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domingo, 28 de diciembre de 2014

Thorgal (XXVII): El bárbaro

Rosinski – Van Hamme (2003)
Norma Editorial. Colección Pandora nº 100
Edición original: Le barbare

Atención: este artículo puede revelar detalles sobre el argumento.

Sigamos adelante con una entrega más de Thorgal, que en esta ocasión comienza de un modo bastante inesperado en relación a la aventura anterior: nuestro héroe ha sido reducido al cautiverio y está a punto de ser vendido en una subasta de esclavos. Tras el estupor inicial, pronto empezamos a atar cabos. Para empezar no está solo, sino que le acompaña Tiago (uno de los hermanos del pueblo de las estrellas que le prestó su ayuda durante el último volumen), y ambos van a correr el destino de ser adquiridos por el intendente que sirve al gobernador del lugar. Igual suerte les depara a Aaricia, Jolan, Loba e Ileniya, recluidos en un harén adyacente. Y es que, al parecer, la familia y sus nuevos amigos —la pareja de hermanos originarios del mundo de procedencia de Thorgal— no pudo soportar la larga travesía por el desierto y antes de alcanzar la costa para regresar a Northland, medio muertos de sed y cansancio, acabaron bajo las cadenas de un caravanero.


A este álbum, de indudable evocación latina, como se puede comprobar en cuanto observamos al poco de unas páginas el escenario donde tiene lugar, le caracteriza la enésima caída en desgracia de sus protagonistas. Apenas vendidos, Thorgal y Tiago tendrán que ingeniárselas para salvar el pellejo en una cruel cacería de la que ellos mismos son la presa, junto a otros míseros esclavos, para divertimento de la joven nobleza local. Pero el filántropo vikingo, una vez más, consigue darle la vuelta a la situación en su favor y obtener la libertad, ofreciéndose como maestro arquero del gobernador a cambio de que éste le permita reunirse con su mujer e hijos. A pesar de su condición de liberto, Aaricia, los niños e Ileniya no gozan del mismo estatus, por lo que el grupo se ve atado al palacio en esta lejana provincia de un Imperio para ellos desconocido, mientras sufren toda clase de iniquidades a cargo sobre todo de Heraclio, el sádico hijo del gobernante.

Las posibilidades de huída se reducen todavía más cuando, percatándose de su pericia con el arco, el advenedizo mandatario dispone de Thorgal para formar parte de la competición quinquenal entre las diez provincias, ofreciendo a los suyos como rehenes del emperador; de modo que si desea volver a verles con vida se verá obligado a ganar, y encima formando pareja con Heraclio por si fuera poca desdicha. El infortunio se cierne otra vez sobre la familia y sólo al ponerse a prueba nuevamente las habilidades extraordinarias de Thorgal podrán solucionar este revés que les aleja de la anhelada felicidad.


Hasta aquí el resumen de un tomo que, visto con cierta perspectiva, contiene evidentes reminiscencias a Los arqueros, empezando ya por su portada. Sin embargo, a pesar de este enfoque donde la misma cubierta homenajea en primer plano a Thorgal (y que se ha convertido en una de las imágenes identificativas de la serie), se trata de una aventura donde casi toda su prole tiene la oportunidad de lucirse, con Jolan y Loba recurriendo a sus talentos innatos para solventar más de un percance. Además, muy a diferencia de ese tomo 9 de la colección, la actual historieta desprende un tono marcadamente más desalentador. No porque el guión en sí de este número no esté a la misma altura (que también, aunque me parece que se trata de un buen álbum donde Jean Van Hamme logra un ambiente muy disfrutable), sino porque carece de la alegría de fondo que impregnaba aquella lejana aventura, fresca y casi apacible.


Es verdad que también aquí vemos manejarse a Thorgal durante el torneo a las mil maravillas y volvemos a admirarnos de sus proezas con el arco, en un certamen donde hay mucho más en juego que el puñado de monedas al que aspiraba junto a Tjall y Pie-de-Árbol tanto tiempo atrás. De hecho, durante un buen montón de viñetas Rosinski nos hace revivir esos momentos inolvidables, con una composición de página siguiendo la trayectoria de cada andanada de flechas que constituye uno de los puntos fuertes a nivel gráfico del tomo. Pero han cambiado tantas cosas desde entonces, han tenido lugar tantas penurias en la serie y el desenlace es tan diferente en este caso, que los lectores que hemos ido envejeciendo con Thorgal no podemos evitar caer un poco en la misma pesadumbre que aflige a estas alturas al guerrero protagonista.


En ese mismo sentido, el título que luce esta entrega no es en absoluto gratuito: El bárbaro. Así es como se dirigen a Thorgal durante toda la historieta quienes le han perdonado la vida y como él mismo se siente frente a los que esta vez privan de libertad al clan Aegirsson. No podemos olvidar que para Roma todos aquellos pueblos más allá de los límites de su imperio, especialmente en sus fronteras oriental y septentrional, eran considerados precisamente eso; bárbaros (no de un modo explícito como algo negativo, sino más bien en el de su condición ajena a la civilización imperante). El esclavismo era común en la época, y así vemos que tanto Tiago como su hermana Ileniya sufren la peor de las fatalidades a las que podían ser sometidos quienes acababan sus días como carne de comercio entre los poderosos (probablemente también porque Van Hamme no sabría cómo encajar en la futura línea argumental a dos personajes intrusos ya al mundo en el que se desarrollan las aventuras de Thorgal).

Y sí, en efecto, si la escenificación gráfica ya nos daba pistas de que la obra se movía otra vez por ambientes mediterráneos conocidos, ahora ya nos queda del todo claro que los autores han trasladado a Thorgal a un tiempo y una región muy próximos a lo que sería el Imperio Romano de Oriente. No en vano, aunque de forma no oficial, el grueso de esta sucesión de álbumes se ha venido a denominar como ciclo bizantino. A pesar de que este número comienza hablando de forma muy imprecisa de una supuesta provincia de Poniente, la cual queda lejos de la corte, con la posterior mención a territorios como Dacia, Tracia o Ponto se terminan de despejar las dudas. Un conjunto de circunscripciones bajo mandato de un príncipe emperador, cuyos pares y tropas regulares lucen una inconfundible indumentaria romanotardía. No debe preocuparnos, en cualquier caso, la asincronía temporal que acusa nuevamente la serie (vikingos, aztecas y, ahora, romanos): el tono histórico, como ya sabemos, es sólo uno de los ingredientes que caracteriza a la longeva cabecera de Le Lombard, su editora desde siempre. Después de todo, el Príncipe Valiente de Foster, del que ya hemos repetido mil veces que Thorgal se imbuye, también lo hacía... y ahí le tenemos, como un referente mundial del cómic.


