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sábado, 5 de enero de 2008

Treyes

Treyes (E. Cubera - P. Camello) Aleta Ediciones. Col. Balas Perdidas
64 páginas (80 en Némesis). Rústica, b/n con portada a color. PVP: 6 €

Me agrada poder dedicar un artículo a hablar de esta serie, que en su momento supuso para mí todo un descubrimiento y una sorpresa dentro del panorama del comic español. Porque son obras como Treyes las que demuestran el talento inapreciado de algunos autores nacionales, como ocurre en este caso con los extremeños Eduardo Cubera y Pedro Camello.

Es Treyes un relato en el que fantasía, aventura, mitología e historia se abrazan a través de los trepidantes guiones de Cubera y de los trazos límpios, nítidos, definidos, de Camello. Esta ucronía fantástica nos sitúa en pleno s. VI, sobre los restos de un desmembrado Imperio Romano que se ha reconvertido y conservado, perpetuándose en la figura de un Papado bajo el que se hayan sometidos los pequeños reinados emergentes y los pueblos resultantes tras la barbarie de esta vieja Europa, sobre la que el sumo pontífice siembra el terror por doquier y gobierna con puño de hierro mediante su guardia pretoriana - los hijos de la Loba - con el cuerpo de los lupercales como instrumento de su dominio a lo largo y ancho del continente. En una situación semejante, el destino impone la llegada de un renovado mesías, esta vez en la persona de una niña, de la que pronto tres dispares personajes, con más puntos en común de los que a priori ellos mismos piensan, se erigirán en sus protectores y en los custodios de la nueva esperanza. Puede parecer una vuelta de tuerca sobre argumentos ya muy manidos, pero os aseguro que el curso de la aventura y el dinamismo que le imprimen sus autores le conceden a esta obra una identidad propia.

Dividida en tres partes (Epifanía, Éxodus y Némesis), publicadas por Aleta Ediciones en un cuidado formato comic-book dentro de su acertada política de apostar por producciones autóctonas, la serie en conjunto emana una calidad muy alta y en constante progreso, tanto en el guión como en el dibujo, que puede apreciarse a través de cada entrega. El ritmo con el que la historia se desarrolla sigue un tempo muy apropiado y cada número enlaza a la perfección con el siguiente, no dejándonos un respiro al engancharnos de principio a fin, lo cual la convierte en una obra muy fácil de leer de un tirón, sobre todo ahora que sus tres números hace ya unos meses que están en el mercado, y que admite varias relecturas que nos permiten descubrir nuevos detalles a cada ocasión.

La magia de esta obra proviene de la diestra combinación de aportaciones e ideas de sus autores. Pedro Camello (alias Kame), nacido en Cáceres en 1974, es un - hasta hace relativamente poco - desconocido dibujante, que alterna sus trabajos de animación para producciones en el cine y la televisión, según tengo entendido, con su más reciente buen hacer en el mundo del comic. Tanto es así, que su labor para algunas pequeñas editoriales americanas realizando historietas de estilo "slice of life" (género realista-costumbrista de creciente auge en la industria del comic), lo que denota su versatilidad de registros, le valió una nominación para los renombrados Premios Eisner en 2003 por su historia 'Uncle Jeff' (de la que lamentablemente no he podido obtener mayor información). En España, se da a conocer precisamente con Treyes, habiendo publicado entretanto, igualmente con Aleta Ediciones en colaboración con Dibbuks, el también sobresaliente tebeo Guido el Negro (del que podéis esperar un comentario aquí en un futuro). En espera del reconocimiento de una más que merecida consagración, de la que en mi opinión ya le hacen valedor tanto Treyes (por la que ha estado nominado como Mejor Dibujante Nacional en la pasada edición de Expocomic) y Guido, Pedro prosigue con sus tareas habituales mientras trabaja en una ansiada segunda parte de esta última historieta. Lejos de comparaciones indeseadas, pues el estilo de Kame es lo suficientemente fresco y sugerente para defenderse por sí solo, podemos encontrar en su dibujo influencias reconocidas como las de Jan y Uderzo, y otras adivinadas como las de Luguy, Peyo o Jeff Smith, por poner algunos ejemplos, si bien esto es algo siempre afecto a la subjetividad del lector. Es importante resaltar que se nota en Pedro Camello su buena mano con la Historia (la documentación de la que hace gala con Treyes es tan asombrosa como inusual en un comic), su gusto por la arqueología de las civilizaciones primitivas, la arquitectura antigua y medieval, así como los mitos y leyendas de la antigüedad, aspecto éste muy presente también en Guido. Estos detalles, en vez de pasar desapercibidos, no hacen sino ennoblecer y aportar mayor riqueza aún a sus dibujos.

Menos sabemos de Eduardo Cubera (Plasencia, 1976), médico de profesión y guionista de comics de vocación, ya que se estrena en el género con Treyes, siendo hasta ahora su único trabajo conocido dentro de este ámbito. Cubera estará presente en la continuación de Guido el Negro, donde se incorpora a sus guiones (no porque Camello no se defendiera estupendamente con ellos, conste), de los que podremos esperar algunos matices que tan bien le sentaron a Treyes, como el sentido del humor y la carga épica. Fan de Richard Corben desde la niñez, admite entre sus influencias y autores predilectos a Stan Sakai y Mike Mignola.

La miniserie de Treyes destaca entre las últimas obras de fantasía a mencionar, y lo hace tanto por un guión lleno de acción, que lleva a los personajes incansablemente de un rincón a otro de la geografía, deteniéndose a ratos para obsequiarnos con momentos de humor o de emotividad, como por la aplicada técnica en el dibujo, de una inconfundible estética cartoon, que sin embargo infunde en los personajes una realista expresividad creíble y una profundidad en sus gestos rara vez vista en este estilo gráfico.

