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lunes, 21 de julio de 2008

Percevan (III): La espada de Ganaël

Luguy - Léturgie - Fauche (Glenat. 1984)
Grijalbo. Ediciones Junior (1986) / Norma editorial (2008)
Edición original: L'épée de Ganaël

Atención:
este artículo puede revelar detalles sobre el argumento.

Llegamos al tercer Perceván, primer título independiente que desarrolla un periplo de ambiente tenebroso y envuelto en un clima de inquietud que hace de esta entrega una aventura muy atrayente, con un punto de intriga que la convierte en especial. No en vano, se trata de un álbum que, hasta el momento de la reedición por Norma (desde este mes se encuentra de nuevo a la venta) se convirtió en la historieta de Perceván más difícil de conseguir; no sé muy bien por qué, quizá por una tirada más limitada de Grijalbo en su día.

El caso es que ya podemos disfrutar nuevamente de este viaje que Perceván inicia para buscar en esta ocasión a un amigo de la infancia, al cual perdió la pista cuando partió a la corte para ser nombrado caballero, y que parece haberse entregado a un culto oscuro y a la práctica de las artes de ultratumba. De algún modo llega a oídos de Perceván la noticia de que su viejo amigo se encuentra refugiado en un castillo 'que nace de entre las brumas' y siguiendo este rumor se dirige a su encuentro. Arrastrando consigo al alegre Kervin, la pareja se adentra en una comarca inhóspita, sumida en el miedo; una región que, azotada por viento y la lluvia, se halla bajo la funesta influencia de la fortaleza.


De esta forma, tras una larga cabalgada con el castillo a la vista pero siempre lejano en el horizonte, se detienen en una aldea de pescadores que viven aterrorizados por la desaparición de varias personas a las que unos diabólicos jinetes negros, que empuñan temibles espadas ígneas, convocan desde hace varias lunas. Cuando Perceván frustra los planes de estos jinetes desfigurados, que se deben al señor del castillo, se pone en marcha todo un plan para evitar que el noble caballero logre acceder a su misterioso destino. Alguien parece empeñado en que nunca alcance el lugar en el que tienen su origen todas las calamidades de la región.

La historia de Ganaël nos muestra a un personaje que es como el reverso maligno de nuestro héroe, y el lector no puede dejar de preguntarse sobre la identidad del extraño señor del castillo, que oculta su rostro hasta el final, y que desde la distancia mueve los hilos para que Perceván no pueda llegar hasta él y evitar así su condenación. Un resto de aquel remoto afecto que les unía hace que el antagonista de este álbum se muestre reticente a procurar un daño directo a su antiguo compañero de armas, por lo que la aventura se convierte en una constante interposición de escollos sobre caballero y juglar, y cómo estos los van superando hasta el momento del enfrentamiento último. La espada echada a perder que antaño transformó la honorabilidad de Ganaël en vileza se ha convertido en el símbolo de las envidias que oscurecieron el alma del otrora alter ego de Perceván. Una espada que se alimenta de los rencores de su poseedor, consagrada a un círculo de invocaciones que es el epicentro del mal que gobierna el territorio.


En esta carrera de trampas, nuestros protagonistas todavía tendrán que atravesar un bosque acosado por una terrible bestia salvaje y la mirada vigilante de un enjambre de cuervos, espías de mal agüero, enviados por su enemigo. Veremos que Perceván está a punto de caer ante uno de estos obstáculos cuando se topan con un torreón en mitad del bosque, en el que el caballero Gralón retiene a la bruja Morgana, ante cuyos encantos sucumbe nuestro joven héroe, mostrando de nuevo cuál es una de sus principales debilidades. Dicho sea de paso, la partida de ajedrez que disputan Gralón y Perceván por la liberación de Morgana no es una escena baldía, y retrata en realidad el famoso enfrentamiento sobre el tablero que en 1851 tuvo lugar en Londres entre los jugadores Anderssen y Kieseritsky, y que consiste en una baza conocida por los especialistas como 'la inmortal'.


