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domingo, 18 de abril de 2010

Bokko


Si la memoria no me falla, Bokko, de Hideki Mori, debe de ser el primer manga puro y duro del que hablo por aquí. Y es que ni soy especialmente aficionado al cómic japonés, ni entre lo que yo he leído hasta ahora del mismo puedo decir que haya dado con demasiadas cosas destacables, aunque por supuesto en el género las hay y mucho. Pero el entusiasmo de algunas opiniones y otras críticas positivas me llevaron a darle una oportunidad a esta obra: después de cuatro tomos, tengo que reconocer que se trata de una serie recomendabilísima y capaz de agradar a un sector realmente amplio de lectores, más allá de los habituales al manga. Para mi, desde luego, el balance hasta el momento está siendo bueno.

Bokko es un manga histórico de corte bélico ambientado en la China de los Siete Reinos Combatientes (que se establece, todavía sin una claridad exacta de fechas, entre los s. V y III a.C.). Y lo cierto es que tampoco el tema -a pesar de gustarme mucho la historia antigua- se trataba de uno de mis preferidos, de esos sobre los que uno va buscando leer más en el medio que sea, por tanto también en cómic. Así que algo tendrá este tebeo japonés para enganchar indefectiblemente a quien se sumerge entre sus páginas. El enfoque es la clave: la verosimilitud, la manera de narrar los acontecimientos, los ingeniosos golpes de efecto constantes del guión y un ritmo endiabladamente adictivo que se sostiene como a golpe de diapasón un número tras otro. Que sí, que ya sabemos todos lo que se dice sobre las comparaciones, pero he oído de gente a la que le ha inspirado una sensación similar a la proporcionada por la lectura de El lobo solitario y su cachorro, que a tenor de la opinión general ya es apuntar bien alto. Y no digo esto como un déclic para su compra, pues puede presumir por si mismo de calidad suficiente sin tener que establecer semejanzas, pero es verdad que de no recomendarse por una vía u otra y si no eres precisamente otaku, no es fácil reparar en este tebeo entre la multitud de novedades que acaparan las estanterías. Ponent Mon es quien se puso manos a la obra y nos ha traído diligentemente a España los once tomos que componen la serie. A la relativa celeridad de su publicación hay que oponer alguna que otra jugarreta editorial que comentaré más adelante.


Antes de extenderme en otros puntos, veamos de qué va el relato que se nos presenta. Como decía, el marco elegido es el de la antigua China de una época en la que se hallaba dividida en reinos de inestables fronteras que guerreaban indiscriminadamente unos con otros por la supremacía del territorio. En este escenario tan hostil surgió una organización que representaba todo lo contrario: Mo Jia, bajo el liderazgo de su fundador Mo Zi e integrada por una comunidad de hombres (los Mo Zhe) en parte monjes y en parte guerreros, que propugna un decálogo de valores pacifistas y antimilitaristas para estar en comunión con el espíritu. Pero como se dice que para garantizar la paz a veces no queda más remedio que recurrir a las armas, los miembros de Mo Jia son consumados guerreros especializados, eso sí, en técnicas de combate de naturaleza estrictamente defensiva, limitándose en particular a la defensa de la población de aquellas ciudades injustamente sometidas al abuso por medio de asedio; misión que cumplen altruistamente a la perfección con abnegada entrega, aun a riesgo de sus propias vidas, lo cual les ha hecho ganarse una temible fama.

Nos encontramos en este periodo de guerras cuando un ejército de más de diez mil combatientes procedente del reino de Zhao se dispone a atacar la ciudad fronteriza de Liang (en el vecino reino de Yao) de apenas cuatro mil habitantes, incluyendo mujeres y niños, en su mayoría campesinos y gente humilde. Siendo un momento sumamente complicado al que se enfrentan, los dirigentes de Liang no dudan en realizar una petición urgente de auxilio a Mo Jia como su única oportunidad de no salir mal parados en un choque tan desigual. La ayuda de los Mo Zhe acaba llegando, sí, pero para sorpresa de Liang sólo se presenta un único miembro de la orden en la que habían depositado todas sus esperanzas. Más adelante empezaremos a conocer las motivaciones de Mo Jia que dan lugar a esta situación, pero ya de entrada ese intimidante guerrero solitario -el señor Ge Li- recio, bajito, austero, de mirada hierática y escasa sonrisa demente, tendrá que lidiar con el pasmo de las gentes de Liang y la indignación de sus aristócratas para dar la vuelta a una coyuntura que parece no tener solución, con el enemigo a las puertas de la ciudad. Sin embargo, al estupor y reticencia iniciales le sucederá una obediencia casi reverencial, tras comprobar que las indicaciones del señor Ge Li no sólo funcionan, sino que logran desequilibrar las fuerzas que amenazan la seguridad e independencia de la pequeña ciudad de Liang, llegando incluso a poner en jaque al ejército liderado por el brillante general Xiang Yan Zhong, de Zhao.