Y hablando de los personajes, nos encontramos con unos protagonistas, diseñados mediante un dibujo claro y diáfano, y que cuentan con una psicología bien construída, que no se enmarcan en cambio en los cánones a que nos tiene acostumbrados la fantasía heroica. Son estos contrastes quizá los que lo hacen todo tan interesante. El judío Levi, alquimista algo torpón, pero que encarna la parte más sensata y pensante de este improvisado grupo; el leproso Carlión, espabilado ladrón, resignado a su enfermedad hasta un punto que despierta verdadera compasión y afecto por el personaje en el lector, protagonista a su vez de los momentos más cómicos de la historia; y la dama Délago, cuyas raíces bárbaras afloran a la superficie, concediéndole más maña en el manejo de las armas que con las labores propias de su, más o menos, noble cuna, y descontextualizada en un entorno tan opresivo hacia la mujer como el que envuelve los hechos. Tres parias de la época, un judío, un leproso y una mujer: tres particulares reyes magos (qué apropiado para la fecha... ¡juro que no estaba preparado!) para un nuevo e igualmente atípico segundo salvador del mundo, personificado en la pequeña Ara. Y unos malos que no se quedan atrás. Empezando por el cabeza de la Iglesia, Thanatos I, representante de una teocracia basada en el miedo, heredero tanto de las tradiciones cristianas de un tardío Imperio Romano como de los ritos paganos de su origen; capaz de transmitir pura maldad y verdadera grima en ocasiones desde su alta posición, noble, elegante, casi de rasgos afeminados, pero dotado de una perfidia magistralmente urdida. Casi tanta como la de su hermano y protector, Rawulf, un guardaespaldas que oculta un tenebroso secreto, líder de las terribles gárgolas, que junto con las tropas de licántropos comandadas por Licaón, general de los ejércitos papales, investido de una fuerza y brutalidad lobunas que traspasan las páginas, engrosan las fuerzas del mal que acosan constantemente a nuestro trio heroico. Añadámosle un oráculo ciclópeo, un sabio mentor y maestro de una escuela de niños con talentos insospechados, unos Caballeros de la Orden de San Jorge, resistencia en la sombra al gobierno de Thanatos, capitaneados por el valiente Marcus y sus singulares lugartenientes, y una graciosa mascota a la que se le ha insuflado vida... y envolvamos todo en una vibrante aventura fantástica: eso es Treyes, uno de los mejores tebeos españoles de los últimos tiempos.

Una serie en la que no dejaréis de disfrutar con los pequeños detalles y curiosidades gráficas con que nos deleita Pedro Camello: desde los uniformes de los Caballeros de San Jorge y las hordas de guerreros-lobo a los edificios de una Roma post-imperial, de los guiños a determinados lugares (como su Cáceres natal), escenarios históricos y objetos arcaicos reales a la impactante brillantez visual de criaturas y seres de leyenda, de las divertidas ocurrencias de Carlión a la crueldad homicida de las gárgolas,... Y si además sois de los lectores avispados que gustan de entretenerse en cada viñeta, seguro que encontraréis a más de un artista invitado entre las multitudes...

Por no deshacerme en más halagos, decir como inconveniente que la historia se hace corta y deja con ganas de seguir leyendo, sin apuntar además a continuidades (lo que a veces es un acierto, visto con un poco de perspectiva temporal, pues los autores no han querido alargar una historia que perfectamente se podía contar en las tres entregas publicadas). En ocasiones, también es verdad, el ritmo de la acción es un poco precipitado y uno gustaría de empaparse más de ciertas escenas antes de pasar a las siguientes. Pero no son cosas que resten calidad ni impidan disfrutar a fondo de un comic muy entretenido y técnicamente impecable.

Bajo los buenos auspicios de Aleta, la serie incluye además en cada número su correspondiente skechtbook, unos apreciables apéndices, llenos de bocetos, información, storyboards, glosarios y apuntes de los autores que no os podéis perder, porque sirven para completar lo narrado en cada entrega y amplian el mundo descrito en el comic, lo que justifica de sobra el precio de la edición, ya de por si muy ajustado. Me pregunto si algún día se planteará la posibilidad de sacarlo en color, aunque el blanco y negro le funciona a la perfección en este caso y en ningún momento el dibujo se vuelve confuso.

Tengo fe en que el dúo Camello-Cubera persevere en su empeño de sacar adelante sus trabajos en el mundo del tebeo a pesar de las dificultades, porque me da la impresión de que Treyes ha pasado injustamente desapercibido, pues de lo contrario habría sido mucho más comentado. Estoy seguro de que si esta obra hubiera venido del otro lado de nuestras fronteras y bajo el brazo de una editorial más importante, ahora estaría en los altares de muchos aficionados. De momento, podemos depositar nuestras esperanzas en la continuación de Guido, pero confío en que un futuro no muy lejano nos depare la sorpresa de nuevas series a manos de Pedro Camello (sean o no de fantasía heroica), que si las circunstancias caprichosas del mercado español se lo permiten, está destinado a labrarse un importante hueco en el noveno arte.

Por lo pronto, tenéis la oportunidad de haceros nuevamente con esta miniserie, que empezará a redistribuirse a partir del próximo mes de Febrero. No la dejéis escapar... ¡avisados estáis!

martes, 1 de enero de 2008

Percevan. Los personajes

Continuando con el monográfico sobre Percevan, a continuación vamos a analizar los personajes centrales de la serie y a repasar algunas de sus peculiaridades. Parte de la siguiente información ha sido extraída de la web oficial de Percevan, que os recomiendo visitar (a pesar de que está en francés) por lo completo de sus contenidos y los muchos dibujos, datos y bocetos que allí encontraréis.

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Percevan
Caballero heroico al servicio del Rey de Francia. Percevan tiene todo lo que caracteriza al arquetipo del valiente y noble caballero. A veces es temerario hasta el grado de recalcitrante (sobre todo para el bueno de Kervin). De una fidelidad y amistad hacia los suyos a toda prueba, siempre está dispuesto a emprender nuevas aventuras, especialmente cuando se trata de una buena causa o hay alguna mujer en apuros por medio. Su mejor amigo es el trovador Kervin, junto al que cabalga desde el primer álbum de la serie, y mantiene una especial relación por definir con la hechicera Balkis, lo que no evita que tenga frecuentes escarceos amorosos.

Luguy ya había creado a un personaje de corte más o menos medieval: Cyrill (Karolyn). Pero quería explorar otras posibilidades, porque este personaje se le quedaba corto para la cantidad de ideas que tenía en mente y para colmar sus ganas de crear un caballero. Entonces llegó Léturgie, también apasionado de la Edad Media, con el que mantenía muchos puntos en común. Trabaron amistad y, tras algunas pruebas de guión, nació Percevan.

