para su serie de Lobo Solitario, al que Jose Luis hace un guiño intencionado que no escapará a los jugadores de la mítica colección de Altea).

El argumento.

Esta primera aventura nos mete de lleno en la piel de un príncipe elfo que, lejos de cualquier imagen altiva que nos pueda sugerir, forma parte de un cuerpo de exploradores del bosque de Litdanast, hogar de una civilización que languidece por momentos tras los estragos del pasado y que lentamente cede su lugar en el mundo, muy a su pesar. Los elfos de L. Morales tienen un aspecto más salvaje, menos refinado, como resignados a su propia decadencia. De esta forma, asisten a la amenaza que se cierne desde el norte en forma de invasión de las temibles criaturas del Rey Dios en el mundo de Valsorth. Aislados del resto de estirpes parece imposible que puedan hacer frente a tal peligro. Todo parece indicar que tendrán que tomar importantes decisiones sobre su propio destino si no quieren verse abocados a desaparecer. La aventura empieza como una carrera de fondo en la que, abandonando a su propia partida de batidores, el joven príncipe tendrá que convertirse en heraldo ante su propio pueblo de un mal que acaso ya no tengan manera de evitar. En esa precipitada huída, será el lector quien tome las riendas de las decisiones que adopte el personaje, considerando el camino más rápido y seguro para llegar a su hogar y comunicar las malas nuevas. Por el camino, combates (con numerosos y muy diversos enemigos) y enigmas pondrán a prueba nuestra destreza e ingenio.

Creando el personaje. Reglas de juego.

En cuanto a las reglas de juego, hay que destacar que ha supuesto un acierto esa mirada retrospectiva sobre otras colecciones de librojuegos. Mucho hubieran tenido que aprender los famosos Lucha-ficción de un sistema tan bien elaborado como el de Leyenda Élfica, pero que no deja por ello de ser sencillo e intuitivo. Tenemos las características, más o menos comunes en estos juegos, de Fuerza, Constitución y Agilidad, que van a definir otros importantes valores de nuestro personaje, como la Resistencia y las puntuaciones de Combate (Ataque y Defensa) a través de un método equilibrado de atribución de puntos. Podremos elegir además nuestro Equipo de partida, que naturalmente se irá ampliando a medida que juguemos la aventura, y una serie de habilidades de las que queramos que disponga nuestro personaje entre una lista disponible (acorde con la naturaleza del protagonista y la raza a la que pertenece). El sistema de Combate es simple pero efectivo, sin caer en la monotonía de la sustracción de un número fijo de puntos. Además, se incluyen reglas adicionales al combate, muy fáciles de aplicar, que lo hacen más dinámico y entretenido, y no convierten las luchas en un mero trámite para pasar de sección.

Un punto a favor de esta colección es la correcta traslación de elementos propios del rol al sistema de reglas (teniendo en cuenta las limitaciones lógicas de un librojuego), con chequeos de características para pasar determinadas pruebas, a veces un tanto exigentes, y otros modificadores sobre estos aspectos y la forma de lucha. También un original método de registro de las situaciones por las que ha atravesado nuestro personaje mediante una lista de palabras clave que, a modo de recordatorio, nos van a permitir incluso en entregas posteriores llevar la cuenta de encuentros relevantes o acontecimientos que pueden influir en el futuro desarrollo de las acciones a considerar.

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Como ya hemos dicho, Leyenda Élfica bebe de otras obras del género que han influído en mayor o menor medida en su estructura y argumento. Por eso, es fácil identificar, por poner algunos ejemplos, la lista de habilidades posibles que le son propias a nuestro personaje con la de disciplinas del Kai de Lobo Solitario, pero adaptadas al explorador elfo que vamos a encarnar. O el sistema de lucha basado en el excedido de puntos sobre un valor de defensa dado, propio de La Búsqueda del Grial, y que aquí se ha mejorado con esas reglas avanzadas de combate tan apropiadas. No aprovechar ese conocimiento que nos brindan las series de éxito precedentes hubiera sido una torpeza por parte del autor, que además nos obsequia con otras aportaciones provenientes de títulos aquí desconocidos, como Fabled Lands.

En el aspecto gráfico, casi inherente al género (son pocos los librojuegos que carecen de ilustraciones) el resultado es bastante correcto. Emiliano Álvarez Villani ha sabido captar la naturaleza salvaje de los elfos y esa sensación de constante persecución y huída que marca esta primera entrega de la serie. Y, por lo que se nos ha anticipado del segundo número de la colección, su trabajo para la misma ha mejorado. Además, el libro está salpicado de otras pequeñas ilustraciones que hacen más agradable el salto entre páginas y ayudan a elevar el nivel de detalle de esta cuidada edición de NSR dentro de su línea 'Singular'.