La colección se encuentra ya más cerca de su gran cambio, o de un estadio 2.0 si se prefiere ver así, en un giro que no a todo el mundo convence, pero que supone que Thorgal siga en pie en la actualidad, con grandes tiradas y vendiendo decenas de miles de ejemplares (me refiero naturalmente a su mercado francófono de origen, aunque en nuestro país, pese a que el éxito es muchísimo más discreto, participamos afortunadamente de la buena salud de la serie). Como ya dije, hace varios números que ésta se halla inmersa en un concepto más orientado al gran público, lejos de geniales etapas anteriores pero conservando —en mi humilde opinión— su espirítu original. Al fin y al cabo, por muy manido que nos resulte, el mismo Thorgal sintetiza muy bien su trayectoria editorial en una única frase lapidaria de este álbum, con su mirada perdida en el horizonte crepuscular: «Vengo de lejos. Demasiado lejos. Con los míos he recorrido tierras conocidas y desconocidas a la búsqueda de un sueño de libertad. Y sólo he encontrado miseria, odio y tiranía, como si el hombre hubiera estado siempre maldito por los dioses que le crearon.» Poco tengo que añadir a eso, mi buen Thorgal...


Hay un guiño en este número que nos descubre la web oficial de Thorgal y que con seguridad gustará a los amantes de una BD clásica como lo es Blake y Mortimer, la creación de Edgar P. Jacobs. En La maldición de los treinta denarios, 19º tomo de la colección, guionizado casualmente también por Van Hamme, la misteriosa isla que busca Mortimer se llama Syrenios. Y la isla donde transcurre la aludida competición atlética de El bárbaro, mira tú por donde, resulta que es Syrenia.

El bárbaro concluye con una escena que, de habernos pillado en la actual espera con la que nos está haciendo sufrir Norma para la salida del siguiente tomo, estaríamos sin duda bajo un alto estado de nervios. ¿Qué pasará a continuación..? No pierdan detalle, que sólo el título del próximo volumen ya es para sujetarse: Kriss de Valnor.

Y mientras tanto, en España... Pues no se puede decir que no haya novedades thorgalianas por aquí, ya que por más que el volumen nº 34, Kah-Aniel, se esté haciendo de rogar (su publicación está prevista para el primer semestre de 2015), hemos ido recibiendo nuevas entregas del spin-off de la susodicha Kriss (el cuarto número, Alianzas, se acaba de poner a la venta este mismo mes). Asimismo, Norma nos ha sorprendido hace poco con la aparición de la primera entrega de Loba, por título Raïssa. De tal manera que cabe esperar que la única serie pendiente de Los Mundos de Thorgal, la dedicada a su juventud, no tardará en ver la luz en español, aunque habrá que aguardar a la confirmación oficial de la propia editorial. El año entrante nos tiene reservada además una exposición exclusiva consagrada a Thorgal y a sus autores en el CBBD de Bruselas... pero de eso y otras cuestiones venideras ya hablaremos más adelante.

sábado, 22 de marzo de 2014

Thorgal (XXVI): El reino bajo la arena

Rosinski – Van Hamme (2001)
Norma Editorial. Colección Pandora nº 94
Edición original: Le Royaume sous le Sable

Atención: este artículo puede revelar detalles sobre el argumento.

Antes de abordar una nueva entrega del monográfico sobre Thorgal —que empieza a aproximarse a su recta final—, me gustaría enlazar con el acontecimiento que apuntaba en las últimas líneas del artículo previo de esta sección: la visita de Rosinski a Madrid con motivo de la celebración de la XVI edición de Expocómic. Por entonces os anunciaba mi intención de conseguir encontrarme con el autor y que estampara su dedicatoria sobre alguno de los viejos tomos de mi colección. Como ya sabréis quienes leísteis el resumen de cómo se desarrolló esta pasada sesión del festival del cómic en la capital (y los que no, para no repetirme, podéis verlo aquí y aquí), pude dar la misión por cumplida y conocer al fin a uno de mis dibujantes imprescindibles.

Lamentablemente, no me fue posible asistir al limitado y exclusivo forum que el autor mantuvo con un grupo de aficionados, pues era requisito ser socio del club Fnac para estar invitado. Sin embargo, he conseguido encontrar el audio del evento y quiero compartirlo con los que también os quedasteis sin poder disfrutarlo en su día. Aquí lo tenéis:


Tras este inciso, centrémonos ya en el álbum que nos ocupa en esta ocasión. El reino bajo la arena supone en cierto modo el cierre definitivo de uno de los interrogantes en torno al que más giros se ha estado dando desde el comienzo de la serie: el relativo al verdadero origen de Thorgal. Hasta ahora habíamos dado por sentada la procedencia alienígena del héroe criado entre los vikingos. En este número, se produce una nueva vuelta de tuerca al asunto que termina de aclarar tan manido enigma, con el que el mismo protagonista llega a expresar que no quiere volver a tener nada que ver. Para los lectores, también, es un modo de dar carpetazo a ese aspecto en la vida del personaje.

Por desgracia, este volumen 26 de Thorgal posee el dudoso honor de ser el peor valorado de toda la serie (atendiendo a las puntuaciones de los lectores en su página oficial), y sin lugar a dudas es uno de los más irregulares, tanto a nivel de guión como de dibujo.


Como si la misma obra replicara el hastío que Aaricia expresa en las primeras páginas de esta aventura, la colección manifiesta a las alturas del actual álbum (el primero de la década de 2000) un notable agotamiento esencialmente argumental que, sin embargo, precisa en cierto modo de un punto de apoyo como trampolín hacia otros horizontes. Empecinado en hallar un lugar idílico, que sólo existe en sus sueños, donde instalar a su familia, Thorgal se resiste a entrar en razón y reconocer que sólo volviendo a Northland (ya superada su condición de desterrados) podrán amagar por disfrutar de esa paz que llevan años persiguiendo y que les ha llevado hasta un inmenso desierto, más allá del que sólo parece existir arena. A su improvisado campamento entre las dunas se acercan de pronto un par de extraños, aparentemente habitantes de esa inhóspita región.


Al arder su barca inexplicablemente, a Thorgal y los suyos no les queda más remedio que aceptar a regañadientes la hospitalidad forzosa de esos individuos. Pero en el camino, nuestro héroe descubre que sus supuestos anfitriones son en realidad los últimos supervivientes perdidos del pueblo de las estrellas, que han hecho de una misteriosa ciudad en ruinas sepultada en el despoblado arenal su postrer refugio. ¿Qué intenciones tienen y cuál es el papel que pretenden que Thorgal juegue en ellas?


Según lo dicho, este es el tomo en el que se cierra el círculo sobre la genealogía de Thorgal. Así, averiguamos por fin que los miembros del llamado pueblo de las estrellas no son sino los descendientes de los atlantes que lograron huir a tiempo del colapso de aquella mítica civilización terrestre. Van Hamme defiende la trama con corrección, sí, y la historieta se lee con ganas. Pero es una pena que después de haber rescatado la temática ciencia ficción, que ya había quedado en un segundo plano dentro de la obra, no consigue resolver la aventura con eficacia debido a un final precipitado, decepcionante y poco trabajado.