A Percevan le hemos visto hacer casi de todo: vestir toda clase de atuendos en función de los parajes que recorre, tener líos de cama, practicar la magia, discutir airadamente con Kervin, sangrar a manos de sus enemigos, abandonar su cuerpo e incluso emborracharse. Son situaciones como estas las que le conceden un carácter humano y próximo, apartándole de las idealizaciones caballerescas. A pesar de su nobleza, no parece poseer mucho más que su caballo y su equipo, a modo de un hidalgo errante.

El nombre de Percevan fue idea de Léturgie. Luguy buscaba uno que tuviera connotaciones medievales, que recordara a los caballeros de la tabla redonda (de ahí la semejanza con el Perceval de los mitos artúricos). Es un nombre que otorga al personaje su lado combatiente, que evoca enseguida la caballería, la búsqueda épica, así como las imágenes y una atmósfera fantástica. Sin embargo, su nombre no en todos los casos se ha mantenido para las ediciones en otras lenguas europeas: por tanto, tenemos a Tassilo (en Alemania), Pörszivál (Hungría), Ridder Goodwill (Dinamarca) y Persivan (en Islandia).

Kervin
Trovador, cómico, que enseguida se convierte en el compañero de viaje de Percevan y en su amigo inseparable. Rollizo, jovial, aunque fácilmente irritable, a menudo perezoso, su lealtad sólo es comparable a su tremendo apetito (como puede comprobarse por el creciente grosor de su silueta a lo largo de la serie, probable consecuencia de su predilección por las habas con tocino). Es un personaje alegre con un alma paternal, lo que se descubre en la actitud con su caballo Aníbal y, especialmente, al adoptar a Guimly.

El nombre de Kervin proviene de una expresión en bretón que viene a significar 'hogar del vino'. Por tanto, define bien al personaje, ya que simboliza su jovialidad y ese lado irresponsable, pues a veces tiene reacciones un poco pueriles. Pero también es capaz de demostrar heroicidad, sobre todo por su amistad a Percevan o su instinto protector sobre Guimly. Luguy reconoce que le agrada mucho dibujar a Kervin (de quien se dice que es su propia representación en el comic en cuanto a gestos y expresiones) por la ternura que inspira el personaje y porque tenía interés en crear un hombrecillo pequeño y gordo como acompañante del héroe principal y para que aportara un toque de humor. En sus propias palabras, 'se trata de un personaje que brota espontáneamente de la pluma.' Al principio, Jean Léturgie no estaba muy de acuerdo con introducirlo en la serie, pero una vez que vio los primeros bocetos gráficos del personaje, muy pronto le enganchó.

Guimly
Pequeña criatura simiesca, de la especie del simlusnamus, es la típica y omnipresente mascota simpática. Guimly es un diminuto ser tremendamente inteligente, acróbata y malabarista excepcional -como complemento a las habilidades profesionales de Kervin, del que rara vez se separa y por quien siente (y es algo mutuo) auténtica adoración, además de compartir en particular su gusto por el mundo gastronómico. Sólo le falta hablar, a pesar de ser enormemente expresivo. Parece no ser capaz de pronunciar más que algunas palabras: 'Bizz', 'Guimly' (de donde viene su nombre) y el más célebre '¡Youbizz!'.

El personaje nació en el álbum La espada de Ganaël porque por entonces Luguy sentía la necesidad de crear un compañero para Kervin, además de su caballo Aníbal, que pudiera estar presente a cada instante. He aquí la curiosa historia de cómo el personaje llegó desde la imaginación del autor hasta el papel: cuando Luguy era niño, tenía una mascota a quien confiaba todas las alegrías y tristezas del día, y eso fue lo que le hizo decidirse por un animal de pequeñas dimensiones. Hizo una lista de animales disponibles y creíbles para el Medievo, pero ninguno le convencía. Un día, recorriendo el lugar de trabajo de su esposa (el Museo de Historia Natural de París) se topó con dos investigadores que llevaban encima a sendos pequeños lemures, con los que acarreaban por todas partes en una especie de minúsculos sacos de lana o algodón para transmitirles su calor corporal, y en el que los bichos se refugiaban, al ser particularmente frágiles bajo nuestro clima. Al contemplar a estos pequeños peluches vivientes de grandes ojos y mirada franca, Luguy se interesó por la posibilidad de tener uno. Pero fue imposible, ya que se trata de una especie rara y protegida, con la que justamente trabajaban para su salvaguardia. Sin embargo, la idea de Guimly ya estaba dentro de su cabeza. Si a ello le añadimos la admiración por el trabajo de Franquin y su Marsupilami, ya tenemos la clave que hizo a Luguy volcarse sobre su mesa de trabajo y no levantar la nariz hasta tener el primer boceto de Guimly en sus manos. Presentó a Léturgie al recién llegado, que se integró rápidamente, sin que estuviera previsto, en el guión de ese tercer número de Percevan. Desde entonces, el animalillo brinca alegremente cerca de nuestros héroes y, en general, es Luguy quien tiene la responsabilidad de darle vida, pues está en mejores condiciones que Léturgie de recrear su animación en los álbumes.

En cuanto al origen de su nombre, Luguy le estuvo dando tantas vueltas como al diseño del personaje mismo. Quería un nombre rápido, vivo, saltarín, de una ortografía caprichosa. Cavilando llegó a Guimly, que para él era inexistente hasta el momento en que releyó a Tolkien y dio con el nombre del enano de la comunidad del anillo. No se escribe de la misma forma, pero como dice Luguy 'es la prueba de que todo, o casi todo, ya está inventado...'

Balkis
Maga o bruja, hermana de Altais, que parece entregada a la magia negra, controlada por Cienciencias, hasta su encuentro con Percevan. De su padre obtuvo el conocimiento de las prácticas ocultas y los grandes secretos. De su madre, el arte del placer y la seducción. Sólo Percevan supo llegar hasta su corazón.

Al principio enigmática y envuelta en oscuros propósitos; pero siempre misteriosa. Su relación con Percevan a menudo se ve zarandeada por las circunstancias adversas en que se producen sus encuentros, lo que impide un contacto más íntimo entre los amantes y hace de esta relación un sentimiento más platónico que real. Por tanto, parecen estar condenados a no hallar nunca el momento de reunirse, sensación que se agrava con el hecho de que Percevan no es precisamente fiel a guardar la ausencia de su amada.

