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domingo, 6 de mayo de 2012

Thorgal (XXII): Gigantes

Rosinski – Van Hamme (1996)
Norma Editorial. Colección Pandora nº 62
Edición original: Géants

Atención: este artículo puede revelar detalles sobre el argumento.

Recuperado el statu quo de la familia tras las injerencias temporales consumadas por Jolan en el álbum anterior, retomamos ahora el protagonismo de Thorgal y nos apartamos momentáneamente de los suyos antes del esperado reencuentro, ya cerca de producirse, cuya evolución da sus primeros pasos lo largo del presente número.

Tras varios años atrapado en la personalidad del cruel Shaigan sin Piedad, a Thorgal sólo le falta un leve empujón para desembarazarse de ese estado de languidez que le aflige desde que no encuentra sentido a una vida de pillajes y tiranía en compañía de su cómplice y amante Kriss de Valnor. El elemento desencadenante que va a sacudir la indiferencia a la que el insatisfecho pirata ya se había resignado es un personaje de su pasado, que vuelve a entrar en acción después de mucho tiempo: Galathorn. Capturado durante uno de los asaltos de la flota de Shaigan, el príncipe de Brek Zarith reconoce inmediatamente a su antiguo aliado en cuanto los hombres del corsario le plantan maniatado frente a su señor exhibiéndole como prisionero de guerra. Esta inoportuna casualidad provoca las iras de Kriss, que temiendo la pérdida del delicado control que ejerce sobre un ya de por sí receloso Thorgal, ordena que el noble sea confinado y apartado ipso facto de la presencia de su compañero. Pero es demasiado tarde. Nada puede evitar ya que Thorgal se interrogue por la súbita reacción de Kriss y por la coincidencia de un nombre que ya ha oído –su verdadero nombre– en boca de otra persona.

El descubrimiento de la verdad pone en marcha definitivamente el cambio de rumbo existencial de Thorgal, al tomar conciencia de su ‘otra vida’ gracias a las revelaciones de Galathorn, con quien intentará huir del castillo costero desde el que ha gobernado sobre los mares circundantes durante años. Incapaz de retenerle a su lado con palabras serenas y promesas –ni aun abriéndole su corazón de un modo sincero– Kriss comienza un forcejeo, apoyada por sus secuaces, antes fieles a Shaigan, que concluye con un Thorgal arrinconado, implorando a los dioses por recobrar su auténtica identidad. Los mismos dioses que le metieron en este atolladero, atienden ahora su clamor para sacarle de él; eso sí, a un caro precio.

El habilidoso arquero deberá acometer una incursión al país de los gigantes, eternos enemigos de los dioses de Asgard, para recuperar un anillo perteneciente a Odín. Sólo el éxito de esta misión podrá garantizarle de nuevo el favor de los dioses para reescribir su nombre en la piedra que alberga la memoria de estos últimos sobre todos los humanos y volver de ese modo a su vida anterior.

Con una escena inicial que nos recuerda gratamente la rivalidad entre Thorgal y Kriss durante la competición de tiro de Los arqueros, la aventura se abre con la pareja pasando revista al último saqueo realizado por uno de sus hombres de confianza, antes de que esta práctica rutinaria se vea sacudida por una aparición del todo inesperada tanto para la pareja como para el lector. Van Hamme recupera a Galathorn y lo reintroduce con un objetivo muy claro: hacer de eslabón entre la vida actual de Thorgal y su memoria desterrada. Recordemos que, cuando Thorgal se despidió del orgulloso príncipe (¡y han pasado nada menos que 15 álbumes desde aquel momento!), este quedaba al mando de un reino moribundo y, por tanto, susceptible aún de sucumbir al asalto de los piratas de Shaigan. Galathorn se descubre nuevamente como un buen aliado de Thorgal durante la lluviosa evasión nocturna que se produce en esta historieta, pero no es el único viejo personaje que vuelve a dejarse ver. Otros secundarios se cuelan, algunos de ellos de rondón, entre las viñetas de estas páginas.

Así, nos encontramos una vez más con la diosa Frigg (o Freya), acompañada por sus gatos alados, que en virtud de su capacidad para conocer el destino de todos los hombres y de ese sentimiento algo maternalista con el que favorece a nuestro héroe, no es la primera vez que acude en su ayuda (como ella misma bien le recuerda). En un volumen que cuenta con los gigantes como invitados excepcionales, también reparamos que entre los presentes en la corte del rey Geirroed se hallan Hjalmgunnar, gigante de los bosques, y Hrun, el señor de los glaciares, a quienes ya vimos en El hijo de las estrellas y Aaricia, respectivamente (ambos tomos siguen constituyendo una fuente de la que emanan muchos argumentos y situaciones clave durante toda esta obra; lo que, en el fondo, era su cometido). Está claro que con un elenco tan rico de personajes principales y secundarios, la serie dispone de una cantera de psicologías diferentes a su alcance a las que recurrir según requiera. Sin duda, para mí, es uno de sus grandes atractivos y puntos fuertes.