En resumen, con Leyenda Élfica estamos ante una serie de librojuegos en la que indudablemente su principal baza es la jugabilidad, aspecto este reforzado por el hecho de que la aventura da bastante de si, al contar con un nivel de dificultad que nos obligará seguramente a realizar varios intentos para llevar a buen término la misión que se nos encomienda, pero sin caer en frustrantes repeticiones, gracias a un árbol de opciones bien elaborado. Quizá el argumento de El bosque en llamas no sea el más original que se haya desarrollado para un librojuego, y esta sea la principal crítica que se le pueda achacar, pero salida de la inquieta imaginación de su autor, al que se le nota la impronta de jugador de este tipo de historias, nos permite disfrutar de todos aquellos elementos que a un buen aficcionado al género del rol y afines le gustaría encontrarse en un libro de estas características.

El segundo número de la colección, titulado El emisario, acaba de publicarse hace unas semanas, y nos adentra con mayor profundidad en las andanzas del hijo menor del rey elfo Gerahel continuando las aventuras que le llevarán a recorrer el mundo de Valsorth, del que afortunadamente aún nos queda mucho por descubrir. Además, Jose L. López Morales ha publicado también con NSR el librojuego Ángeles caídos, esta vez acudiendo a un estilo de thriller de corte policiaco, basado en el juego de rol Slang. Podéis encontrar reseñas de estos títulos, así como una completa entrevista al autor, en el blog de La fortaleza de Manpang.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Geralt de Rivia y el último deseo

Que la narrativa fantástica actual está cambiando y moviendo las barreras que la encasillaban es ya un hecho. Marcando distancias de los consabidos tópicos de herencia tolkiana están apareciendo nuevas series, cuyo máximo exponente quizá sea la Canción de Hielo y Fuego de George R. Martin, pero también en buena medida la obra que nos ocupa.

Geralt de Rivia es una serie de literatura fantástica atípica, en la que los héroes (o especialmente el antihéroe protagonista: el brujo Geralt) no lucen brillante armadura ni despiertan la admiración de sus contemporáneos. Dentro del mundo en el que se desarrollan estas novelas hay magia y seres fantásticos, pero lejanos del perfil clásico que se suele mostrar en la literatura de este tipo. Y la vida de sus personajes es mucho más cruda, sucia y realista de lo que estamos acostumbrados a ver. El resultado es una novela que encandila desde el primer momento gracias a sus tramas bien urdidas y a la cercanía de sus diálogos, magníficamente bien trabajados. La originalidad y la imaginación son sus señas de identidad.

Entrando en el argumento, Geralt de Rivia es un brujo mutante que se gana la vida al servicio del mejor pagador eliminando bestias y todo tipo de criaturas, a menudo realmente terribles, que amenazan a una comunidad o a los intereses particulares de los clientes de este singular mercenario. Pero cuando Geralt interviene no lo hace necesariamente por una buena causa (de hecho, la mayoría de las ocasiones no lo es), pues en este personaje, cínico y pagano, desalentado de la humanidad, pero no por ello carente de escrúpulos, por más que se empeñe en no seguir código ético alguno, se aprecia que ha sufrido demasiadas veces en su propia persona el desprecio y el rechazo, pasando a convertirse él mismo en el monstruo a evitar cuando el entuerto en cuestión queda deshecho. Con sus espadas a mano (la de plata para bestias, la de acero para hombres, a menudo estos más peligrosos que los anteriores) Geralt prosigue su camino en un mundo ingrato que agoniza, a pesar de que gracias a sus acciones pudiera parecer cada vez un sitio más seguro, con lo que ello implica en contra de su propio negocio o manera de sobrevivir.

Andrzej Sapkowski ha sabido reflejar en una prosa impecable y directa, sin recurrir a florituras innecesarias ni a las grandilocuencias que suelen ir parejas a esta clase de literatura, una historia que atrapa al lector desde los primeros párrafos. Esto se ve coronado en el caso de la edición española por una soberbia traducción de la obra desde su polaco original a cargo de Jose Mª Faraldo, criticado por algunos en lo que, sin embargo, a mi me parece un acierto: no obviar las formas en desuso, los vulgarismos o las expresiones coloquiales de los personajes, ni suavizarlos, sino mantenerlos en la medida de lo posible y adaptarlos al castellano en los momentos que no queda otra opción, pero siempre de un modo magistral. Gracias a su trabajo, los diálogos mantienen toda la fuerza que Sapkowski les imprime, poniendo en boca de los personajes de ambientes más rurales las expresiones de las que nos podemos imaginar que hacen gala; o en la de aquellos que ostentan cierta posición toda la procacidad de la que son capaces.