En la aventura Los sellos del Apocalipsis, Balkis cambia su atuendo, pasando del estricto vestido largo de ropón negro que llevaba hasta entonces por una armadura ligera mucho más provocativa -y escotada-, que se corresponde mejor con su personalidad progresivamente más extrovertida.

Sharlaan
Poderoso brujo de Aslor, el país de las brumas, al que se accede desde la base del castillo y el lago de Balkis. Su apariencia fue un dilema para Luguy, que tuvo que probar varios bocetos hasta dar con un diseño correcto, que coincide con su imagen actual.

Sharlaan es el contrapunto benévolo a la magia practicada por Cienciencias. Sin embargo, sus métodos son a veces algo expeditivos, por lo que no dudará en poner a su servicio a Percevan cuando éste sirva a sus propósitos. Para Balkis y Altais, es un maestro y amigo al que pedir juicio y consejo cuando la situación lo requiere.

Normalmente va acompañado por un séquito de inquietantes criaturas humanoides, únicos pobladores conocidos del país de Aslor de los que casi no sabemos nada, salvo que sirven escrupulosamente a Sharlaan desempeñando su labor como ayudantes, puesto que tienen facilidad para los poderes mágicos.

Piedramuerta
Barón cruel, dirige sus dominios con puño de hierro y es tan temido como despreciado. Siempre muestra un egoísmo exacerbado, buscando su propio bien. Para él sólo son importantes el poder y la riqueza, y para obtenerlos cualquier medio es bueno. Siempre va acompañado por su sirviente: Polémic.

Aunque no demuestra una inteligencia destacada, es capaz de provocar graves problemas y poner en más de un aprieto a Percevan. Su principal interés parece ser buscar la ruina del caballero, además de maltratar y humillar de mil formas a su servidor, al cual dedica un amplio y bizarro repertorio de insultos a lo largo de la serie.

Piedramuerta tuvo poco peso en los primeros episodios, hasta que Luguy y Léturgie pulieron definitivamente su inflexible carácter. Pero después del tomo 2, adquirió rápidamente su papel. Su apariencia gráfica ha variado significativamente entre unas aventuras y otras, pasando de tener un perfil casi cómico a otro más severo y ceñudo.

Polémic
Sirviente del Barón Piedramuerta, al que ofrece una lealtad a menudo inexplicable. Con frecuencia maltratado e incomprendido, objeto de golpes e improperios, sus únicos intereses parecen ser en cambio proveer hasta las menores necesidades de su señor, no pocas. Pérfido, inmoral, subyugado, cuenta con todas las cualidades para servir bien a su amo, que sólo repara en atenciones hacia él cuando su propia seguridad corre peligro.

Cienciencias

Hechicero maléfico, aparentemente al servicio del Barón Piedramuerta, hasta que es capaz de perseguir sus propias aspiraciones por si solo. En efecto, aunque en un principio le encontramos en el castillo de Piedramuerta, enseguida parece desligarse del barón, al que ya sólo recurrirá en lo sucesivo como un instrumento cuando ello le permita satisfacer sus ambiciones.

Dotado de un gran poder, conocedor de profundos misterios, encontrará en Sharlaan a un rival a la altura de sus artes oscuras. Le acompaña su gato negro Belfegor que, extrañamente vinculado a su dueño, también parece poseer poderes mágicos y ser portador de mortíferas cualidades.

Altais
Maga o bruja, hermana de Balkis. Si en un primer lugar representa el contrario de su hermana, pronto se convertirá en su complemento. Mientras que Balkis simboliza la parte más siniestra y enigmática de los poderes que comparten, Altais encarna el lado más candoroso y bienhechor de esta curiosa simbiosis, lo que probablemente supone que su personaje sea más plano y ofrezca menos facetas que la intrigante Balkis. Quizá por eso se encuentra más apegada al castillo que sirve de residencia de ambas, y su presencia en las aventuras que discurren fuera de éste es menos apreciable.

Shyloc
Ayudante de las hermanas Balkis y Altais, hacia las que guarda una fidelidad ciega. Sin duda se trata del personaje de aspecto más repulsivo de toda la colección. Curiosamente, los autores parecen haber decidido privarle de su facultad del habla, ya que a partir de un cierto episodio de la serie deja de pronunciar palabra alguna sin motivo justificado. (Se pronuncia SHAI-LOK)

Monseñor Guillaume, señora Galantine y Blanca
Monseñor Guillaume es un modesto señor feudal; maestro de armas y amigo de Percevan. Posee un pequeño castillo, verdadero remanso de paz, sólo habitado por su cocinera Galantine, su criada Blanca y él mismo. Percevan y Kervin parecen tener allí su residencia temporal cuando no están de viaje o cumpliendo algún cometido. Es curioso que su nombre no se haya españolizado en la edición en castellano de Grijalbo (de este modo, sería Guillermo). También existe cierta controversia con su cargo nobiliario en la versión original en francés. En este caso, en español se ha optado por el trato de monseñor, más propio de un prelado eclesiástico que de un noble...

La señora Galantina (o Galantine) es la cocinera de Monseñor Guillaume. Parece que Luguy la dibujó a semejanza de su propia madre. Blanca (incomprensiblemente también llamada Florelle en algunos episodios) es la criada de Monseñor Guillaume y ayudante de cocina de Galantine, además de una ocasional compañera de cama de Percevan.

Los creadores de Percevan

Retomemos a Percevan. En este artículo voy a introducir una pequeña biografía de los artífices de esta gran colección, para después poder presentar a los personajes principales de la misma.

LUGUY - LÉTURGIE - FAUCHE
Philippe Luguy
(Guy-Philippe Liéron)
Nacido en París, el 29 de Noviembre de 1948, Philippe Luguy es un autodidacta del dibujo. A la edad de 18 años, conoce a Bonnet, Pellos y Godard, que lo aconsejan e instruyen en la profesión. Tras haber publicado algunas planchas en varias publicaciones, trabaja para revistas de pequeño formato y para algunos periodicos. En 1974 crea a Sylvio el Grillo para la revista Pif, que se publica hasta 1982. Su primer álbum, Cyrill (posteriormente Karolyn) y el Castillo de los Mil Diamantes lo publica en 1977 con Ediciones Garnier. Participa con otros autores en la entrega Albator, basado en una serie de TV (5 álbumes en Ediciones Dargaud, de 1980 a 1981). También trabaja durante el año 1980 para la televisión francesa en diversas emisiones. Al año siguiente crea a Percevan para la publicación Gomme.