La primera parte de la colección, que abarcaría estos tomos del 1 a 4 hasta ahora leídos, no te puede mantener más en vilo. Un asedio de varios meses que no conoce el tedio, desarrollado en forma de pequeños episodios que suponen un nuevo reto para cada una de las partes implicadas en el mismo. Y con la virtud de no dilatar excesivamente la acción, error al que sucumben ad náuseam muchos mangas, sino que la va dosificando capítulo a capítulo en su justa medida; una manera de dispensar la trama que permite el enganche asegurado y compulsivo.

Sin duda, uno de los aspectos más emocionantes a lo largo de estos episodios es ir descubriendo cómo el carismático Ge Li se las apaña para llevar a cabo la empresa que se ha impuesto, siguiendo los preceptos de los Mo Zhe. De esta forma, el astuto y achaparrado hombrecito empieza por estructurar a toda la población en unidades organizadas de defensa, poniendo desde el noble más acaudalado hasta el más mísero labriego a luchar codo con codo, con las lógicas discrepancias y roces que esto ocasiona al principio, para concienciarles de que la única manera que tienen de salir con vida es permanecer juntos en el frente contra sus agresores. Les enseña cómo actuar ante una pretendida oferta de rendición y cuál debe ser su reflexión si desean preservar la libertad; inculca la importancia de ampliar y reforzar la muralla, aunque suponga despojar al palacio real de sus sillares, les adiestra en técnicas de combate que van desde la mejora de sus ineficaces lanzas de bambú, fundiendo para ello sus aperos de labranza si es necesario, hasta los trucos para detectar a espías escondidos en la urbe. Y cuando las primeras e inevitables bajas se producen, les infunde el valor suficiente para continuar en pie y no desfallecer, incluso a pesar de que a él mismo le pueda costar a veces mantener el tipo.


El duelo intelectual entre Ge Li y Xiang Yan Zhong se revela asimismo como uno de los puntos más apasionantes de este comienzo de la serie y nos permite comprender las razones de uno y otro bando, representados en estos dos honorables hombres que, aun en las circunstancias que los enemistan, se reconocen un mutuo respeto. Dos mentes privilegiadas opuestas, como en un tablero de ajedrez, disputando una larga partida en la que cada movimiento de ficha es más agudo y enrevesado que el anterior: recorte del abastecimiento, zapadores, desafíos personales, máquinas de guerra, deserciones, infiltración de asesinos... cada tentativa del general de Zhao obtiene su réplica por parte del ceñudo Mo Zhe. Pero lo mejor de todo es que el autor consigue contárnoslo de una manera creíble, sin recurrir a exageraciones ni fantasmadas difícilmente asumibles que serían impropias de lo que se espera de sus protagonistas, sino siendo fiel a sus reacciones lógicas y su capacidad de respuesta real.