Un aspecto muy importante a destacar de esta serie es su labor de reinterpretación de multitud de cuentos y leyendas tradicionales (de esos que todos hemos oído en tantas ocasiones y que la factoría Disney se ha encargado de transmitirnos de una forma edulcorada), desde una perspectiva libre de prejuicios, llana y realista, a menudo cruel, en la que 'los buenos' no lo son tanto y 'los malos' se convierten en víctimas dignas de verdadera compasión. Estas reinvenciones dentro de la historia principal son sublimes. Es muy agradable también encontrar en la saga de Geralt de Rivia, además del recurso mencionado, todo un acervo de la cultura mitológica centroeuropea, con un bestiario particularmente rico (a veces captado directamente de esta cultura, otras veces surgido de la prolífica mente de Sapkowski con nombres inverosímiles) que huye de la herencia anglosajona que en este sentido nos vienen legando tan frecuentemente los libros de 'dragonadas' y similares, vacíos más allá de la finalidad del mero entretenimiento. Esto también se refleja en la concepción de la magia que existe en esta obra, más chamánica que fabulosa. Aunque no todo tiene este carácter imaginario dentro de la narración, porque en sus páginas se abordan temas tan dispares y que nos son tan cercanos como la corrupción política, la decadencia de las civilizaciones o la relación entre personas muy distintas pero condenadas a entenderse.

Las aventuras de Geralt de Rivia se han agrupado en siete volúmenes, de los que por el momento han sido publicados en español hasta el sexto. Los dos primeros tienen la particularidad de estar formados por un compendio de relatos, más o menos cortos, que permiten al autor introducir a los personajes, así como hechos cruciales que tendrán gran importancia posteriormente a lo largo de sus vidas. Con estos precedentes, a partir del tercer libro se desarrolla un argumento continuado. Esta forma de presentar la historia es muy apropiada para el lector que quiera 'probar suerte' con estos libros leyendo los dos primeros, aunque lo más probable es que le acabe cautivando lo suficiente como para querer continuarlo hasta el final.

Por lo que respecta al primer título, 'El último deseo', se compone de los siguientes relatos: El brujo, La semilla de la verdad, El mal menor, Cuestión de precio, El confín del mundo y el que da nombre al libro, El último deseo, (todos muy buenos) acompasados por varios interludios que unen la historia, hilando las tramas temporales con gran tino. Los cuentos de este volumen son dignos ejemplos de esa hábil y curiosa forma de transmisión del folklore a la que antes aludía. Con unos personajes secundarios, los pocos a los que la compañía de Geralt resulta agradable, pero también aquellos que le temen o le odian -así como los que le aman- poseedores de una personalidad y psicología perfectamente desarrolladas (en concreto, me encantó el sereno juicio de la sacerdotisa Nenneke y la honesta jovialidad del bardo Jaskier).

El último deseo (La saga de Geralt de Rivia, nº 1)
está publicado por la editorial Bibliópolis

Habiendo leído hasta la fecha tan sólo este primer volumen, creo que puedo afirmar, sin considerar que se trate de una temeridad, que Geralt de Rivia se ha convertido en una obra imprescindible para cualquier aficcionado al género fantástico. Lo prueba el hecho de que cuente con multitud de seguidores en las varias lenguas en que ha sido traducida hasta el momento, amen de algunas versiones cinematográficas (en su polaco natal, eso sí), juegos diversos, una adaptación al comic y el furor que provoca cada nueva entrega allí donde se publica. Estoy seguro de que las buenas sensaciones que me ha causado El último deseo se prolongarán con la lectura del segundo libro, La espada del destino, que espero iniciar pronto.

domingo, 2 de diciembre de 2007

X Edición de Expocomic

Como ya anticipé, ha tenido lugar de nuevo la cita anual con el Expocomic, que estos días cumplía su 10ª edición. Cada año parece haber una mayor afluencia de gente, lo que me hace suponer que el pabellón de convenciones de la Casa de Campo, que tan idóneo pudiera pensarse hace tres o cuatro años, empieza a dejar de serlo. En realidad, nunca ha estado todo lo bien acondicionado que se podría desear, pero este año entre estrecheces y calores se ha notado más. No sé si la nota positiva de esto pueda ser un futuro traslado a los recintos feriales.