Ha recibido varios premios en distintos salones del comic y de la BD en los que ha estado nominado. Sin duda, su principal obra es Percevan, junto a Léturgie y Fauche en el guión, pero también cuenta con muchos seguidores por su serie Sylvio, ésta de un carácter más infantil, con Gilbert Lions como guionista. De Karolyn, también junto a Lions, sólo se han publicado dos álbumes hasta la fecha.

Sylvio el Grillo

Los proyectos más inmediatos de Luguy son la publicación de los números 13 (ya totalmente terminado) y 14 (en fase de diseño) de Percevan. Pero además proyecta lanzar próximamente una nueva serie, Gildwin, y el álbum -parece ser que autoconclusivo- La mare aux Nymphes, con Eryc Corbeyran. Es de suponer que Les terres sans retour (Las tierras sin retorno, nº 13 de Percevan) aparecerá a la venta a lo largo de este 2008.


Jean Léturgie
Nacido el 24 de Diciembre de 1947, empezó en la historieta realizando entrevistas para los 'Cuadernos de la BD' (1976-1980) y el periodico 'Circus' (1979-1983). Agregado de prensa con Ediciones Glénat, escribe su primera historia para Pierre Wininger antes de crear, con Philippe Luguy, a Percevan, el héroe medieval. Con Xavier Fauche escribió para Lucky Luck (dibujo de Morris) ocho guiones desde 1982 a 1996. De nuevo junto a Fauche, guioniza las aventuras de Rantanplán (dibujos de Morris-Janvier). Con Pearce y Morris lanza en Abril de 1995 a Kid Lucky, una nueva serie que permite contar la historia del oeste americano antes de la guerra de Secesión. Prepara tres nuevas series a partir de 1995: Polstar, John Eigrutel y Bob Stell. Paralelamente a sus trabajos de guionista ha ejercido diversas actividades: responsable de la sección de tiras de comic del periodico 'Je Bouquine', director literario de 'Humanoïdes Associés', redactor jefe del suplemento de BD para VSD, responsable de proyecto del periodico BD online en internet para el Salón de Angoulême de 1995, etc.

Lucky Luck

Otras series para las que ha escrito son Cotton Kid y Spoon&White, entre otras. También ha colaborado en la adaptación de guiones para las versiones en televisión de Fraguel Rock y Lucky Luck. Fue premio del público en el festival de Troyes de 1990.

Xavier Fauche
De origen escocés, nació el 30 de Abril de 1946. Diplomado en la Escuela Superior de Comercio, en 1991 fue nombrado Director General de la S.A.R.L., sociedad especializada en la comunicación a través de la BD. Ha sido nombrado Caballero de la Orden de las Artes y de las Letras, y recibió el premio Alph-Art de la Comunicación en el festival de Angoulême de 1996. Reelegido en 1998 como Administrador de la Mutua de Autores y Compositores Dramáticos. Es miembro de la Comisión de Publicaciones de la Cámara de Comercio Suiza en Francia (desde 1995) y ha ejercido diversos cargos públicos en el ámbito cultural. Colaboró en los guiones para Percevan, junto a Léturgie, entre los números 2 al 8. Pero también ha trabajado en otras series como Cédric Lebihan, Lucky Luck, Rantanplán y Marsupilami.

Fuente: web oficial Percevan.

lunes, 24 de diciembre de 2007

Roma S.P.Q.R.


Poco de fantasiosos tienen los héroes y personajes célebres que aparecen en esta muestra, pero al ladito de casa me queda, así que no podía dejar pasar la exposición sobre Roma que se exhibe en la Fundación Canal, en el espacio acondicionado sobre los antiguos depósitos, que conserva las primitivas arcadas del aljibe, hasta el 2 de marzo de 2008.

Su principal valor: unas 500 piezas procedentes de multitud de museos, tanto nacionales como internacionales, gracias a las cuales podemos realizar un recorrido por la Roma imperial, examinando diversas facetas de la vida cultural, religiosa, política... Es una buena oportunidad para contemplar piezas que de otro modo no podríamos disfrutar; fondos cedidos de colecciones de museos de Italia, Francia, Croacia, etc.

La exposición analiza a través de estas piezas aspectos tan diversos como los orígenes de Roma y la influencia griega, los símbolos propios del Imperio (multitud de bustos de los emperadores, incluyendo uno enorme de Augusto), la religión (toda clase de esculturas de divinidades, pedestales de los lares, ofrendas y exvotos, y una colosal estatua en marmol policromado de Minerva), la arquitectura y el paisaje urbanístico (mosaicos, decoración de fuentes, relieves, maquetas de templos, escenas de espacios monumentales, como la columna de Trajano), economía (monedas, sistemas de medición, edictos en piedra), la vida cotidiana (elementos domésticos, orfebrería, piezas de menaje, aperos de profesiones), el ejército (puntas de lanza, cascos y otro equipamiento militar, incluso la reproducción de una balista), el aspecto lúdico (relieves que escenifican los espectáculos circenses, estatuillas púgiles y de gladiadores) y el mundo funerario (urnas cinerarias, lápidas conmemorativas, etc) entre otros. La verdad es que hay un montón de obras expuestas por conocer: sería difícil destacar alguna en concreto, y aunque seguramente las hay de mayor valor e interés, a mi me llamó especialmente la atención una estatuilla de un fauno borracho que se puede encontrar en la sección sobre la vida religiosa.


La estatua de la Loba Capitolina preside el centro del espacio que aloja la exposición.

El itinerario es bastante libre, quizá un poco confuso. También se han puesto al alcance del visitante diversos recursos audiovisuales con fines didácticos y de entretenimiento, como la representación holográfica de un combate virtual de gladiadores en el Coliseo (simulando el espacio dedicado al público las gradas del propio teatro). Sin embargo, la exhibición de un documental sobre las distintas etapas de Roma a través del cine 'de romanos', o peplum, resulta totalmente prescindible y poco rigurosa.