Como consuelo nos queda poder atar cabos definitivamente respecto a las distintas expediciones que los compatriotas de Thorgal emprendieron a la Tierra, así como el destino de todos sus integrantes, que ahora resulta más claro. Lejos quedan ya las primeras revelaciones de Slive en La isla de los mares helados, siguiendo la pista con Xargos y Varth en el ciclo de Qa, hasta dar con la pieza final del rompecabezas en el presente tomo. Pero, ¿era realmente necesario este epílogo? Además, estos últimos exploradores del pueblo de las estrellas que consiguen regresar al punto de partida de su prole no están tan inspirados como aquellos que les precedieron. Sargón y su esbirro no acaban de dar la talla como villanos (es poco creíble que el resto de la tripulación no se rebelara contra un cabecilla así) y sólo Tiago e Ileniya, a los que también veremos en el próximo número, salvan las apariencias como secundarios momentáneos.

Incluso gráficamente, tanto por el dibujo como en la aplicación del color, esta aventura deja un poco que desear, al menos si la comparamos con el excelente grado alcanzado en etapas anteriores. A nuestro Grzegorz Rosinski se le nota cansado y perezoso durante estas 48 páginas, con un trazo menos definido y preciso de lo que acostumbra a mostrarnos (propiciado por el escenario desértico y carente de detalles donde se desarrolla buena parte de la historia). ¿Sería esta fase más floja (a la que aún le queda algún coletazo) el detonante de que Rosinski adoptase el nuevo estilo que lucen los álbumes recientemente publicados? Estoy casi seguro de que sí. No obstante —aunque esto no se trate de una novedad— nos ofrece una de sus fenomenales splash-page con la que echar un bonito vistazo al pasado, gracias en esta ocasión al introspector atlante.


Para rematar el regusto amargo hay que decir que la traducción (que corre a cargo de Estudio Fénix) tampoco ha estado muy fina esta vez, con unas cuantas estructuras gramaticales erróneas y equivocaciones de nombres. Son varias las manos que han llevado a cabo la traducción —y la rotulación también— de la serie desde su inicio, siendo actualmente Diego de los Santos el encargado de esta tarea desde el tomo Yo, Jolan.

Como escenarios, además del árido desierto africano al que, de tanto navegar, han ido a parar Thorgal y familia, tenemos la enterrada ciudad de Arqueópolis, mezcla de elementos arquitectónicos de distintas civilizaciones en presunto contacto con la legendaria Atlántida, pues el dibujante juega con estructuras grecorromanas, egipcias, orientales, babilónicas, etc. Una lástima que este entorno mitológico y su tenebroso laberinto no hayan dado más juego... Por otra parte, artilugios y gadgets, como la nave, los cinturones de gravedad o las pistolas láser, completan un cuadro a lo cifi ochentera que, precisamente por ese toque gráfico de tecnología vintage, no deja de tener su atractivo.


A partir de la salida de este volumen la colección comenzó a extenderse a otros medios (el CD de música de Thorgal, por ejemplo, del que os hablaré más adelante) y a aumentar sus dimensiones con las primeras ediciones especiales acompañadas de ex-libris y portfolios. También por esta época tuvo lugar la publicación del one-shot Western, de los mismos autores, que podemos leer gracias a Norma Editorial. En cuanto a las últimas novedades thorgalianas del mercado francés, hace apenas unas semanas salió a la venta el 2º número de La juventud de Thorgal (titulado El ojo de Odín) y el mes que viene lo hará el 4º de Loba. Ya les he echado un vistazo a sendos spin-offs de Surzhenko y Yann, y lo cierto es que, por lo menos desde el punto de vista gráfico, son estupendas apuestas para ampliar la colección. Confío en que algún día las veamos editadas aquí.


Seguramente en nuestra próxima cita con Thorgal haga un pequeño alto en la serie regular para comentar mis primeras impresiones acerca de la biografía de Rosinski, disponible desde hace pocos meses, y mostraros una fotoreseña de la misma.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Thorgal (XXV): La peste azul

Rosinski – Van Hamme (1999)
Norma Editorial. Colección Pandora nº 85
Edición original: Le Mal Bleu

Atención: este artículo puede revelar detalles sobre el argumento.

Sigamos avanzando en la cronología de Thorgal, al que he tenido un poco descuidado los pasados meses, con un nuevo álbum de transición. Como ya subrayé en la anterior entrega del monográfico, estas últimas aventuras no pasan de ser entretenidas, sin gran cosa que aportar a la obra desde un punto de vista global. Leyendo La peste azul uno se queda con la sensación de que es una historieta que podría haber tenido mucho más tirón durante la primera etapa de la serie, en los años 80, pero que a estas alturas sabe a poco y arrastra señales de repetición y cansancio en los autores.

La peste azul es sin duda un álbum flojito, con un planteamiento muy mejorable, pero que aun así se deja leer bien. No por eso podemos decir que no ocurra nada (la familia al completo, de hecho, está al borde de perecer de una manera atroz, esta vez a causa de un enemigo intangible), pero el desarrollo del guión resulta un tanto desastroso y decepcionante, con un Van Hamme de mano suelta que recurre con demasiada facilidad a maniobras deux ex machina impropias de él. Por su parte, Rosinski mantiene el listón de la calidad gráfica en su sitio, aunque sorprendentemente los reproches también afectarán al dibujante en el siguiente número, como ya veremos.


Tras la separación momentánea que tuvo lugar en Aracnea, la familia de Thorgal, otra vez reunida, se toma un breve respiro en las tierras donde sucedieron los acontecimientos del episodio previo, antes de partir nuevamente hacia un lugar más lejano, allá donde "la crueldad de los dioses y los hombres aún no haya podido llegar". Días más tarde, arriban a costas salvajes frente a las que se cruzan con una barca a la deriva, en la que hallan un cadáver con el rostro desencajado, en un horrible estado de descomposición, y mientras Jolan registra imprudentemente el esquife, sufre la mordedura de una rata.

No hay tiempo para reaccionar, pues de pronto el bote en el que viajan es perseguido por una extraña partida de indígenas enanos que se muestran de lo más agresivos. Salvados in extremis por la oportuna aparición de la chalupa sobre la que navega el reyezuelo local, Thorgal y los suyos son acogidos como honorables huéspedes en su palacete en medio del manglar y colmados de atenciones, sobre todo gracias al encaprichamiento de su anfitrión para con Aaricia. Pero las cortesías se tornan en desprecio y repulsión cuando éste descubre que están contagiados de un temible mal. Arrojados a una árida prisión de rocas y arena en el fondo de un barranco imposible de escalar, Thorgal debe ingeniar un modo de huída si quiere librar a los suyos de una dolencia espeluznante para la que no existe remedio conocido. Se inicia una cuenta atrás... y cada minuto que pasa es crucial para la supervivencia de los infectados, cuya piel se vuelve azul por momentos.