Siendo de los pocos acontecimientos relativos al mundo del tebeo de los que podemos disfrutar (sí, aun estando en Madrid), casi parece inexcusable la asistencia. Sin embargo, es un salón del comic con importantes carencias -a años luz de grandes acontecimientos como Angoulême. Las actividades se nos antojan escasas y desorgarnizadas, las charlas y talleres demasiado improvisados. Los turnos de las sesiones de firmas resultan un enigma que no se resuelve hasta acudir allí y comprobar que no has llegado a tiempo para algún autor a quien esperabas encontrar (segundo año consecutivo que me quedo sin firma de Pedro Camello... sigh!). Huelga decir que a Crisse ni le vi.

En cualquier caso, siempre hay algo por lo que merece la pena pasarse (a pesar de que, cada vez más, todo parece estar centrado en la venta a destajo -subproductos incluídos- en los stands de las editoriales y tiendas, en detrimento de la divulgación del fenómeno del comic por si mismo).

Así, el sábado nos dejó la entrega de premios en las categorías correspondientes, entre las cuales había alguna grata sorpresa. Porque, entre tanto nominado por generalidades de superhéroes (que, respetando los gustos de una inmensa mayoría, a mi nunca me han llegado a interesar demasiado) nos encontramos con el galardón a 'Mejor guionista nacional' para Jordi Bayarri, por su serie 'Entre tinieblas'. Bravo por ese merecido premio a una serie de fantasía heroica muy lograda, que va creciendo poquito a poco y a la que espero que esta distinción ayude a consolidar (en las próximas semanas podréis leer el artículo que tengo intención de dedicar a la serie). Majo como siempre, de él sí pude conseguir un par de dibujos en mis dos últimos 'Entre tinieblas' (gracias, Jordi!)

Jordi Bayarri. Ganador 'Mejor guionista nacional' por 'Entre tinieblas 4'.

La editorial Aleta está de doble enhorabuena al ser laureada igualmente, en la nominación a 'Mejor obra española', con el álbum 'Waldemar Daninsky' de Paul Naschy y Javier Trujillo. Mis felicitaciones a Javier (disparidad de opiniones que he leído por ahí aparte) porque intuyo que habrá sido una gran recompensa a su particular lucha dentro de este mundillo.

Entrevista a Paul Naschy y Javier Trujillo, en el stand de Aleta ediciones.

El resto de premiados los podéis consultar en la web de Expocomic (con independencia de su calidad, innegable en algunos casos, no son -como he dicho- obras que encajen con mis gustos personales: que nadie se ofenda... lo mío, sobre todo, es la fantasía). Me queda la espina clavada de que Pedro Camello no se haya alzado con el premio a 'Mejor dibujante nacional'. Es una pena, porque me gusta muchísimo su trabajo, tanto para 'Treyes', por la que estaba nominado, como en su posterior 'Guido el Negro' (ambas también tendrán su futura reseña en este blog). Dadas las temáticas del resto de candidatos en esta categoría, para mí, Pedro era la única opción. Decepción nuevamente en el fallo a 'Mejor dibujante internacional', donde mi adorado Rosinski resulta descartado (a ver si repite otro año y así de paso viene de visita por aquí).

Entre las exposiciones, me pareció interesante la de Tirso Cons, que fue de las pocas que me pude detener algo para observar, con el permiso de los incondicionales del cosplay, que usaban en parte la galería para cambiarse. Por lo demás, algunas compras (menos de las que pensaba en un principio: y es que, ante estos agobios, casi que mejor comprar en la comiquería habitual) y poco más.

Una perspectiva desde la galería de exposiciones.

En definitiva, ha sido un Salón muy mejorable pero al que aún así el año que viene seguramente acabaré por repetir asistencia (sobre todo por los encuentros con los autores), confiando en que se mejoren los aspectos mencionados (y ya de paso, toparme con menos superhéroes y manga -este último, cada vez más abundante y de dudosa calidad, me parece- y más comic nacional y extranjero de fantasía).

jueves, 29 de noviembre de 2007

El regreso de Percevan

Era una época en que los periodicos todavía venían acompañados en su edición dominical no sólo de la típica revista de ocio para mayores, sino también de aquel deseado cuadernillo que reunía historietas de toda clase, en teoría para 'el pequeño de la casa' (y que luego acababa pasando por las manos de casi toda la familia). Allí te podías encontrar desde lo más característico del tebeo español, hasta Tintin en inglés por entregas. Ya no recuerdo cual era (Pequeño País, Gente Menuda o Mini Mundo, qué más da). Pero sí que fue en alguna de esas páginas donde conocí a Percevan. Luego, estos suplementos desaparecerían (pobres infantes de hoy), pero la imagen del paladín pelirrojo siempre quedó en mi cabeza, aunque sólo fuera como en una nebulosa. Tendrían que pasar muchos años hasta que, volviendo a traerlo a mi memoria, lograra reunir la colección al completo de nuevo (descubriendo álbumes de cuya existencia ni era consciente) para colocarlo como uno de mis favoritos.