Como no podía ser menos, hay una sección dedicada a la Hispania romana, con abundantes objetos, que salpican toda la exposición y no sólo este apartado, provenientes de los museos arqueológicos de Madrid, Mérida, Cataluña, Sevilla, etc.

En fin, es la tercera exposición importante que muestra este pabellón, tras los orientales Guerreros de Xian y la dedicada a la cultura faraónica de Egipto, y por ahora puede decirse que están a la altura, así que os la recomiendo a todos aquellos que paséis por Madrid durante estas fechas.

La Exposición 'Roma S.P.Q.R.' se exhibe del 21 de Noviembre de 2007 al 2 de Marzo de 2008, en el Centro de Exposiciones Arte Canal, de la Fundación Canal de Isabel II, en Madrid. Precio de la entrada: 6 €. Web: Roma S.P.Q.R.

viernes, 21 de diciembre de 2007

Stardust


Hace poco he tenido la suerte de ver, poco antes de que desapareciera de cartel, esta preciosa película de Mathew Vaughn que se estrenó a finales del pasado mes de Octubre. Y digo suerte porque me ha permitido disfrutar de una película como no encontraba desde hacía tiempo dentro del género fantástico, ya que consigue aunar lo que personalmente le pido a un buen film de este tipo: entretener y contar una bonita historia, sin abundar en los consabidos efectos especiales, no más de los necesarios al menos, ni caer en los tópicos de siempre (independientemente de su predecibilidad), cogidos de aquí y de allá, y que denotan una escasa consideración hacia el espectador de fantasía actual. En definitiva, es capaz de transmitir esa sensación de trasportarse, durante las dos horas de metraje, a un mundo épico y lleno de maravillas.

Basada en la aclamada novela gráfica homónima de Neil Gaiman y Charles Vess de 1997, posteriormente convertida en libro, Stardust es toda una fábula o aventura romántica, en la que no faltan ingredientes propios como la magia, los personajes malvados, príncipes de verdadera sangre azul pero poco convencionales, el humor, los duelos, los prodigios y los paisajes asombrosos o escenarios de belleza solapada. Un cuento de hadas que gustará a un público muy amplio, mayores y pequeños, y no aburre en ningún momento.

Stardust nos cuenta una historia aparentemente sencilla, pero que está plagada de multitud de detalles, presentes o bien de esos que tan sutilmente dan alas a la imaginación, que la enriquecen por momentos. La aventura comienza en el pueblecito victoriano de Muro, en plena campiña inglesa, cuyo nombre le viene de encontrarse junto al irregular muro de piedra que lo separa del mundo paralelo de Stormhold, en el que la magia y todo tipo de criaturas faéricas son algo habitual. Sin embargo, los habitantes de Muro llevan una vida tranquila y pacífica al margen de esta fantástica vecindad. En esta perezosa localidad vive Tristan Thorn, un muchacho desconocedor de sus orígenes, que desempeña un trabajo de tendero, y cuyo mayor deseo es atraer la atención de la hermosa Victoria, a la cual la existencia de Tristan le resulta casi indiferente. Para conquistar su corazón, le promete conseguir la estrella caída del cielo que ambos contemplan una noche despejada. Pero esta estrella ha ido a parar más allá del muro, por lo que Tristan tendrá que iniciar un viaje al mundo desconocido que se encuentra al otro lado de éste. Allí las cosas tienen otra apariencia, de modo que lo que el joven se encuentra después de traspasar las fronteras de su propio mundo no es un trozo de roca celeste, sino a Yvaine, una preciosa muchacha, personificación de esa estrella, que todos ansían, como enseguida descubrirá. Porque tras la pista de esta estrella se hallan, cada uno con sus intereses particulares, una bruja y sus hermanas, que pretenden de esta forma perpetuar su propia juventud y belleza, así como los hijos del rey de Stormhold, pues es la clave para alzarse con el trono del reino. Comienza entonces una persecución desesperada en la que Tristan empezará a asimilar las cosas de otra manera e iniciará un claro aprendizaje vital.

Puesto que no he leído, por ahora, la novela ilustrada de Gaiman, no podría entrar a valorar si la adaptación de la misma es todo lo fiel que a sus lectores les gustaría. Sí se afirma que respeta la parte más visual, por lo que a la estética y los dibujos de Charles Vess se refiere. Sin embargo, se ha mencionado que le falta cierto toque macabro e irónico propios del autor (a pesar de que hay escenas, como la del viejo rey agonizante frente a sus tres hijos vivos, entre otras, que bien podrían contradecir esta opinión) además de haberse tocado, en favor de los patrones fílmicos, tanto el principio como el final de la historia (éste último, bastante almibarado y convencional para mi gusto). En todo caso, encuentro estupenda la realización de Vaughn, que ha logrado acercar esta película a otros títulos modélicos del género a los que indudablemente nos recordará, como La princesa prometida, Lady Halcón (también de una Pfeiffer sobresaliente - y es que cuando esta mujer se cree sus papeles, los borda) o el mismísimo Willow, clásico entre los clásicos. Aunque el argumento despliegue los temas comunes del género (el amor incondicional, el viaje iniciático, las relaciones ocultas entre los personajes, los valores de la magia, etc), la película se mueve con absoluta fluidez, desdeñando los efectos especiales 'de bonito' para la gran pantalla -los que hay están al servicio de lo que se nos está contando y no aparecen porque sí- y apostando por la historia por encima de todo.