Por primera vez en mucho tiempo, quizá desde los números biográficos dedicados a Thorgal y Aaricia, que por su condición especial se desarrollaban de un modo diferente al resto, se recurre a la utilización de cuadros de texto descriptivos, donde un narrador —papel que ejerce Jolan en este caso— nos sitúa en la historia justo hasta la mitad exacta del álbum. A partir de ese momento, es el propio Thorgal quien toma el control de la acción en su búsqueda del valioso antídoto que todos necesitan para salvar la vida. Además de por este detalle, el tomo tiene una estructura curiosa. En las dos primeras planchas, Van Hamme resume lo ocurrido en la aventura anterior, mientras que en las dos siguientes despacha su estancia y partida de la ahora plácida isla de Aracnea.


A propósito de esta marcha, decidida de un modo algo impulsivo por nuestro pacífico héroe, uno se pregunta si en realidad detrás de ese afán por encontrar la paz de una vez por todas no se esconde cierto espíritu de culo inquieto (como al final le pasaba también a Prince Valiant), pudiendo conformarse con vivir tranquilamente en un lugar que les ofrece cuanto precisan, siendo coherente con sus anhelos, donde incluso es idolatrado por el pueblo como su líder. Claro que esto iría contra nuestros intereses —los de sus fervientes lectores— de modo que, como si nos leyese la mente, Thorgal sentencia la posibilidad de quedarse con una frase lapidaria ("un rey siempre es esclavo de sus súbditos, y yo no quiero ser ni una cosa ni la otra") que le sirve de excusa para izar las velas.

En el camino dejamos, por desgracia, a los afables hermanos Derek y Lehla, que optan por parar aquí su viaje (para gran pesar de Jolan, que pierde de un plumazo a un buen amigo en la figura del primero y a su primer amor, en la segunda). Decimos adiós a una pareja que podría haber dado más juego dentro de la colección, pero a quienes consecuentemente los autores apartan de la historia para no lastrar el agitado devenir de las odiseas familiares (aunque tal vez nos llevemos una sorpresa y sepamos algo de ellos en un futuro...) Les acompañará también el añoso Muff (cómo voy a echar de menos a ese viejo chucho fiel), que el pobrecito se ha ganado el descanso después de tantas idas y venidas.


El principal enemigo de Thorgal en este capítulo (dejando al margen al timorato príncipe Zarkaj) es la epidemia de efectos devastadores que le da título al álbum. Una infección comparable a la temida peste negra o a cualquier enfermedad de nuestro tiempo, pongamos como ejemplo el sida, que sirve al guionista para abordar el que, a mi entender, es el tema de fondo de este número: la exclusión social. Un rechazo que se denuncia desde dos frentes: el del clan de los Myrms, marginado y recluido a las profundidades de la selva por su deformidad física, y el de los propios afectados por la peste azul, tratados con una crueldad inusitada y relegados a un destino aún más inhumano si cabe con el sacrificio voluntario sobre la roca de la liberación como único 'cuidado paliativo'.


No obstante, la explicación de cómo se ha creado la comunidad formada por los primeros, los pigmeos ocultos en la jungla (que, otra vez, nos recuerda a los paisajes amazónicos del ciclo de Qa, con su monstruo de las marismas tipo Cthulhu) y la adopción de su jefe, es bastante ridícula en sí y forma parte de esas levedades de guión a las que decía que se rinde Van Hamme en esta entrega, contradiciendo sus originales golpes de efecto. También defrauda un poco la argucia clásica de los gemelos, que de la noche a la mañana solventan sus desavenencias, o que la clave en la misión de Thorgal resida en el sabio Armenos, cuya identificación con un ficticio Da Vinci, taller de inventos incluido, es una comparación inevitablemente facilona. El colofón es un final casi idílico que contrasta con lo mal que lo han pasado los protagonistas a lo largo de este volumen.


Mal que me pese decirlo, la colección aún está por tocar fondo con la siguiente aventura, aunque por suerte haya vuelto a remontar en números posteriores. La peste azul, en cualquier caso, ofrece una lectura con matices interesantes y buenos momentos, entre los que me quedo con una frase de Thorgal a la llegada al palacio de verano de Zhar, muy oportuna para los tiempos que corren y a la que me adhiero totalmente: "Los príncipes, los jefes y los reyes son raramente modelos de generosidad, Aaricia. Estas riquezas que te rodean son, probablemente, el fruto del sudor y el sufrimiento de todo un pueblo".


Muchas y muy variadas noticias frescas nos llegan en torno a Thorgal desde tierras del norte. Para empezar, el tomo 34 de la serie, titulado Kah-Aniel, es ya una realidad. Y mientras aquí aguardamos su publicación, en cuestión de semanas tendremos disponible en español la tercera parte del spin-off de Kriss de Valnor: Digno de una reina.


Exposiciones, la nueva aplicación enciclopédica para tablets y smartphones, una biografía exclusiva de su dibujante o la inauguración de un mural propio en Bruselas sobre Thorgal son, entre otras, algunas de estas primicias que se suceden acerca de una obra más viva que nunca. Pero la noticia estrella es la visita de Grzegorz Rosinski a las jornadas comiqueras Fnac/SD de Madrid, los próximos 13 y 14 de diciembre (incluyendo un encuentro exclusivo para socios con el autor), motivada seguramente por la celebración del ya cercano Expocómic 2013, si bien la organización aún no ha confirmado su presencia como invitado al festival mismo. ¡Ojalá que para el siguiente artículo pueda mostraros uno de mis álbumes dedicado de su puño y letra!

domingo, 21 de abril de 2013

Thorgal (XXIV): Aracnea

Rosinski – Van Hamme (1999)
Norma Editorial. Colección Pandora nº 82
Edición original: Arachnéa

Atención: este artículo puede revelar detalles sobre el argumento.

Cerrado el ciclo de Shaigan con el álbum anterior, que supuso la guinda para uno de los momentos cumbre de la colección, ya anuncié que a partir de ahora se inician una serie de episodios que constituyen un relativo impasse a la cronología de Thorgal. Acostumbrados a otras grandes historietas del héroe criado entre los vikingos que trascendían el ámbito de mera aventura, choca un poco que éste número y varios que lo suceden no pasen de ser andanzas algo huecas, aunque muy entretenidas, que no aportan nada especial al conjunto. Aracnea marca claramente el inicio de esa tendencia.

La isla que habitaban Thorgal y los suyos, testigo mudo de tantas vivencias y acontecimientos importantes en su historia, ya no es un lugar seguro. Demasiada gente indeseable conoce su enclave sobre el mar —empezando por la pertinaz Kriss de Valnor, cuya sombra aún se cierne sobre el destino de la familia— así que ha llegado la hora de partir hacia otras latitudes donde establecerse, como vimos al finalizar la entrega previa.


Puesto que las tierras de los vikingos no se presentan como una opción demasiado válida ni tentadora, parece que nuestro clan heroico (integrado ahora además por los risueños hermanos Darek y Lehla) comienza un viaje que les encamina hacia el desconocido sur, de ambientes más cálidos. Nuevas costas, pero no exentas de los temporales en alta mar... cuando una tormenta que zarandea sus embarcaciones hace que el grupo quede separado en dos, yendo Thorgal y la pequeña Loba a encallar sobre una playa desierta ante la que se alza un brumoso y enigmático acantilado.