En realidad Percevan nació en las páginas de la publicación mensual Gomme! en 1.981. Sus padres, Jean Leturgie (guionista o 'escenarista', como dicen en tierras galas) y Philippe Luguy (dibujo) pronto le harían dar el salto a una merecida tapa dura bajo el sello Glénat y, después de unos pocos álbumes, de Dargaud. A estos autores, a pesar de prodigarse poco en otras obras que aquí podamos conocer, se les puede etiquetar como grandes exponentes de la bande dessinée y han contribuido a crear una de las series más bellas, entretenidas y cautivadoras del comic europeo de fantasía.


Sin duda esta fantasía corre a raudales por sus páginas, pero también el humor, la historieta de aventuras y viajes, el relato de magia y leyendas. Percevan es de lectura siempre grata, colorista, profusa en detalles por cada viñeta que pasas: verdaderas escenas de un mundo y una historia por descubrir a lo largo de los 12 tomos publicados en la actualidad (en castellano se llegó hasta el 10º).

Las aventuras épicas que se nos muestran en la obra del tandem Luguy-Leturgie (con Xavier Fauche como co-guionista de algunas entregas) se inspiran, como otras muchas, en los principios más nobles: el valor, la amistad desinteresada, el amor, la misericordia con los desfavorecidos, etc. Pero no están ausentes las guerras y luchas, tramas oscuras y siniestras, enemigos de una doblez recurrente y muertes inesperadas.

Tal vez el propio Percevan nos parezca que pasa a engrosar la interminable lista de héroes atractivos de recto ideario, formas caballerescas, preceptos inamovibles y virtuosos valores; pero tras esa imagen (que tampoco es que le podamos negar) refleja una personalidad de lo más compleja y en constante desarrollo, -muy a diferencia de otros personajes del género, tan estáticos y previsibles- que lo aleja del caballero envuelto en los tópicos de siempre. Como también Percevan se va a pasear con cierta frecuencia por este lugar, podremos explorar más su carácter en una futura presentación de los integrantes de la serie.

Con el cortés caballero y su inseparable Kervin, juglar y bufón que encarna la parte más cómica de la historia, eternamente en contraste con la integridad de su compañero (a modo de un Sancho Panza caricaturesco) vamos a recorrer a un ritmo unas veces trepidante y otras sereno, como deteniéndose en los pormenores, multitud de escenarios maravillosamente recreados por Luguy: un mundo que se puede identificar con la Francia medieval, pero que no se estanca en ella ni mucho menos. Las campiñas verdes de Europa, los territorios helados de Noruega, los desiertos abrasadores de Arabia, junto a reinos subterráneos regentados por hechiceros, ignotas cadenas montañosas, dimensiones alternativas e incluso, adelantando parajes del álbum que se encuentra en la rampa de salida, las tierras del lejano Oriente.


Otro ingrediente que no podía faltar es la magia y las cuestiones sobrenaturales, muy presentes en sus páginas sin oponerse por ello a realidades a veces demasiado contundentes. Y el amor, que demostrando una vez más que el carácter de la serie no se queda en meros tópicos y va más allá de la conocida relación imposible, aparece a menudo de un modo bastante explícito, plasmado en los frecuentes líos de alcoba de nuestro caballero.

Por tanto, la evolución de la serie se evidencia de una forma progresivamente más adulta. Así, por encima de ese intencionado perfil idílico que parece ofrecer, nos encontramos según se avanza en la colección con enfrentamientos más cruentos, pasiones más desatadas, pérdidas más irremediables, desencantos más dolorosos y decepciones más profundas. Todas estas sensaciones no son simples palabras de adorno, sino que encuentran su perfecto ejemplo a lo largo de los episodios que componen esta admirable aventura.

Percevan, el campeón de las causas honestas, casi olvidado tristemente por nosotros desde que la desaparecida Grijalbo publicara su última aventura en español allá por 1998, ha seguido sus andanzas en el país vecino con una dignidad que lo sitúa entre los grandes de la BD. En ese trayecto ha llegado incluso hasta tierras americanas (tan ajenas al triunfo de los héroes europeos) en forma de una cuidada edición de integrales, con portadas expresamente diseñadas para la causa por Luguy. A sus 26 años, llevados con una salud envidiable por lo que indican las ventas (cada nueva entrega es esperada con entusiasmo, y no es de extrañar teniendo en cuenta los dos años que pasan entre una y otra) el chevalier Percevan se convierte en knight Percevan. Y, si Norma cumple, a partir del segundo trimestre de 2008 le veremos traspasar de nuevo -¡al fin!- nuestras propias fronteras.

