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jueves, 17 de diciembre de 2009

Thorgal (XIV): Aaricia

Rosinski – Van Hamme (1989)
Norma Editorial. Colección Pandora nº 46
Edición original: Aaricia

Atención: este artículo puede revelar detalles sobre el argumento.

Como segunda pausa antes de adoptar un nuevo cambio de dirección, ya dejando atrás uno de los momentos más sobresalientes de la serie, llega este tomo de historietas cortas a imitación del formato elegido en El hijo de las estrellas. Si aquel se dedicaba a narrarnos algunos de los acontecimientos más significativos de la niñez y adolescencia de Thorgal que marcarían sus posteriores vivencias, esta entrega hace lo propio con la que ya se declara su eterna compañera: Aaricia. Una mujer que, como ya hemos podido constatar, sin perder un ápice de su instinto maternal y su habilidad para tomar las riendas de la familia, hace gala de un coraje y una capacidad de superación y sacrificio difícilmente imitables que no conocen de los remilgos femeninos asociados a otras compañeras heroicas. Facetas que se verán sobradamente afirmadas en números futuros, pero que empiezan a despuntar desde su más tierna edad.

Este álbum personalizado (bajo modalidad de relatos independientes que hasta la fecha no ha vuelto a repetirse) nos presenta cuatro pequeñas aventuras espaciadas entre sí por un cierto periodo de tiempo, pasando de la candidez infantil de Aaricia a su apertura como futura mujer de Thorgal. A lo largo de esta etapa, aun teniendo el arquero algunos años más que ella, vemos establecerse entre ambos niños una fuerte unión y un vínculo protector que les lleva a buscarse y ampararse el uno en el otro desde el principio, tejiendo un amor de juventud -pese a las diferencias sociales que les afectan- testigo de que se hallaban destinados a estar siempre juntos.


Esas historietas que constituyen un retorno a los orígenes del personaje, publicadas previamente en la revista Tintin entre 1984 y 1988 antes de ser recopiladas en volumen, son las siguientes:

En La Montaña de Odín la pequeña Aaricia se acaba de quedar huérfana de madre y decide escaparse del poblado vikingo para seguirla, convencida de que -tal y como le ha contado su padre Gandalf el Loco, por entonces uno de los poderosos guerreros de la tribu- se ha marchado hacia un gran palacio sobre la montaña sagrada del dios Odín. Por el camino se encuentra con unos misteriosos seres que se ofrecen a ayudarla y se presentan a si mismos como elfos de la floresta (puntualicemos aquí que bajo la concepción escandinava no tenían nada que ver con la figura heredada por la imagen que de ellos nos dejó la literatura post-Tolkien, sino que se trataba más bien de espíritus del aire y la naturaleza).


Algunos hombres salen en su busca y un jovencísimo Thorgal les acompaña, dando con ella por su cuenta: Aaricia parece encaminarse hacia las blancas cimas montañosas y él debe evitar que corra peligro alguno. La aventura supone para la pequeña su personal despertar a una realidad de la que, en el fondo, ya era consciente; experiencia que resultará menos dura gracias a su ángel guardián: el muchacho al que casi todos en la aldea parecen despreciar.

Pasados unos años, es el relato Primeras nieves el que nos muestra a Leif Haraldson, jefe de los vikingos del norte y padre adoptivo de Thorgal, emprendiendo su viaje al Valhalla mientras deja atrás una vida terrenal colmada de gloriosas victorias y sabio gobierno. Una grave pérdida para todos, salvo para quien aspira a ocupar su lugar y usurpar sus posesiones: Gandalf el Loco. Considerado bastardo entre su gente, Thorgal sabe que no tiene posibilidades de sobrevivir al afán de poder de Gandalf ahora que Leif ha desaparecido. De modo que emprende la marcha antes de que caigan los primeros copos del invierno, a pesar de que Aaricia le suplica que se quede.

Desolada por la suerte que su amigo pueda correr durante los rigores de la fría estación, la chiquilla pergeña una treta para garantizar la seguridad de Thorgal y su regreso sano y salvo al poblado. El empuje de sus crecientes sentimientos le proporciona la astucia necesaria para que su espontáneo plan surta el efecto deseado.


El tiempo sigue transcurriendo a medida que Aaricia y Thorgal traspasan el umbral de la niñez. El hecho de que Aaricia sea una princesa de los vikingos no la distancia de su futuro amado. Sólo la vigilante presencia de Hierulf el Pensador, enviado del gran consejo del Althing para sostener el cumplimiento de las leyes ancestrales, asegura que Gandalf no pueda tomarla con el escaldo, que aún así ha de vivir apartado de la aldea y sin poder recibir la instrucción guerrera de los chicos de su edad.