Es entre estas nieblas e inaccesibles barrancos, hermética al resto del mundo por obra de una maldición ancestral, donde una insegura comunidad dominada por una teocracia monoteísta rinde culto a una cruel diosa arácnida que mora en las entrañas de la tierra (el tomo se abre con un joven huyendo de un sacrificio ritual que es bastante elocuente en este sentido). Al naufragar en la isla, padre e hija se verán envueltos, cada uno a su manera, en los infortunados sucesos que afectan a estas gentes bajo la amenaza de la gigantesca reina araña y del sumo sacerdote Dracon. Para rescatar a Loba del cubil subterráneo de Aracnea y reemprender cuanto antes su camino, Thorgal se aprestará a correr el riesgo de adentrarse en el misterioso reino inferior en busca de la niña.


Curiosa aventura, con fuertes pinceladas de mito clásico, donde los autores desarrollan una doble historia padre-hija: la de Thorgal y Loba por un lado, la del rey-sacerdote y la mujer araña por el otro. La simbología es palpable en gran parte de su trama, con el ser monstruoso que encarna los remordimientos a expiar eternamente y la pureza de la infancia capaz de romper el terrible maleficio que condena a varias generaciones de la isla. Un poco traído de los pelos el desenlace, es verdad, pero por el lado del dibujo el resultado es magistral como siempre, y el color de Graza no hace sino realzar el contexto opresivo y malsano que envuelve el recorrido de Thorgal hacia las profundidades cavernosas.


En esta ocasión Rosinski imprime al tomo un aspecto de clara inspiración latina, que discurre al compás del aire de tragedia griega que Van Hamme inventa para dar cabida a la historia de Aracnea. Graficamente esta representación es innegable: no sólo por las viñetas que narran la llegada de sus primeros habitantes al lugar, sino también por múltiples insinuaciones estéticas (las vestimentas de los ciudadanos y la arquitectura de Aracnópolis, por ejemplo) o alusiones mitológicas de carácter clásico, como ese reino inferior tan similar al inframundo del Hades, cruzado por ríos de lava y que posee varias entradas pero ninguna salida del mismo. Todo esto nos hace pensar que la atmósfera elegida para la presente aventura bien pudiera asimilarse a una aislada colonia helénica como cualquier otra, a la que Thorgal hubiera ido a parar cual Ulises errante.


De hecho, el tono que presenta este álbum, desde el que momentáneamente se dejan un poco de lado las referencias escandinavas para aproximarse más a las creencias de la antiguedad tardía, instituye una nueva apariencia alrededor de la que girarán los siguientes números, enfocados durante una larga etapa hacia entornos mediterráneos, lejos de las pasadas precariedades del frío norte. No hay más que ver el asombro de Thorgal ante las bondades de esta nueva tierra: fértiles cultivos, un clima amable y su primer encuentro con algo tan simple como las vides o ciertos frutales. Tan destacada es esta renovada estampa visual, que aunque las próximas aventuras no tengan un hilo conductor común (sino que están formadas más bien por volúmenes independientes) se las ha agrupado en lo que informalmente se ha venido en llamar el ciclo bizantino.

Por lo demás, el tomo contiene reminiscencias que a estas alturas es difícil esquivar. Desde el ambiente paradisíaco exhibido en el País Qâ, donde igualmente se practicaban despiadados ceremoniales humanos y acaba teniendo lugar la redención de todo un pueblo, tal que aquí, a la trágica historia de amor separada por el tiempo que ya se relataba en El Señor de las Montañas. Otra idea siempre interesante es la del microcosmos de una sociedad que vive de espaldas al mundo exterior, pero que suele tener sus propios fantasmas, en esta ocasión encarnados en el enjambre arácnido y su monstruosa madre de ocho patas.


A pesar del profundo asco y fobia que personalmente me provocan las arañas (tanto como llevarme por delante el producto de su pegajosa labor tejedora), la trama desarrollada se lee con agrado, aunque éste no se trate de uno de los mejores episodios de Thorgal, que termina reuniendo a la familia antes de que decidan hacia dónde poner rumbo de nuevo, como imaginaréis. Cabe destacar que Aracnea estuvo, en el momento de su publicación, cinco semanas como número 1 en las librerías, siendo el cómic con mejores ventas durante el primer semestre de 1999 en Francia. Una clara muestra de que, ya por esa época, la serie gozaba de una popularidad fuera de toda duda.

En esta historieta hemos visto cómo el personaje de Loba se pone en relieve, siendo uno de los capítulos donde adquiere un mayor protagonismo dentro de la serie matriz. Pretexto que me sirve para anunciar que el tercer álbum del spin-off sobre la hija pequeña de Thorgal se encuentra a la venta desde hace unos días (en el país vecino, naturalmente) bajo el nombre de El reino del caos. De los mismos autores, Surzhenko (dibujo) y Yann (guión) que —gustemos o no de todas estas nuevas sagas— hay que reconocer que están realizando un trabajo estupendo, también acaba de aparecer Las tres hermanas Minkelsönn, primer tomo de La juventud de Thorgal. Os muestro sus respectivas portadas a continuación, para que no os perdáis con tanta novedad thorgaliana. Sí, tengo que admitir que todo esto empieza a parecerme un poco excesivo y que el ritmo de producción de estas series paralelas (de las que en España sólo se ha apostado de momento por la de Kriss) va demasiado rápido. Pero, sin dejar de lado estas primicias, por aquí seguiremos centrados sobre todo en la obra principal.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Thorgal (XXIII): La jaula

Rosinski – Van Hamme (1998)
Norma Editorial. Colección Pandora nº 74
Edición original: La Cage

Atención: este artículo puede revelar detalles sobre el argumento.

Me he estado resistiendo más de lo que debiera a realizar la reseña de esta entrega de Thorgal, pues hemos alcanzado por fin un punto de inflexión definitivo en la serie; otro de esos tomos a los que sus lectores rinden culto incondicionalmente y que marca la conclusión, no sólo de un ciclo, el de Shaigan, sino también de la etapa clásica de la colección, señalando un antes y un después en la misma. Así es: para muchos La jaula tendría que haber sido el último álbum de Thorgal, tras el cual Rosinski y Van Hamme deberían haber otorgado a su irremplazable héroe el tan anhelado descanso que siempre ha perseguido en sus muchas idas y venidas. Y, sin embargo, hoy sabemos que el arquero vikingo sigue más activo que nunca...