En un próximo artículo vamos a conocer un poco mejor a Percevan, a sus compañeros de aventuras, y a los creadores de todo su mundo.

lunes, 26 de noviembre de 2007

Expocomic 2007

Un año más se celebra el Salón del Comic de Madrid (Expocomic), que tendrá lugar entre los días 29-30 de Noviembre y 1-2 de Diciembre en el mismo emplazamiento que ha ocupado estos últimos años (Pabellón de Exposiciones de la Casa de Campo).

En esta nueva edición (la X, número redondo que lo afianza como punto de encuentro para el lector de tebeo) podremos asistir al ya conocido desfile de stands (no siempre todo lo ordenados y organizados que sería deseable) y que reúne cada año a un mayor número de autores, público y editoriales del mundo del comic.

Como en las anteriores ediciones, se desarrollarán diversas presentaciones, proyecciones de novedades, talleres, mesas redondas, exposiciones de originales, etc. junto a las habituales sesiones de firmas que nos permiten un contacto más directo con algunos de nuestros autores favoritos. Todo ello amenizado con las actividades corrientes de este tipo de encuentros: partidas de rol, juegos de cartas coleccionables, miniaturas, cosplay...

Toda esta información la podéis encontrar en la página web de Expocomic, en la que se detallan los horarios de los distintos eventos. También tenéis el formulario para votar por los nominados de este año en las distintas categorías.


Se advierte la creciente importancia del salón al comprobar que cada vez acuden más autores extranjeros de talla. Este año, por ejemplo, se contará con la presencia del autor belga Didier Crisse (La espada de cristal, Atalanta).

Sin embargo, no podemos olvidar a los autores españoles que están realizando un magnífico trabajo, el cual no tiene nada que envidiar al de muchos extranjeros de reconocido prestigio. Lástima de las dificultades por las que atraviesan para consolidar sus carreras en suelo patrio; algo a lo que podemos tratar de poner remedio leyendo sus obras y valorando su gran calidad, poniéndolas así en el buen lugar que merecen. Ahí están Carlos Giménez, Alfonso Azpiri, Jordi Bayarri, Pedro Camello, Victor Santos, y otros tantos para demostrarlo.

Si nada lo impide, andaré por allí para tratar de conseguir unas cuantas firmas, comprar algunas cosillas (gastando más de lo que sería un presupuesto razonable; pero es que a menudo aparece algo que llevabas tiempo buscando) y pasar un tarde entretenida, como siempre, para posteriormente rendiros cuenta de lo que se ha cocido en esta edición.

domingo, 25 de noviembre de 2007

Beowulf

Nos encontramos ante una nueva tentativa de llevar a la gran pantalla el poema épico que narra las gestas del héroe Beowulf, esta vez de la mano de Robert Zemeckis (Regreso al futuro, Lo que la verdad esconde, Forrest Gump, Polar Express) a modo de la típica producción de presupuesto desorbitado proveniente de unos grandes estudios. Si bien se espera un resultado notablemente mejor que en los anteriores intentos (ahora sólo recuerdo la protagonizada por el lamentable Christopher Lambert, pero me consta que hay al menos otra versión: ambas calificadas de desastrosas por crítica y público) sin duda la nueva filmación plantea una controversia importante: la sustitución de actores de carne y hueso por sus versiones animadas.


Cualquiera que vea el trailer de la película, sin haber escuchado previamente nada sobre la misma, creerá estar ante la preview de un videojuego. Pero no; se trata de un proyecto animado que emplea réplicas virtuales de actores bien conocidos (Anthony Hopkins, Angelina Jolie, John Malkovich, Robin Wright Penn) con técnicas de captación de movimiento. Sinceramente, así de primeras, no se acaba de entender muy bien qué interés puede tener esto. Contando con semejante plantel de actores y actrices, ¿no se podría sencillamente haber recurrido al reparto electo para el rodaje, aun cuando se hubieran manejado técnicas digitales para escenarios, efectos, etc? Y si lo que se quería era filmar una forma animada del mito clásico, ¿no hubiera bastado con acudir a tales técnicas al uso tradicional? Lo que tenemos aquí es un experimento de lo que, dicen, puede convertirse en una nueva forma de hacer cine. Bien, no estoy en contra de que se prueben nuevas modalidades dentro del séptimo arte, pero como se viene opinando desde que se han empezado a ver las imágenes de esta versión, resulta cuanto menos extraño ver a actores reales interpretando con esa apariencia de seres artificiales. De este experimento por tanto puede salir cualquier cosa (las comparaciones con '300' son inevitables), pero de entrada es cierto que provoca tanto un cierto rechazo en unos, como la aclamación de las masas que gustan de los efectos especiales. No obstante, no cabe duda que la película será un éxito de taquilla, ayudado en parte por la época del año en la que se estrena.