Así pues, Perceván y Kervin ceden momentáneamente a los encantos de la bruja y caen en su telaraña, siendo retenidos en el viejo torreón a modo de descanso del guerrero y sin ser conscientes del transcurso de las estaciones. Y nosotros también caemos en ese embrujo con los elaborados dibujos que Luguy nos regala en esta parte del episodio en particular. Cuando finalmente logren vencer a sus tentaciones -y aquí vemos que no todas las mujeres le quieren bien a Perceván-, se aproximarán al fin al inalcanzable castillo. Sin embargo, antes tendrá lugar una importante escena que muestra un encuentro memorable en la ermita en la que se ven obligados a hacer un alto y que les cobija de la fuerza de los elementos: el feliz encuentro de Kervin con Guimly y su adopción como mascota. Parece que tanto Luguy como Léturgie consensuaron, a estas alturas de la colección, la necesidad de que Kervin, afianzado ya como claro sidekick del personaje principal, contara con un apoyo más interactivo, por así decirlo, que el pobre Aníbal. Tiene de este modo lugar la introducción de la típica mascotilla graciosa que, como el Milú de Tintín, va a tomar partida en numerosas ocasiones en el curso de la acción. Amor a primera vista entre el regordete juglar y la simpática criatura.


Como decía, y aun cuando todavía falta por pulir algunos aspectos, se trata de un álbum gráficamente notable, en el que Luguy sabe esbozar a la perfección el ambiente lúgubre que impregna toda la aventura, los caracteres y rasgos principales de los protagonistas ya están formados y goza de un guión que nos mantiene en vilo a través de las numerosas y variadas correrías de los personajes hasta el momento de aventurarse en el tenebroso castillo, momento que cuenta con unas páginas de una composición realmente impactante. Como en otros tomos, los autores no vacilan a la hora de ofrecer un pequeño homenaje a amigos y colaboradores, como es el caso de las caricaturas de François Walthery (el cazador paleto del bosque), creador de la serie Natacha, o de Bruno Bouteville, entintador de El sepulcro de hielo (uno de los maleantes que frecuenta Ganaël en sus primeras empresas de dudosa reputación).


En fin, una de mis aventuras preferidas de Perceván, que deparará situaciones más allá de hasta donde ahora el lector puede imaginar, pues no olvidemos que todo suceso que acontece en cada álbum suele tener su consecuencia o reflejo varios números después. Ahora ya no hay excusa para hacerse con este título, a pesar de que la distribución de Norma está generando cierto descontento; pero ya hablaremos de eso en otro momento...

6 comentarios:

Pedro dijo...

Pues sí, me ha gustado más que otros.

En especial me ha llamado la atención las diferencias de dibujo entre el inicio del cómic y el final (mucho más trabajado, más dinámico y suelto). Da la sensación de que hubo un intervalo de tiempo entre su comienzo y su fianlización.

Jolan dijo...

Yo creo que a partir de este número se nota una evolución en todo: dibujo y guión ya no son tan simples como en los dos primeros, y a pesar de ser una serie con una cierta orientación juvenil, también se aprecia un tratamiento un poco más 'adulto'.

Miskatonic dijo...

Este no recuerdo si lo leí por entregas, cuando las sacaban en la desaparecida revista Guay! (hace unos de 15 años) o es uno de los que tengo en casa de mis padres...

En general me gustaba percevan, argumento y dibujo, y no sé como sería leerlo ahora pero el precio de los albunes me tira para atrás para una posible compra...

Jolan dijo...

No te falla la memoria, miskatonic. Esta aventura fue publicada originalmente en el semanario juvenil 'Guay!' (yo todavía conservo alguno).

El precio es abultado, sí. Es la eterna carga del álbum europeo; qué le vamos a hacer. Quizá mejor le hubiera ido a la serie si la hubiera pillado Planeta y la sacara en uno de los integrales tan majetes que están lanzando últimamente.

Gwynian dijo...

Es mi cómic favorito de Percevan. También el primero que leí... Y sí, fue también en la revista Guay... hace ya más de 20 años. Creo que estaba esta historia en los primeros números (¿desde el 1 o desde el 11?). Sea como sea, la recuerdo con gran cariño. La Espada -el dibujo de la misma-, en concreto, me fascinaba. Un saludo a todos.

Jorge Iván Argiz dijo...

Excelente post, compañero.

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