Una pelea accidental entre Thorgal y Bjorn, el hijo de Gandalf, hace que ambos tengan que dirimir sus disputas batiéndose en una Holmganga, un ritual de justicia que no finaliza hasta la muerte de uno de sus contendientes. En realidad todo es una trampa urdida por el demente jefe vikingo para desembarazarse de Thorgal de una vez por todas. Pero una vez más, Aaricia se interpondrá en los designios de su padre, demostrando un enorme valor y salvando la vida del joven héroe en ciernes.

Para finalizar, Las lágrimas de Tjahzi es una preciosa historia entre dioses y hombres que entronca con la fábula vivida por Thorgal en El metal que no existía (ver El hijo de las estrellas) y, al igual que en esta, es la que despliega un mayor grado de fantasía. De hecho, se nos desvela la incógnita planteada en aquellas páginas: ni más ni menos que la explicación del nacimiento de Aaricia y el porqué de su íntima unión a Thorgal. Aaricia trata de ayudar a Vigrid, un sencillo dios menor cegado por un gigante, a encontrar el camino de vuelta al Asgard, el plano de las deidades nórdicas inaccesible para los mortales. Una aventura onírica en la que una Aaricia ya no tan niña muestra nuevamente su naturaleza generosa y sus recursos ocultos.


Al estar íntegramente ambientado en tierras vikingas, este álbum nos permite asistir a numerosas escenas de las que aprendemos, por medio de las detalladas viñetas de Rosinski, algunas de las costumbres sociales escandinavas. Así, se menciona la organización de las comarcas nórdicas en los Things (asambleas regionales) y el Althing: consejo superior formado por todos los clanes, que promulgaba las leyes y administraba justicia. Surgido en Islandia durante el s. X, el Althing (del que Hierulf el Pensador aparece en este volumen como uno de sus representantes) sólo tenía una autoridad relativa, al no contar con un verdadero poder ejecutivo.

Aunque podían variar mucho de unos lugares a otros, los rituales funerarios como al que son entregados los restos de Leif (un drakkar en llamas lanzado a la mar, el difunto -espada encima- con buena parte de su ajuar hasta el momento de su encuentro en el más allá con Odín) eran bastante comunes. Claro que esto dependía en gran medida de su rango. En ocasiones, la embarcación era sustituída por un trineo o un carro, y podía ir acompañada además de por los útiles diarios, por animales -e incluso por sus esclavos- sacrificados expresamente para el acto. Asimismo, somo espectadores del rito de justicia de la Holmganga, el juicio de Odín. Se sabe poco de esta ceremonia (cuyo nombre significa 'el camino de la isla' y es mencionada en la saga de Egill Skallagrimsson) pero no es difícil suponer que, como los frecuentes duelos de la época, se trataba de un combate a muerte del que su vencedor salía reforzado.

Por otra parte, una nueva lección de mitología nórdica se presta entre sobrecogedores parajes septentrionales: los mentirosos demonios Nixes, los palacios del Asgard, gigantes, dragones, pegasos, el mágico Bifrost, etc.


Ahora que conocemos mejor a Aaricia será más fácil ver su evolución y sobre todo comprender la compleja coyuntura personal por la que pasará dentro de unos cuantos números este indispensable personaje.

9 comentarios:

Pardi dijo...

La verdad es que tiene muy buena pinta ,pero el otro día vi el nuevo de Thorgal y veo que ya han sacado muchos números.... por lo que veo un poco difícil ponerme al día.Un saludo.

Toni C. dijo...

Enhorabuena como siempre, Jolan, cuando sacas uno más de este imprescindible monográfico.

Jolan dijo...

Pardi:
Lo entiendo: una colección que ya va por 32 números echa para atrás a alguien que la quiere empezar.

De todas formas, yo siempre recomiendo a la gente que se interesa por Thorgal y no lo ha leído antes que pruebe con uno de los álbumes más o menos independientes, por ejemplo, 'Los arqueros' o 'Alinoe'. Así, aunque decida no continuar, habrá leído en todo caso una buena historieta.

Toni C.:
Gracias a ti por seguir el monográfico ;)

Saludos!

Toni C. dijo...

Yo recomendaría los tres ancianos del pais de Aran, tambien autoconclusivo. Yo fue el tebeo que trajo mi hermano mayor a casa cuando yo era un chavalillo y mi puerta de entrada a Thorgal.
Saludos.

Jolan dijo...

También es una buena elección para empezar, sí.

Giuseppe dijo...

Quisiera desear a Adalides blog y a su redactor jefe Jolan una feliz Navidad.

Jolan dijo...

¡Te deseo igualmente una Feliz Navidad, Giuseppe, agradeciéndote tu paso por aquí durante este año que ya casi nos deja!

Valentín VN dijo...

No es que tenga mucho que ver con la entrada, pero...
¡Feliz Navidad!

Olrik dijo...

Tierna infancia y juventud divino tesoro.
¡ Que crueles era los vikingos !

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