Pero independientemente de estos aspectos, que darán que hablar, volvamos a la leyenda en la que se basa la película. Beowulf, como hemos dicho, es un poema escrito en torno al s. VIII (originalmente sin título; adoptando el del nombre del personaje principal en épocas mucho más recientes), de autor anónimo, escrito en forma de unos 3.000 versos aliterativos y en inglés antiguo, desarrollando las andanzas del guerrero homónimo en ayuda del pueblo de los jutos (por así decirlo, los daneses de entonces) contra la amenaza que representa el gigante Grendel (en el film de Zemeckis, más parecido a una bestia demoníaca). El relato clásico se divide en dos partes bien diferenciadas: en la primera, el guerrero se enfrenta a Grendel y su madre, más temible si cabe que su vástago; en la segunda, que transcurre muchos años después, se narra la lucha de Beowulf contra un dragón, que asola la región de la que el héroe ya se ha convertido en rey. Hasta aquí un extracto brevísimo sobre aquello que versa la obra original, salpicada de influencias de otras sagas escandinavas.


Parece ser que el manuscrito primitivo, comparado con nuestro Cantar de Mío Cid por su faceta épica-histórica, sufrió las consecuencias de un incendio que afectó a la colección que lo albergaba en 1.731. Con la excusa de redescubrir (o más bien reinventar) el mito, pues por lo visto se perdieron partes enteras del relato, existe un vacío en el que entra la libertad de licencias que se toma el film para vender mejor, o esa impresión nos puede dar en un principio. Reconozco que cuando leí las palabras de Zemeckis en unas declaraciones previas al estreno de la película me eché un poco a temblar:

"Francamente, no me atraída nada de lo referente al poema original. Recuerdo que me mandaron leerlo al comenzar la enseñanza secundaria y no pude comprenderlo porque estaba en inglés antiguo. Fue uno de esos horribles deberes. [...] Nunca consideré que podría ser una historia interesante. Neil y Roger (guionistas) exploraron el texto minuciosamente, cuestionando las lagunas del material original. [...] Han conseguido mantener la esencia del poema pero lo han hecho de una forma mucho más accesible al público moderno."
No sé vosotros, pero yo después de esto me he temido lo peor... Menos mal que luego lo arregla en parte:

"Una vez me cautivó el guión, volví a leer el poema, hablé con los eruditos sobre el tema de Beowulf y me metí de lleno en la leyenda. [...] Y como verán, Beowulf es la base de todos nuestros héroes modernos."
En cualquier caso, todo apuntaba, como suele ocurrir con las películas de este género que se basan en obras literarias o en fuentes más o menos históricas, que las concesiones que se van a permitir no serán pocas, apelando al común recurso de relectura moderna de la historia, en detrimento del rigor que merece. Podemos confiar, como nota positiva, que el guión haya recaído en Neil Gaiman (Sandman, Stardust), aclamado autor de novela gráfica, bastante respetado y venerado dentro de su ámbito, ganador de varios premios Eisner (si bien reconozco que no he leído hasta el momento nada suyo, así que en este sentido me remito a la opinión general que existe al respecto, que precisamente otorga un voto de confianza a la película gracias a su intervención en la misma).

En algo no se equivoca y tenemos que darle la razón al director, y es en la mención de que el documento primitivo -al igual que muchas otras sagas nórdicas- ha servido de inspiración para los héroes fantásticos que se sucederían muchos siglos después, siendo revisado por el mismo J.R.R. Tolkien, padre indiscutible de la fantasía y modelo repetido hasta la saciedad por multitud de autores venideros, que lo rescataría del ostracismo al que la obra, al ser comparada con la Odisea de Homero y afines, había sido injustamente sometida por estudios previos. A nadie se le escapa hoy día que, sin desmerecer un ápice la gran obra maestra que constituye El Señor de los Anillos, Tolkien no inventó nada que no obtuviese al consultar estas mismas fuentes primigenias: las leyendas nórdicas y las grandes sagas escandinavas; sufriendo eso sí una importante adaptación que nos dejaría la imagen que la mayoría tenemos de cientos de criaturas y seres que pueblan la fantasía actual.