Por este motivo, y hasta el punto alcanzado en la lectura, no puedo atribuirle fallos a un guión tan entretenido como sensato y bien construido. Guión, por cierto, para el que el autor ha contado con la colaboración de Sentaro Kubota, si bien no podemos omitir que la idea original proviene de la novela homónima de Kenichi Sakemi (que obtuvo en 1992 el premio literario Atsushi Nakajima), llevada al cine en 2007 en una coproducción entre Japón, Corea y China (desde luego, la historia merece ser versionada en este medio, aunque desconozco si el resultado obtenido por el director Jacob Chang estuvo a la altura). En la parte gráfica, Hideki Mori se muestra austero, sobre todo en lo que tiene que ver con ambientes y escenarios de fondo (la misma Liang parece que estuviera ubicada en medio de un erial) pero compensada con creces gracias a la caracterización y psicología de los personajes principales -que destacan, como es lógico, entre la masa de guerreros de uno y otro lado-, por medio de un estupendo trabajo de las anatomías y subrayando su expresividad en un relato donde el temor, la rabia, la decepción o el triunfo se dan el relevo de una página a la siguiente. Además, no sólo los dos líderes protagonistas reflejan estos atributos, sino que personajes como el rey de Liang y su hijo, el príncipe Liang Shi, los lugartenientes que comandan los ataques y, sobre todo, el inolvidable Cai Qui (que nos regala intervenciones deslumbrantes y está ahí para personificar la tenacidad del pueblo) son igualmente receptores de este característico trazo humano. Apuntar también el énfasis del autor por resaltar gráficamente los aspectos estratégicos y su gusto por esquemas tácticos que salpican las viñetas cada cierto tiempo. Tenemos así una historia cuya principal baza es una sobrada riqueza argumental, con un dibujo en blanco y negro muy adecuado, aunque algo sobrio y poco detallista.

Ahora bien, aunque la narración tenga un constante tono castrense y el pulso marcial entre dos enemigos a ultranza se mantenga todo a lo largo de estos números iniciales, posee un carácter de denuncia antibelicista que representa el mismo lema de los enigmáticos Mo Zhe: toda guerra constituye el acto más reprobable e inmoral que puede cometer el hombre. En este sentido, no faltan ni el caos salvaje de las batallas, ni la brutalidad sanguinaria de los soldados en plena fiebre ofensiva o la crudeza de escandalosas heridas y muertes atroces, pero siempre justificadas, no haciendo por tanto hincapié en estos elementos sino integrándolos con la normalidad que cabe dentro de la sucesión de embites guerreros, como una parte más de este feo sinsentido que es la guerra.


He de aclarar que el formato de lectura es el original japonés, esto es, con sentido de lectura de derecha a izquierda. Lo sé, no estoy descubriendo América para los habituales al manga, pero en mi caso fue algo nuevo. Poco acostumbrado a esta modalidad, al principio lo encontraba un inconveniente. Craso error por mi parte; lo inapropiado hubiera sido adaptarlo al sentido occidental con el consiguiente e indeseado efecto espejo que eso conllevaría, además de que no cuesta nada hacerse a la orientación inversa a la nuestra. Por otro lado, nada que objetar a la edición con buenas sobrecubiertas de Ponent Mon, si no fuera por la desagradable sorpresa que supuso encontrarme en el último Expocómic de Madrid la serie completa a un precio casi de saldo, inferior a lo que había pagado por los tomos ya comprados (11€ cada volumen). A pesar que apenas hacía un tiempo escaso se había completado la publicación íntegra de Bokko, puedo entender la maniobra comercial de la editorial visto su comunicado de meses atrás, pero no deja de ser indignante para el sufrido seguidor de la colección en su lanzamiento individual (eso sí, imagino la alegría de quienes pudieran aprovechar semejante chollo).


Reconozco que la faena me ha hecho plantearme en serio si continuar la lectura de los siguientes números, entre otros aspectos porque me temo mucho que Bokko pudiera haber caído en el mismo defecto de otros tantos mangas, que se prolongan indefinidamente mientras son rentables para interrumpirse de forma brusca cuando dejan de dar dinero, ofreciendo un final torpe y apresurado. Confío que no sea el caso, pero da mucho que pensar que la obra estuviese inicialmente concebida para unas cuatro o seis entregas -por lo que tengo entendido- y que al final haya alcanzado las once. No obstante, si os gustan los buenos relatos de asedios y estrategia, no deberíais dejarlo pasar. Como yo, siempre podéis deteneros en estos cuatro primeros tomos que abarcan el episodio de Liang y que son una magnífica trama más o menos autoconclusiva, aunque naturalmente quedan evidentes cabos sueltos que aseguran una intrigante continuidad (la cual se intuye enfocada al futuro inmediato de Ge Li en relación con su pasado en Mo Jia y los posibles nuevos intereses de esta organización de monjes-guerreros). Lo dicho, aunque seáis reacios al manga, no dejéis de echarle un vistazo.

8 comentarios:

Pedro Camello dijo...

Bueno, qué sorpresa. No espera esta reseña la verdad.