Por el año de publicación de este número (1998), el personaje ya se había convertido en un referente indiscutible del cómic y podía presumir del prestigio editorial gracias a las múltiples aventuras que acumulaba a sus espaldas. Pero, en lo sucesivo, Thorgal adquirirá otros derroteros no del todo asimilados por sus fans de siempre. Personalmente, como ya he dejado caer en otras ocasiones, siempre he sido un firme defensor del "bien está lo que bien acaba" y reconozco no tener argumentos contra quienes piensan que este vigesimotercer volumen hubiera sido un más que correcto punto final de la saga. Pero, qué demonios, cuando sigues a un personaje y veneras una obra hasta el grado de convertirla en tu tebeo favorito, pues siempre quieres más y hasta respiras con cierto alivio ante el anuncio de un nuevo capítulo que todavía está por llegar.

No obstante, admito que las entregas de Thorgal que suceden a ésta hacen que se mire al pasado con cierta nostalgia, pues sus andanzas venideras se centrarán en aventuras más intrascendentes y hasta algo insípidas que no aportan demasiado a una obra argumentalmente ya resuelta (haciendo especial hincapié en los próximos 3-4 números, que suponen sin duda el bache más profundo de la obra antes de recuperar algo de aliento en los de más reciente publicación). Pero ya volveremos sobre este tema cuando proceda.

Desde luego, la premisa para convertir a ésta en la postrera aventura de Thorgal era buena: nuestro héroe lleva separado de su familia aproximadamente cinco años (atendiendo al apunte que se hace sobre las edades tanto de Jolan como de Loba; basta ver cómo han crecido) y otros tantos álbumes de la colección, así que la hora del reencuentro definitivo ha llegado. La jaula comprende sin lugar a dudas uno de los momentos más emotivos e intimistas de la serie, dejándonos un agradable sabor de boca al concluirlo, a diferencia de esos finales agridulces que tan comunes se habían vuelto, y a pesar de que Van Hamme recae en clichés y recursos un poco irritantes para solventar ciertas situaciones repetitivas.

Libre ya de las garras de Kriss de Valnor y recobrada la memoria que los dioses le habían arrebatado, retomamos la historia del héroe nórdico desde Brek Zarith, lugar de infausto recuerdo que no pisaba por un largo tiempo. Allí, apenas repuestas las fuerzas tras la precipitada huída de su base como pirata sanguinario junto a Kriss en estos últimos años, Thorgal decide alejarse cuanto antes de la corrupción que rodea la vida palaciega que vuelve a ofrecerle su amigo y aliado Galathorn para poner rumbo a la antigua isla familiar.

Una accidentada travesía en barca, en la que la casualidad quiere que sus velas no se crucen por poco con las de Aaricia y Jolan, le lleva al fin al querido islote. Mientras tanto, su mujer e hijo acuden hasta el inmundo reducto donde tiene atracada su flota el déspota Sardaz para persuadirle de un ataque al castillo de Shaigan, como un último y desesperado intento de hallar noticias de Thorgal, sin sospechar que en realidad éste ya ha regresado a casa. Pero el tan ansiado reencuentro se verá frenado por la llegada de intrusos a la isla, a consecuencia del fallido plan de Aaricia. Y, antes aún que eso, por los barrotes de la jaula donde Thorgal ha sido recluido... por los suyos.

El elemento fundamental de esta historieta se basa en la entereza de Thorgal y Aaricia como pareja, capaces de resistir los embates más duros de la vida en su relación... y del perdón. Shaigan se ha ido; Thorgal ha vuelto. Pero la familia, a la que ya habíamos visto desenvolverse sola sin su cabeza y protector, ha aprendido a sobrevivir sin él. Y el dolor del tiempo perdido, especialmente para su esposa, le impide lanzarse a sus brazos como si nada hubiera pasado.

Aunque en este álbum también contamos, para no perder la costumbre, con el clásico bellaco sin escrúpulos -en la figura de Sardaz el Despellejado- que pone en apuros momentáneamente a la familia, los verdaderos enemigos de Thorgal esta vez no son otros que la desconfianza y la incredulidad de Aaricia, contra los que de poco le sirven su destreza a la espada o su envidiable pulso con el arco. Hay dos páginas donde la mujer le transmite, jaula de por medio, un impetuoso y conmovedor resumen de los avatares sufridos, que dejan al descubierto todas las cargas y pesares de estos últimos años: el desconsuelo del abandono, la vergüenza del exilio, el daño y la humillación de la esclavitud padecidas, pero sobre todo el tormento de ver a su marido en brazos de otra mujer. Males demasiado severos para ser olvidados de un plumazo.

La trama está muy bien estructurada y expuesta, aunque como decíamos más arriba, Van Hamme insiste en tirar de maniobras que empiezan a resultar muy trilladas: una jornada tormentosa en la que Thorgal hostiga y da caza a los advenedizos que comprometen la seguridad de sus seres queridos, el malo de turno que acaba despeñándose por un precipicio, incluso el bueno de Muff saliendo mal parado cuando intenta defender a sus amos (la de palos en el lomo que se ha llevado ya el pobrecito...) También hay algún punto poco claro, aunque disculpable, en el guión, como las motivaciones que empujan a Thorgal a regresar a la isla a buscar a los suyos, y no al pueblo de los vikingos del norte, que es donde les dejó la última vez que estuvieron juntos. El caso es que, al final, los sucesos que amenazan a nuestros personajes se revelan la excusa perfecta para impeler a Thorgal que vuelva a asumir, una vez más, la figura de protector de la familia, recuperando de este modo su lugar dentro de la misma a los ojos de Aaricia. Y, si hemos de prestar oídos al juramento sincero que se hacen, ya para siempre.

Rosinski ilustra el correctamente desarrollado planteamiento de su colega guionista para con este álbum mediante láminas limpias y cargadas de emotividad que reflejan la evolución del reencuentro de un modo magistral, ya incluso desde las dos páginas simétricas de la partida, tanto de Thorgal como de Aaricia, que lo anteceden. Sus viñetas van retratando ese progresivo acercamiento de la pareja por medio de gestos, miradas y expresiones que lo dicen todo de sus sentimientos, partiendo del rencor y el escepticismo iniciales a la entrega y el amor sin ambages últimos.

Sobre afectos y uniones ya hemos visto que este tomo dice mucho. Por eso, hasta se apunta hacia una primera relación sentimental de Jolan con Lehla, que no ocultan la simpatía mutua que se tienen uno al otro. También en este número vemos de nuevo que no todas las mujeres que han rodeado la vida de Thorgal le quieren bien: la princesa Syrane, hermana de Galathorn, sucumbe como muchas otras a los encantos del arquero y al no obtener nada a cambio, le acaba tendiendo una jugarreta, también igual que otras féminas anteriores.

Y hablando de mujeres, en innegable que ejercen un papel de fuerza en este capítulo, por si hacía falta más pruebas de que éstas nunca han tenido un perfil precisamente delicado en la obra de Rosinski y Van Hamme: es gracias a la actuación de Aaricia, de Lehla y de Loba que las cosas se solucionan con bien sin que por una vez la intercesión de Thorgal sea fundamental, con Jolan y Darek además fuera de combate. Por cierto, que parece curioso cómo Loba (a la que vemos en su salsa poniendo en práctica los poderes que, por su parte, ha heredado del pueblo de las estrellas) establece desde el principio un estrecho vínculo con su padre, al que ni siquiera conocía, nada más verle. La pequeña hija de Thorgal no terminará de adquirir el protagonismo creciente que sí alcanza su hermano en el futuro. Quizá por eso Le Lombard, el editor de la serie, haya decidido dedicarle un spin-off en Los Mundos de Thorgal que ya va por su segunda entrega.