Pero no nos desviemos del tema. Centrándonos de nuevo en la película, podemos decir, sin ánimo de desvelar nada, que la acción se sitúa en el momento en que el guerrero acude al reino del rey Hrothgar (Hopkins) para derrotar a este Grendel reconvertido en el cine, y a la madre del monstruo, muy alejada de la figura que nos lega el poema al ser representada en la pantalla por la siempre exuberante Angelina Jolie (que incluso en ese aspecto de naga se nos revela sensual). Este encuentro tendrá sus consecuencias, a partir de las cuales se entronca con la segunda parte del relato clásico y de la película, en la que ya hace aparición el mencionado dragón.


En fin, una vez vista la película, debo reconocer que se aprecia buena mano en la adaptación del guión (así que las loas a Gaiman están justificadas, lo que me recuerda que es imperdonable no conocer su obra). Creo que existe un adecuado equilibrio entre el respeto al poema y las aportaciones libres. Al principio creía estar ante otra película de las que ensalzan hasta lo indecible al todopoderoso guerrero, pero según avanza la proyección esa idea queda desterrada al ver transformarse a un Beowulf arrogante y pagado de si mismo (yo diría que esto se ha hecho en parte como burla a este tipo de héroes tan comunes en la fantasía) en otro descreído y desencantado por los errores y engaños del pasado, desmitificando así su figura y dándole un valor más humano. De todas formas la acción está muy presente, pero sin ser precipitada o parecer fuera de lugar. Tampoco hay demasiados anacronismos, obviando el aspecto fantástico, aunque aparece con cierta frecuencia el tema de la cristianización (la historia se desarrolla en el s.VI y los daneses en realidad no fueron evangelizados hasta el X - XI aproximadamente). A destacar también ciertos detalles cómicos logrados, especialmente en la primera parte, y algunas escenas técnicamente brillantes, como la del dragón, que sin embargo pueden resultar menos creíbles para el espectador que otras más modestas. En el aspecto técnico, a pesar -como he dicho antes- que creo innecesario haber recurrido a las réplicas de los actores, me parece que se ha hecho un buen trabajo que puede sentar precedentes. De todas formas, no está libre de defectos, como la apreciable falta de expresividad de los personajes en determinados momentos o la artificialidad de varios escenarios (aunque me gustó la consecución del aspecto envejecido de los protagonistas en la segunda parte). La banda sonora es más que correcta y consigue hacer suya la carga épica y drámatica en determinadas situaciones.

Como curiosidad cabe resaltar las diversas 'modalidades', por llamarlo de alguna forma, en que se muestra el visionado de la película, ya que en varias salas de cine se presenta la opción de verla en 3D con unas gafas especiales que se entregan al acceder a la sala. Puesto que uno de los alicientes puede ser el de verse inmerso en esta 'nueva experiencia digital', no deja de ser anecdótico (y quizá un tanto friki, para qué negarlo) hacerlo así. A mi me pareció divertido (y si te gusta la sensación de que una flecha de los guerreros frisios vaya derechita hacia ti, o la impresión de verte salpicado de la sangre de Grendel, ese extra de precio de la entrada está justificado).

Podríamos decir de Beowulf que se trata de una película de la que no debemos exigir mayores pretensiones que el puro entretenimiento, pero que cumple esta ambición con creces si la comparamos con otros filmes recientes del género. Además, al estar aderezada con ese nuevo concepto creativo, puede resultar interesante y merecer la pena al menos como experiencia. Aunque me queda la pregunta de cómo habría quedado esta película si se hubiera rodado a la antigua usanza. La cuestión es si el aspecto técnico de Beowulf se convertirá en un habitual del cine fantástico, implicando quizás como contrapartida un menoscabo mayor en la calidad argumental de algunas de las novedades del género que padecemos.

Por supuesto podemos esperar casi de inmediato el aluvión de merchandising característico de estas superproducciones, con videojuego a la vista y el comic (que Norma lanzará en Diciembre).


Trailer de la película en castellano:



Beowulf se estrena en cines el 23 de Noviembre de 2007
Dirección: Robert Zemeckis
Guión: Neil Gaiman - Roger Avary
Reparto: Ray Winstone (Beowulf), Anthony Hopkins (Hrothgar), John Malkovich (Unferth), Robin Wright Penn (Wealthow), Brendan Gleeson (Wiglaf), Crispin Hellion (Grendel), Angelina Jolie (madre de Grendel)

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