Yo no sé si interesa mucho o no que profundice un poco en los capítulos de la mitología nórdica que la colección toma prestados de las grandes sagas escandinavas, pero el caso es que en esta entrega se hace mención directa o indirectamente a un buen montón de ellas. De un lado, Van Hamme realiza una extraña interpretación del Ragnarök (la batalla final que ha de precipitar el fin de los tiempos, enfrentando a dioses y gigantes) según la cual ésta ya se habría producido, dando lugar a la separación entre ambos y al retiro de los primeros al Asgard, el plano superior, y el exilio de los otros a los confines del mundo. Ambas facciones tienen vetado el acceso al territorio de sus oponentes, motivo por el que Frigg solicita a Thorgal –que como humano no está sometido a tal restricción– que sea él quien se infiltre en el reino de los gigantes para la misión que le confía. Y este reino no es otro que el Jötunheim (originalmente separado de Asgard por un río, mientras que aquí lo está por un gran acantilado nuboso, defendido por un atípico guardián), el mundo en el que gobiernan los gigantes, a quienes Rosinski plasma con una visión algo cómica y menos amenazante de lo que a priori uno imagina. Su soberano, Geirroed, se cita en diferentes Eddas –no necesariamente como rey– en el papel de un gigante de la escarcha que es derrotado por Thor o, según la versión, por el propio Odín. Tampoco el nombre de la afable princesita giganta Heidrun es casual, sino que ha sido extraído de estos mismos mitos.

De igual forma, el aro de Draupnir, el brazalete mágico de Odín que Thorgal debe arrebatar a los gigantes como condición para retomar su antigua vida, cuenta con una larga historia y simbología que naturalmente también proviene de las sagas nórdicas. Forjado por los enanos, tenía la capacidad de multiplicarse a sí mismo indefinidamente, por lo que es considerado un icono de fertilidad y procreación del hombre y de su pensamiento. Ya vemos que los autores no dejan puntada sin hilo cada vez que realizan alguna alusión a raíces legendarias, aunque luego las adapten a los propósitos de su relato. Por último, no podemos olvidarnos de la encantadora y espontánea valquiria Swanée, perteneciente a ese grupo de divinidades menores encargadas de llevar al Valhalla a los caídos con honor en el campo de batalla. Será otra de las muchas féminas rendidas a la atracción hacia nuestro arquero (las valquirias no podían ser objeto del amor de los dioses ni de otras criaturas de Asgard, y tan sólo entraban en contacto con los humanos cuando estos ya habían fallecido; de ahí la frustración que sugiere la bella Swanée).

Una vez transcurra este álbum, quedará aparcado temporalmente el tema mitológico –quizá también algo explotado pero, en definitiva, una de las referencias inequívocas de la serie–, que se retomará con fuerza a lo largo de las nuevas aventuras de Jolan que se están publicando actualmente. Y hablando de Jolan, es preciso indicar una errata en esta historieta (¿descuido del guionista? ¿quizá un error del traductor..?), que se comete por boca de Galathorn durante su conversación en privado con Thorgal, cuando menciona la edad de Jolan en la época que se cruzaron los caminos de los dos hombres en el pasado. Decididamente, es imposible que Jolan contara con diez años por entonces (esa sería más bien la edad a estas alturas del chico), puesto que Aaricia dio a luz a su primogénito durante el cautiverio en Brek Zarith, que en el momento de su liberación posterior por Thorgal no tendría más de dos, o a lo sumo tres años.

No sólo de la tradición escandinava se alimenta la serie. En su búsqueda de la inspiración para este tomo, parece bastante claro el guiño que Jean Van Hamme realiza a algunas fábulas clásicas, como el cuento anglosajón Jack y las habichuelas mágicas. Encontramos entre una historia y otra no pocas coincidencias: el protagonista debe cruzar hasta un reino apartado dominado por gigantes, donde acaba robando un tesoro y tiene que huir a toda prisa al ser descubierto, mientras le pisan los talones sus enormes perseguidores. Claro que en cuestión de historias sobre gigantes también acierta en no pocos paralelismos con las andanzas del viajero Gulliver durante su estancia en Brobdingnag, sobre todo durante el fragmento en que Thorgal sirve de mascota de Heidrun, la hija del rey, que enseguida le improvisa un lecho en la cuna de su muñeca preferida; o en el pasaje de la lucha con la rata para demostrar su credibilidad.