Yo he leído los seis primeros, no pude continuar la colección porque donde vivo llega lo que llega y cuando llega. Pero lo cierto es que me conformo con el primer arco argumental, me imaginaba que pasaría lo que dices, que la serie caería en un ciclo constante y perdería el interés y la sorpresa del inicio.

Lo cierto es que la disfruté mucho en su día, es una gran historia con muy buenos personajes (sobre todo los secundarios) muy bien desarrollados como el hijo pródigo del rey, el campesino pusilánime que se acaba convirtiendo en lugarteniente, el hombre dragón etc... Por cierto, no mencionas la brutalidad y lo truculento de algunas escenas, el dibujante las muestra con todo detalle y con ese estilo suyo de aspecto un tanto sucio que contribuye bastante a reflejar la guerra en toda su crudeza y despojándola de aires épicos.

En fin, muy recomendable.

Jolan dijo...

Mis sospechas de que la serie cae en situaciones redundantes se funda en comentarios leídos por la red, claro que tan pronto me he encontrado con gente que afirma que la cosa pierde interés como con otra que valora mejor los nuevos derroteros que adquiere. La verdad, a mi me parece que el ciclo de Liang tiene un desenlace que perfectamente podría tomarse como definitivo. A partir de ahí, 'huele' a haber querido alargar la historia innecesariamente... No he decidido todavía si la continuaré; aún me dura un poco el enfado con Ponent Mon.

Aunque el relato maneja pocos personajes, están realmente bien desarrollados, sí. A mi me encantó el mismo Ge Li, siempre anticipándose a los movimientos de su contrario o sabiendo reaccionar a tiempo ante estos. Pero efectivamente es Cai Qui quien se lleva la palma. Y también mola mucho el hombre ¿dragón? ¿topo?...

Ah, sí, sí... lo comento también: "En este sentido, no faltan ni el caos salvaje de las batallas, ni la brutalidad sanguinaria de los soldados en plena fiebre ofensiva o la crudeza de escandalosas heridas y muertes atroces, pero siempre justificadas", aunque quiza no haya incidido suficientemente en ello. Realmente, es difícil pasar este aspecto por alto, pero como digo, creo que el autor no se regodea en estas escenas, sino que están ahí para mostrarnos la dureza de la guerra.

Saludos!

Toni dijo...

A mí me sorprende tambien esta reseña japo. Creo que en la carcel de papel lei que estaban bien, y eso más el argumento belico hizo decidirme a comprarla. Me pille los cuatro primeros que me gustaron bastante. Luego la deje por falta de solvencia económica y cuando quise retomarla me entere que Ponent mon la habia descatalogado. No se, me imagino que sera cuestión de ver los tomos sueltos por alguna librería.
Saludos

Jolan dijo...

Jeje, vale... sé que no es muy frecuente ver manga aquí, pero en este caso la obra lo merecía. No me cierro a ninguna clasificación, siempre que haya una buena historia detrás. :)

Toni, no creo que te resulte muy difícil encontrar los siguientes números, aunque si te has leído los cuatro primeros ya tienes, a tenor de lo expuesto, seguramente lo mejor de la serie.

Saludos.

Pardi dijo...

Como siempre me encantan tus entradas... me dan ganas de salir corriendo a comprarlos. Aunque como dice Toni no se puede comprar todo.... me regalé por mi cumple el de Maus, ahora sólo me falta tiempo para leer todos los que tengo pendientes. Salu2

Jolan dijo...

Te entiendo perfectamente, Pardi. Si compráramos todos los comics que nos gustaría o nos dan buen feeling, tendriamos que salirnos de casa para meterlos dentro XD.

¡Buen regalo el que te has hecho! ;)

Umbriel dijo...

"me temo mucho que Bokko pudiera haber caído en el mismo defecto de otros tantos mangas, que se prolongan indefinidamente mientras son rentables para interrumpirse de forma brusca cuando dejan de dar dinero, ofreciendo un final torpe y apresurado"
Yo lo leí hace unos meses y pasa exactamente eso. Los cuatro primeros tomos están muy bien, pero luego cae en un ciclo continuamente repetitivo y al final... pasa todo de golpe, con prisas y de forma nada convincente. Teniendo en cuenta lo bien que empezó, el final no es nada del otro mundo. Yo recomendaría, a aquello que quieran probarlo, que se limiten a los cuatro primeros tomos. Son los que merecen la pena.

Juan dijo...

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