En cuanto al escenario en el que se mueve la presente aventura, aparte de la isla que tan conocida nos resulta desde Alinoé (y que deciden dejar atrás definitivamente tras este volumen) y de la perturbadora Brek Zarith de las primeras páginas, los autores nos muestran un mundo hostil, sucio y agresivo en el que no parece haber refugio para la familia. Sin embargo, con el norte vetado por ahora, no les quedará más remedio que encaminarse hacia nuevas y extrañas tierras que les aguardan en los próximos episodios. Se acabó el segundo ciclo largo de la serie y en adelante, como he anticipado, tendremos una sucesion de aventuras aisladas que imprimen un profundo cambio de ritmo en el devenir de nuestro héroe favorito.

Entre unas breves notas finales de primicias en torno al personaje, ya podemos adelantar el calendario de publicaciones anunciado para 2013: primer volumen sobre la juventud de Thorgal (nueva línea de Los Mundos de Thorgal) en febrero, seguido del tercer tomo de Loba (abril) y el cuarto de Kriss de Valnor (en octubre). La serie matriz no verá su continuación hasta noviembre de 2013, mes en el que está prevista la aparición del álbum nº 34, aún sin titulo provisional.

Naturalmente estas fechas son relativas a su salida en Francia, así que hasta que se confirme otra cosa, vamos a quedarnos con las novedades que sabemos que sí han llegado aquí, ya que hace apenas unos días se ha puesto a la venta en España el segundo número de Kriss de Valnor: La Sentencia de las Valquirias (hablaremos más de él en nuestra agenda mensual); la única de estas series secundarias con la que de momento se ha atrevido Norma Editorial. Por ahora, os dejo con el trailer de su tercera entrega (Digne d'une Reine), que es justo la aparición thorgaliana más reciente que se ha producido fuera.

domingo, 6 de mayo de 2012

Thorgal (XXII): Gigantes

Rosinski – Van Hamme (1996)
Norma Editorial. Colección Pandora nº 62
Edición original: Géants

Atención: este artículo puede revelar detalles sobre el argumento.

Recuperado el statu quo de la familia tras las injerencias temporales consumadas por Jolan en el álbum anterior, retomamos ahora el protagonismo de Thorgal y nos apartamos momentáneamente de los suyos antes del esperado reencuentro, ya cerca de producirse, cuya evolución da sus primeros pasos lo largo del presente número.

Tras varios años atrapado en la personalidad del cruel Shaigan sin Piedad, a Thorgal sólo le falta un leve empujón para desembarazarse de ese estado de languidez que le aflige desde que no encuentra sentido a una vida de pillajes y tiranía en compañía de su cómplice y amante Kriss de Valnor. El elemento desencadenante que va a sacudir la indiferencia a la que el insatisfecho pirata ya se había resignado es un personaje de su pasado, que vuelve a entrar en acción después de mucho tiempo: Galathorn. Capturado durante uno de los asaltos de la flota de Shaigan, el príncipe de Brek Zarith reconoce inmediatamente a su antiguo aliado en cuanto los hombres del corsario le plantan maniatado frente a su señor exhibiéndole como prisionero de guerra. Esta inoportuna casualidad provoca las iras de Kriss, que temiendo la pérdida del delicado control que ejerce sobre un ya de por sí receloso Thorgal, ordena que el noble sea confinado y apartado ipso facto de la presencia de su compañero. Pero es demasiado tarde. Nada puede evitar ya que Thorgal se interrogue por la súbita reacción de Kriss y por la coincidencia de un nombre que ya ha oído –su verdadero nombre– en boca de otra persona.

El descubrimiento de la verdad pone en marcha definitivamente el cambio de rumbo existencial de Thorgal, al tomar conciencia de su ‘otra vida’ gracias a las revelaciones de Galathorn, con quien intentará huir del castillo costero desde el que ha gobernado sobre los mares circundantes durante años. Incapaz de retenerle a su lado con palabras serenas y promesas –ni aun abriéndole su corazón de un modo sincero– Kriss comienza un forcejeo, apoyada por sus secuaces, antes fieles a Shaigan, que concluye con un Thorgal arrinconado, implorando a los dioses por recobrar su auténtica identidad. Los mismos dioses que le metieron en este atolladero, atienden ahora su clamor para sacarle de él; eso sí, a un caro precio.

El habilidoso arquero deberá acometer una incursión al país de los gigantes, eternos enemigos de los dioses de Asgard, para recuperar un anillo perteneciente a Odín. Sólo el éxito de esta misión podrá garantizarle de nuevo el favor de los dioses para reescribir su nombre en la piedra que alberga la memoria de estos últimos sobre todos los humanos y volver de ese modo a su vida anterior.

Con una escena inicial que nos recuerda gratamente la rivalidad entre Thorgal y Kriss durante la competición de tiro de Los arqueros, la aventura se abre con la pareja pasando revista al último saqueo realizado por uno de sus hombres de confianza, antes de que esta práctica rutinaria se vea sacudida por una aparición del todo inesperada tanto para la pareja como para el lector. Van Hamme recupera a Galathorn y lo reintroduce con un objetivo muy claro: hacer de eslabón entre la vida actual de Thorgal y su memoria desterrada. Recordemos que, cuando Thorgal se despidió del orgulloso príncipe (¡y han pasado nada menos que 15 álbumes desde aquel momento!), este quedaba al mando de un reino moribundo y, por tanto, susceptible aún de sucumbir al asalto de los piratas de Shaigan. Galathorn se descubre nuevamente como un buen aliado de Thorgal durante la lluviosa evasión nocturna que se produce en esta historieta, pero no es el único viejo personaje que vuelve a dejarse ver. Otros secundarios se cuelan, algunos de ellos de rondón, entre las viñetas de estas páginas.

Así, nos encontramos una vez más con la diosa Frigg (o Freya), acompañada por sus gatos alados, que en virtud de su capacidad para conocer el destino de todos los hombres y de ese sentimiento algo maternalista con el que favorece a nuestro héroe, no es la primera vez que acude en su ayuda (como ella misma bien le recuerda). En un volumen que cuenta con los gigantes como invitados excepcionales, también reparamos que entre los presentes en la corte del rey Geirroed se hallan Hjalmgunnar, gigante de los bosques, y Hrun, el señor de los glaciares, a quienes ya vimos en El hijo de las estrellas y Aaricia, respectivamente (ambos tomos siguen constituyendo una fuente de la que emanan muchos argumentos y situaciones clave durante toda esta obra; lo que, en el fondo, era su cometido). Está claro que con un elenco tan rico de personajes principales y secundarios, la serie dispone de una cantera de psicologías diferentes a su alcance a las que recurrir según requiera. Sin duda, para mí, es uno de sus grandes atractivos y puntos fuertes.