Esto se consigue en buena medida gracias a la sobrada interpretación de un elenco de actores que en general están a la altura de las circunstancias. A destacar, como ya he mencionado, la actuación de Michelle Pfeiffer, en un creíble papel de bruja malvada que hará que nos enamoremos de esa perfidia divertida ya desde los primeros minutos de su aparición y a medida que sufra la transformación de su personaje. También el que le ha tocado desempeñar a Robert De Niro en esta ocasión, aportando el toque de humor más curioso de la película, en un papel inventado para la misma, todo hay que decirlo. Si su actuación ha sido hasta cierto punto criticada, al hilo de sus últimas apariciones de escaso empaque en la gran pantalla, hay que argüir en su defensa que es totalmente admisible que actores de su talla se tomen la licencia de 'descansar' con este tipo de papeles, no por ello mediocres ni condenados a pasar desapercibidos, sino sencillamente diferentes. Quizá, eso sí, las apariciones de su personaje, que hubiera sido mejor que pasará por anecdótico, están alargadas más de la cuenta, probablemente con la finalidad de rentabilizar al actor. En todo caso, su papel en este film ha despertado sentimientos encontrados: entrañable para algunos, risible para otros. Curiosamente, los protagonistas principales resultan menos atrayentes, aunque cumplen con lo que se espera de sus personajes. El papel de Tristan (Charlie Cox) peca de falta de carisma, sosería y una inevitable semejanza a lo que nos tiene acostumbrados el torpe Orlando Bloom, por poner un ejemplo (es decir, un papel tirando a plano y anodino). Es una pena que el personaje que tiene que marcar el ritmo de la historia porte este lastre, aunque no sé si otro actor lo hubiera podido desempeñar mucho mejor. Claire Danes en cambio, en su papel de Yvaine, nos regala a ratos una actuación que luce con el fulgor propio del astro que interpreta, transmitiendo una dulzura de la que es difícil no embriagarse, pero también atraviesa momentos un tanto artificiales. Tampoco podemos omitir mención a las actuaciones de hábiles secundarios, como los hermanos fantasmas, los piratas voladores del capitán Shakespeare, Ferdy el comerciante de rayos, o la bruja de la ciudad-mercado. En definitiva, unos actores convencidos de lo que hacen.

El desarrollo de los acontecimientos nos permite extraer ciertas enseñanzas, como toda fábula que se precie lleva aparejadas. En este caso, la capacidad de valorar lo que tenemos, más que lo que ansiamos, y que a veces tenemos delante de nuestras propias narices. También el reconocimiento personal por lo que somos, y no por lo el trabajo que desempeñamos, las apariencias externas, etc. Pero para mi éste no es el apartado principal de la película: no pretendo que el cine me enseñe nada ni que se ocupe de trascendentalismos, sino que me entretenga -de una forma inteligente, eso sí- y me enganche lo suficiente para guardar un buen recuerdo de su visionado.

El resultado, ya digo, es un producto audiovisual tremendamente ameno, emocionante, divertido y que nos hará esbozar más de una sonrisa de satisfacción al gozar de una sensación parecida a la que podíamos sentir con aquellas películas capaces de impactarnos hace años, cuando éramos seguramente más fáciles de impresionar, pero también cuando la fantasía en el cine se dirigía con una mayor honestidad hacia el espectador, sin técnicas digitalizadas ni otros amaños absurdos y prescindibles del ordenador. Magnífica para disfrutarla en el cine, junto a la agradable banda sonora de Ian Eshkeri, en uno de esos largos fines de semana de invierno.

En fin, una delicia de cuento que me ha resultado lo suficientemente llamativo como para interesarme por la reedición en estas navidades de la novela ilustrada que le dio origen (cuando la lea, ya os contaré qué tal, y de este modo mi opinión sobre la película será más completa). Todo un descubrimiento que, ¿por qué no?, podría convertirse en un clásico del género de aquí a unos años.


Trailer de la película:


'Stardust' se estrenó en cines el 26 de Octubre de 2007
Dirección: Mathew Vaughn
Guión: Mathew Vaughn - Jane Goldman
Producción: Mathew Vaughn - Lorenzo di Bonaventura
Michael Dreyer - Neil Gaiman

Banda sonora: Ilan Eshkeri
Reparto: Charlie Cox (Tristan Thorn), Claire Danes (Yvaine), Michelle Pfeiffer (Lamia), Robert De Niro (Capitán Shakespeare), Peter O'Toole (Rey), Sienna Miller (Victoria), Primus (Jason Flemyng), Secundus (Rupert Everett), Una (Kate Magowan)

domingo, 16 de diciembre de 2007

Thorgal (II): La isla de los mares helados

Rosinski - Van Hamme (1980)
Norma editorial. Colección Pandora nº 42.
Edición original: L'ille des mers geles

Atención: este artículo puede revelar detalles sobre el argumento.

Con Gandalf el Loco a salvo, después de que Thorgal renuncie a arrebatarle la vida, desligándose así de la promesa de obediencia que le unía a la maga Slive, éste no tiene más remedio que acceder como muestra de su gratitud a que tenga lugar la boda entre Thorgal y Aaricia. Pero en el día de la celebración, Aaricia es secuestrada por las criaturas aladas al servicio de un extraño personaje cuyo rostro se halla cubierto por completo por un yelmo astado: el Señor de las tres águilas.

Enseguida se pone en marcha una partida de guerreros en busca de la princesa vikinga hacia los territorios helados del norte, en la que obviamente se embarca Thorgal, pero que está dirigida por Bjorn, el hermano de Aaricia. Sin embargo, un inesperado motín a bordo hará cambiar el rumbo del rescate.

En esta segunda entrega, continuación inequívoca de los hechos que acontecen en el número anterior, se hace más palpable el sentimiento de que Thorgal no encaja entre los suyos. Su no pertenencia al pueblo junto al que se ha criado se convierte precisamente en una clave a desvelar en este álbum, en el que la consideración del guerrero como bastardo entre sus gentes es apreciable constantemente, tanto por la actitud de reserva con que le tratan como por su propia forma de comportarse dentro del grupo.

Rosinski nos hace espectadores de una sucesión de escenarios eternamente nevados, en los que imperan el frío, el hielo y la tempestad, como no podía ser de otra forma, si atendemos simplemente al título de este número. Pero la isla de los mares helados, a la que eventualmente llegarán tanto Bjorn como Thorgal tras los pasos de Aaricia, esconde un secreto mucho más intrincado de lo que las apariencias parecen indicar en un principio.

Cuando Thorgal se topa con los slugs, una suerte de esquimales, y estos solicitan su ayuda para librarse de la servidumbre que los mantiene sujetos a una poderosa estirpe, a la que ellos llaman los dominantes, entre cuyos miembros se halla el captor de Aaricia, lo que convierte de algún modo la misión de estos hombrecillos en la suya propia, no puede ni sospechar que en ese desolado lugar se hallan las respuestas al misterio de sus orígenes. Es ahora cuando el plan inicial de Slive quedará al descubierto en unas reveladoras declaraciones y giro sorprendente de la trama: la pertenencia de Thorgal al pueblo de las estrellas y su procedencia de una expedición alienígena fallida, que ha condenado a sus integrantes a quedar atrapados en este mundo. Aunque Thorgal no de crédito a lo que escucha, la semilla ya ha sido sembrada y en lo sucesivo calará hondo en su mente a medida que se produzcan determinados encuentros.