En todo caso, más que la hazaña fantástica en el país de los seres que dan nombre a esta entrega, que en el fondo sólo es un pretexto para que Thorgal, por su parte, encauce el curso de su vida previa, resulta de mayor interés y es más plausible la parte que refiere la ruptura definitiva con Kriss y los recursos que ésta emplea para evitar la catástrofe que ello implica. Por encima de su auténtico sentir, es en verdad persuasiva la justificación de la compañera de Shaigan por haberle mantenido a su lado durante todo este tiempo, con una frase que lo resume todo: «Me faltaba un hombre para mandar a los hombres en este mundo de hombres.» A pesar de las tramposas maniobras que intenta también en este número para conseguir sus fines, casi tenemos que concederle  la razón en otra de sus sentencias, tristemente cierta y de validez actual: «Existen sólo dos razas de hombres sobre la tierra: los poderosos y los que les sirven; la multitud que se arrodilla ante sus amos y que paga, sufre y muere para que los poderosos se conviertan aún en más poderosos. Siempre ha sido así desde que el hombre es hombre, y siempre será así hasta el final de los tiempos.» ¡Condenada Kriss de Valnor; fabulosa como siempre! Atentos a la mirada que intercambia la pareja ya disuelta, pues además de constituir la rúbrica al derrumbe de la mentira sobre la que se erigía su relación, contiene un valor muy simbólico, aunque ni ellos mismos aún lo sepan. Por supuesto, Kriss nos reserva una nueva y muy importante sorpresa en el futuro.

¿Encontrará Thorgal finalmente a su familia? Y de ser así... ¿cuál será la reacción de sus abandonados esposa e hijos después de tantos años sin verse? La advertencia de la diosa Frigg se revela profética en este sentido: «Te reencontrarás con la carga de tu destino y el peso de tus faltas.» Pronto lo comprobaremos...

En el artículo anterior del monográfico nos hacíamos eco de la publicación del segundo volumen de Kriss en Los Mundos de Thorgal, la serie paralela que narra nuevas tramas de algunos de los personajes más relevantes de la obra matriz. Desde entonces, hemos asistido al anuncio para septiembre de este año de La main coupée du dieu Tyr (La mano cortada del dios Tyr), segundo tomo de Loba, el otro spin-off en marcha del que dejo una plancha a modo de ejemplo del trabajo de sus creadores, Yves Sente y Roman Surzhenko. No hay novedades en cuanto a la serie principal, pero el desarrollo de tanto 'sucedáneo' hace pensar que quizá no esté lejos su conclusión.

4 comentarios:

Loren dijo...

¡Que pena que una vez más no pueda (o no deba) leer una de estas reseñas! He visto por encima el contenido, pero sin entrar en detalles, también las imágenes, pero hace tiempo que no leo un álbum nuevo.

Y esto me recuerda, una vez más, que debo hacerme con otra entrega para mi colección.

En lecturas me quedé en "Más Allá de las Sombras". En compras... "El Hijo de las Estrellas" (con David el Gnomo xDD).

Jolan dijo...

Comprensible, Loren. Es una serie muy extensa y aún la relectura para preparar el monográfico, de por sí más pausada para no perder detalle, ya ves que me lleva su tiempo.

Sin lugar a dudas, Tjhazi es un amable homenaje a la obra de W. Huygen y R. Poortvliet, en quien a su vez se debió inspirar Claudio Biern Boyd para la creación de nuestro querido David el Gnomo. :)

Saludos.

Loren dijo...

¡No sabía esa referencia de David el Gnomo! Vamos, lo que más me llamó la atención del álbum cuando lo estuve ojeando fue precisamente ese homenaje que comentas, me pareció tremendamente vistoso. Le da un toque diferente, como he visto que comentas en este con el cuento de Jack y las habichuelas mágicas.

Una de las cosas que más me gustan de Thorgal son este tipo de referencias, da un sabor al tebeo magnífico.

Jolan dijo...

Pues así es, ya ves... no tanto hacia David el Gnomo por sí mismo, como hacia la figura de éste gracias a la modelización de los gnomos que generalizaron estos autores (un día tengo que hablar del mítico libro Los Gnomos, de Poortliev y Huygen), de la que una mayoría de países europeos se hicieron eco para series de animación, muñecos, etc. Yo tampoco sabía de esa toma de referencia hasta que, no hace mucho de hecho, me estuve informando gracias a otro visitante del blog.

Efectivamente, las referencias son uno de los puntos fuertes de Thorgal, como también la plantilla entrante y saliente de personajes. Ya me irás contando según los leas, pero verás que en cuanto profundices algo más en la colección te vas a topar con personajes alucinantes, como Kriss.

Saludos.

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