Yo no sé si interesa mucho o no que profundice un poco en los capítulos de la mitología nórdica que la colección toma prestados de las grandes sagas escandinavas, pero el caso es que en esta entrega se hace mención directa o indirectamente a un buen montón de ellas. De un lado, Van Hamme realiza una extraña interpretación del Ragnarök (la batalla final que ha de precipitar el fin de los tiempos, enfrentando a dioses y gigantes) según la cual ésta ya se habría producido, dando lugar a la separación entre ambos y al retiro de los primeros al Asgard, el plano superior, y el exilio de los otros a los confines del mundo. Ambas facciones tienen vetado el acceso al territorio de sus oponentes, motivo por el que Frigg solicita a Thorgal –que como humano no está sometido a tal restricción– que sea él quien se infiltre en el reino de los gigantes para la misión que le confía. Y este reino no es otro que el Jötunheim (originalmente separado de Asgard por un río, mientras que aquí lo está por un gran acantilado nuboso, defendido por un atípico guardián), el mundo en el que gobiernan los gigantes, a quienes Rosinski plasma con una visión algo cómica y menos amenazante de lo que a priori uno imagina. Su soberano, Geirroed, se cita en diferentes Eddas –no necesariamente como rey– en el papel de un gigante de la escarcha que es derrotado por Thor o, según la versión, por el propio Odín. Tampoco el nombre de la afable princesita giganta Heidrun es casual, sino que ha sido extraído de estos mismos mitos.

De igual forma, el aro de Draupnir, el brazalete mágico de Odín que Thorgal debe arrebatar a los gigantes como condición para retomar su antigua vida, cuenta con una larga historia y simbología que naturalmente también proviene de las sagas nórdicas. Forjado por los enanos, tenía la capacidad de multiplicarse a sí mismo indefinidamente, por lo que es considerado un icono de fertilidad y procreación del hombre y de su pensamiento. Ya vemos que los autores no dejan puntada sin hilo cada vez que realizan alguna alusión a raíces legendarias, aunque luego las adapten a los propósitos de su relato. Por último, no podemos olvidarnos de la encantadora y espontánea valquiria Swanée, perteneciente a ese grupo de divinidades menores encargadas de llevar al Valhalla a los caídos con honor en el campo de batalla. Será otra de las muchas féminas rendidas a la atracción hacia nuestro arquero (las valquirias no podían ser objeto del amor de los dioses ni de otras criaturas de Asgard, y tan sólo entraban en contacto con los humanos cuando estos ya habían fallecido; de ahí la frustración que sugiere la bella Swanée).

Una vez transcurra este álbum, quedará aparcado temporalmente el tema mitológico –quizá también algo explotado pero, en definitiva, una de las referencias inequívocas de la serie–, que se retomará con fuerza a lo largo de las nuevas aventuras de Jolan que se están publicando actualmente. Y hablando de Jolan, es preciso indicar una errata en esta historieta (¿descuido del guionista? ¿quizá un error del traductor..?), que se comete por boca de Galathorn durante su conversación en privado con Thorgal, cuando menciona la edad de Jolan en la época que se cruzaron los caminos de los dos hombres en el pasado. Decididamente, es imposible que Jolan contara con diez años por entonces (esa sería más bien la edad a estas alturas del chico), puesto que Aaricia dio a luz a su primogénito durante el cautiverio en Brek Zarith, que en el momento de su liberación posterior por Thorgal no tendría más de dos, o a lo sumo tres años.

No sólo de la tradición escandinava se alimenta la serie. En su búsqueda de la inspiración para este tomo, parece bastante claro el guiño que Jean Van Hamme realiza a algunas fábulas clásicas, como el cuento anglosajón Jack y las habichuelas mágicas. Encontramos entre una historia y otra no pocas coincidencias: el protagonista debe cruzar hasta un reino apartado dominado por gigantes, donde acaba robando un tesoro y tiene que huir a toda prisa al ser descubierto, mientras le pisan los talones sus enormes perseguidores. Claro que en cuestión de historias sobre gigantes también acierta en no pocos paralelismos con las andanzas del viajero Gulliver durante su estancia en Brobdingnag, sobre todo durante el fragmento en que Thorgal sirve de mascota de Heidrun, la hija del rey, que enseguida le improvisa un lecho en la cuna de su muñeca preferida; o en el pasaje de la lucha con la rata para demostrar su credibilidad.


En todo caso, más que la hazaña fantástica en el país de los seres que dan nombre a esta entrega, que en el fondo sólo es un pretexto para que Thorgal, por su parte, encauce el curso de su vida previa, resulta de mayor interés y es más plausible la parte que refiere la ruptura definitiva con Kriss y los recursos que ésta emplea para evitar la catástrofe que ello implica. Por encima de su auténtico sentir, es en verdad persuasiva la justificación de la compañera de Shaigan por haberle mantenido a su lado durante todo este tiempo, con una frase que lo resume todo: «Me faltaba un hombre para mandar a los hombres en este mundo de hombres.» A pesar de las tramposas maniobras que intenta también en este número para conseguir sus fines, casi tenemos que concederle  la razón en otra de sus sentencias, tristemente cierta y de validez actual: «Existen sólo dos razas de hombres sobre la tierra: los poderosos y los que les sirven; la multitud que se arrodilla ante sus amos y que paga, sufre y muere para que los poderosos se conviertan aún en más poderosos. Siempre ha sido así desde que el hombre es hombre, y siempre será así hasta el final de los tiempos.» ¡Condenada Kriss de Valnor; fabulosa como siempre! Atentos a la mirada que intercambia la pareja ya disuelta, pues además de constituir la rúbrica al derrumbe de la mentira sobre la que se erigía su relación, contiene un valor muy simbólico, aunque ni ellos mismos aún lo sepan. Por supuesto, Kriss nos reserva una nueva y muy importante sorpresa en el futuro.

¿Encontrará Thorgal finalmente a su familia? Y de ser así... ¿cuál será la reacción de sus abandonados esposa e hijos después de tantos años sin verse? La advertencia de la diosa Frigg se revela profética en este sentido: «Te reencontrarás con la carga de tu destino y el peso de tus faltas.» Pronto lo comprobaremos...

En el artículo anterior del monográfico nos hacíamos eco de la publicación del segundo volumen de Kriss en Los Mundos de Thorgal, la serie paralela que narra nuevas tramas de algunos de los personajes más relevantes de la obra matriz. Desde entonces, hemos asistido al anuncio para septiembre de este año de La main coupée du dieu Tyr (La mano cortada del dios Tyr), segundo tomo de Loba, el otro spin-off en marcha del que dejo una plancha a modo de ejemplo del trabajo de sus creadores, Yves Sente y Roman Surzhenko. No hay novedades en cuanto a la serie principal, pero el desarrollo de tanto 'sucedáneo' hace pensar que quizá no esté lejos su conclusión.

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