El lector que desconociera los derroteros que sigue la colección puede sentirse un poco abrumado al observar la entrada del componente ciencia-ficción, que va a ir implícito a lo largo de toda una historia aparentemente fantástica, pero pronto comprobará que esta mezcla de géneros está perfectamente urdida por la imaginación de Van Hamme, por lo que nunca va a conducir a situaciones incongruentes ni vacuidades. La presentación de este 'pueblo de las estrellas', que a menudo se nos semejará cruel, como ocurre en esta misma aventura, tenía que darse desde este momento, ya que va a definir y explicar muchos rasgos que en adelante nos encontraremos en la figura de Thorgal y en las situaciones que se produzcan en su vida.

Como nota curiosa, es significativo el sueño que tiene Thorgal cuando ha sido abandonado a su suerte por los vikingos junto a Bjorn, pues esa sensación de destruir lo que toca o malograr cuanto le rodea va a acompañar al héroe la mayor parte de su existencia.

Quiero hacer hincapié en que el dibujo aún por perfeccionar de Rosinski, como continuación inmediata del primer volumen, no debe desanimar al lector, en una historia en la que el argumento aleja toda duda sobre la calidad de esta obra desde sus comienzos.

Thorgal (I): La maga traicionada

Rosinski - Van Hamme (1980)
Norma editorial. Colección Pandora nº 41
Edición original: La magicienne trahie

Atención: este artículo puede revelar detalles sobre el argumento.

Thorgal, el joven bardo de la tribu de los vikingos del norte, ha sido condenado a morir ahogado, sujeto a una piedra de sacrificios. Su delito: haberse enamorado de la hija de Gandalf, rey del clan, y ser correspondido por ésta.

Marcado en el rostro para siempre por la ira de Gandalf el Loco, Thorgal se ve enfrentado a una muerte tan cruel como incierta, ya que su llamamiento a Odín clamando venganza encontrará como respuesta la llegada de la misteriosa Slive: una mujer de cabellos rojos como el fuego y un ojo ciego vendado, acompañada por su fiel lobo Sharn, que no se separa de su lado. En realidad Thorgal aún no lo sabe, pero la injerencia de los dioses en su vida va a convertirse desde este momento en una constante.

Slive promete liberar al trovador si este le ofrece a cambio un año de vida a su servicio. Cuando Thorgal, demasiado impotente en esos terribles instantes para poder pactar otra cosa, accede a su propuesta, no imagina los planes que la enigmática mujer tiene en mente para él.

Así dan comienzo las andanzas de Thorgal Aegirsson en una historia en la que van a aparecer tanto seres fantásticos, imprimiendo ese carácter a la serie desde el principio, como otros aspectos propios del marco en que se encuadran, al menos en estas primeras aventuras: un viaje por las duras e inclementes tierras nórdicas, en las que tan normal puede ser tener que enfrentarse a un gigante que protege el remoto santuario que guarda un extraño artefacto, como a los forajidos salvajes de las montañas, los Baalds, en una aventura de venganza personal, de la cual Thorgal va a ser artífice e instrumento a la vez.


Es muy gratificante observar que Van Hamme, desde el inicio de la serie, nos ofrece un buen repertorio de detalles bien documentados que tienen que ver con la cultura que envuelve la historia, en la que por tanto no faltan referencias al mundo mitológico, con dioses como Odín, Thor o Frey que tan presentes están en la vida de aquellos que les rinden culto, así como acontecimientos más cotidianos referidos al folklore nórdico: la celebración de la festividad del Joll, por ejemplo, organizada por Gandalf el Loco y sus hombres, coincidiendo con el solsticio de invierno, o la camaradería en la lucha contra un enemigo común, olvidando temporalmente viejas rencillas, pasando por la unión de estos pueblos al mar.

Los personajes dan sus primeros pasos en el desarrollo del carácter que va a formar parte de su personalidad. Tenemos a un Thorgal que ya da muestras de sus deseos de una vida plácida, con independencia de un claro dominio de las armas, y a una Aaricia que, tras la inicial renuncia al ser amado por imposición de su progenitor, no duda en mostrar señales de intrepidez que hacen que se le perdone un cierto exceso de apocamiento.

Estos primeros números están marcados en el apartado gráfico por un Rosinski correcto, pero que aún no ha desarrollado todo su potencial, el cual se irá plasmando en sucesivos números de la colección. El color también está todavía muy lejos de los sutiles matices que adornarán futuras entregas de la serie.

Slive, personaje intrigante sin duda, la reina de la legendaria isla de los mares helados, que volverá a sus dominios al verse traicionada por Thorgal cuando éste rompe su promesa, negándose a cumplir sus designios, tendrá mucho que decir en el segundo número de la colección, verdadera piedra angular del ciclo que componen los primeros álbumes.

Este primer volumen incluye una historieta corta (Casi el paraíso...) que sirve para definir aún más la personalidad libre de Thorgal. Encerrado en un glaciar atemporal por un accidente fortuito mientras cabalga por las montañas del norte en pleno invierno, Thorgal ve cómo se le ofrece la posibilidad de una existencia ausente de calamidades, hambre, enfermedades e incluso los efectos del paso de los años. Pero todas las promesas que las hermanas Ingrid y Ragnhild, las atractivas moradoras de este lugar fuera del mundo, ponen a su alcance no son para nuestro protagonista más que una jaula de oro. Cuando la posibilidad de regresar se dibuja en el horizonte, de manos de la menor de las hermanas, Skadia, la esperanza parece renacer, aunque haya que afrontar peligros y dificultades en el camino de vuelta. Y es que a veces ese anhelo de libertad, como el que personifica la 'joven' Skadia (cuyo nombre muy probablemente sea una reminiscencia de Skadi, la diosa del panteón nórdico que representaba las cumbres nevadas y adoraba la independencia) puede ser suficiente para arriesgar lo que nos es más preciado, la propia existencia, y ponerlo en juego ante la sóla posibilidad de volver a contemplar la luz del sol...

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