Así es, de nuevo este año he podido pasarme un rato por el
Expocomic, la feria del tebeo de Madrid, que ya ha llegado a su duodécima edición. Sigo manteniendo que se trata de un Salón lejos de obtener la trascendencia y la capacidad de reunión de otras convenciones internacionales en torno al noveno arte, pero es lo que tenemos en nuestra ciudad y, para ser sinceros, se advierten ciertas mejoras en la organización respecto de años anteriores. Con todo, aún se trata de un evento orientado fundamentalmente a la venta como principal actividad. No digo que eso esté mal (de hecho sería contradictorio que me quejara, a tenor de la pasta que me he dejado allí), pero el acontecimiento palidece ante la desigual comparativa con las ferias que se celebran en Francia o Bélgica, tanto del cómic como de otras vertientes literarias, donde todo gira de una forma más evidente alrededor del acto cultural en sí -aparte de estar respaldado por un porcentaje mucho mayor de visitantes- con más exposiciones, más personalidades, más charlas de interés, más muestras, más implicación de las instituciones locales y más difusión global. Por cierto, que alguien le explique a los medios españoles que, aparte de Superman, Spiderman, Batman, Asterix o Tintin, existe todo un mundo de opciones dentro del cómic actual sobre el que informar con un mínimo rigor.
Un ejemplo de los cambios recientemente adoptados es que el sistema de firmas de autores en el escenario ahora se halla regido por otro procedimiento, por lo visto más equitativo (realmente no sé si será mejor o peor, pues yo no he hecho cola para ninguno esta vez) evitando que un pequeño grupo acapare la mayoría de las dedicatorias. ¿Más mejoras? Si bien la dispersión de actividades se sigue manteniendo (y eso, de algún modo, es enriquecedor): talleres, concursos, clases guiadas, etc. diría que están llevadas con algo más de orden. Seguramente en esta apreciación influye que, por primera vez, haya decidido acudir un viernes por la tarde, lo cual te ahorra tener que andar entre codazos y pisotones para avanzar por los pasillos o asomarte a un stand -no hablemos ya de guardar espera para una firma. La afluencia de público era correcta, pero sin llegar a los extremos del fin de semana (definitivamente, recomiendo evitarlo si es posible), momento en que el aforo se dispara. Aunque hay cosas que no varían: la calefacción debía de seguir estando a unos 45º.
En fin, entre las exposiciones de esta edición (ya digo, escasas) hay dos que me han gustado por encima del resto. Una de ellas la dedicada a la serie
Atalanta, de
Didier Crisse (que repite este año, pues no es la primera vez que viene a Madrid) con originales de su cuarto álbum, aún pendiente de publicación en nuestro país. Debo reconocer que los trabajos del belga no están entre mis lecturas recientes ni más deseadas (algo pude leer en su día de
La espada de cristal gracias a la biblioteca) pero las láminas que se presentaban de este volumen eran preciosas.
Atalanta es una colección que mezcla mitología -en concreto, la saga de Jason y los Argonautas en su búsqueda del Vellocino de Oro- con una buena dosis de fantasía. Como no tengo hoy por hoy ningún tebeo de
Crisse, no me molesté en tratar de acceder a su ronda de firmas. La otra exposición que me pareció destacable se refería al álbum
El silencio de Malka (premio Alph-Art de 1997), creado entre el guionista argentino
Jorge Zentner y el dibujante español
Rubén Pellejero, con la que he descubierto una obra de original historia con un espléndido dibujo panorámico. Lástima que en la muestra no se puede apreciar en su totalidad el formidable tratamiento del color de
Pellejero en este volumen unitario. Ambos autores también han estado presentes en la feria.

Desde que llevo asistiendo al Expocomic, siempre he tendido por inclinarme hacia nuestros propios autores entre los nombres que lo frecuentan. Ello se debe, primero, a que apenas he visto pasar artistas foráneos por los que me sintiera lo bastante dispuesto a aguantar una larga espera para la correspondiente firma (¡el día que vengan
Rosinski o
Luguy, por citar preferencias y sin ánimo de menospreciar a nadie, ya será otro cantar!) Y en segundo lugar, porque la cercanía que ofrecen nuestros profesionales del tebeo es una indudable ventaja con la que cuenta el aficionado español. Es gracias a esa proximidad que, como en citas comiqueras anteriores, pude conseguir de
Jordi Bayarri un bonito dibujo sobre mi ejemplar recién comprado de su último trabajo: el ya sexto número de la serie
Entre Tinieblas, por título '
Mi esposa, mi vampiro', a partir de ahora bajo el sello
Viaje a Bizancio Ediciones pero manteniendo el mismo formato elegido en su momento con
Aleta. También alojada bajo el stand de Aleta no me podía perder la sesión de firmas de otro de mis ya confesos autores fetiche, el cacereño
Pedro Camello, que aunque no presentaba obra en esta edición, tenía pendiente con él que plasmara su huella sobre uno de mis volúmenes de
Treyes y del sensacional
Guido el Negro (tebeo del que, de cara a la futura salida de su continuación, quiero hablaros más a fondo próximamente). No quedó ahí la cosa, sino que haciendo gala de su amabilidad me permitió acceder a su libro de bocetos; un tesoro formado por verdaderas joyas sobre papel que me dejaron con la boca abierta. Y, agárrense señores, la currada de dibujo personalizado de Guido que me he traído a casa:

¡Gracias a los dos -Jordi y Pedro- por vuestro tiempo y dedicación!
[
Actualizo la entrada para añadir enlace a la visita a Expocomic del compañero Pardi, que también pudo disfrutar de las sesiones de firmas de ambos autores -y de paso veis su blog, que está muy bien].
Contento ya con las dedicatorias que tenía mayor interés en reunir bajo el brazo, el resto del tiempo -una vez saludados unos cuantos conocidos y visitadas las exposiciones de la galería- lo dediqué a husmear los stands buscando alguna que otra cosilla. Bueno, es un decir, porque por más que me proponga limitar mis compras a lo que me resulta difícil de encontrar en las tiendas que visito habitualmente, a saldos que no se pueden dejar escapar y a material descatalogado al que sigo la pista, siempre acabo dejándome un cierto presupuesto en estas jornadas. Sin entrar en muchos detalles, entre aquello que me he embolsado estaba:
El hijo del ogro, de
Grégory Mardon, publicado por
La Cúpula;
Píldoras azules, de
Frederik Peeters (cediendo a las muchas recomendaciones) en
Astiberri, dos números de
Tellos, de
Dezago y
Crisse (por tener algo del homenajeado de esta edición), una especie de retapado de
Oro Rojo de
Quim Bou a buen precio (que, esperando a una reedición de
Dolmen que nunca llega, aún no tenía),
Riblet, una rareza para mi desconocida en la que colaboran
Sakai y
Jeff Smith, el ya citado
Entre Tinieblas, un ejemplar de
Los Arqueros (
Thorgal) de
Rosinski y
Van Hamme, en su edición de
Zinco (compra emocional por puro afán coleccionista) y algún que otro desgastado
Colección Olé de
Bruguera. ¿Ya está bien, no?
Una de las satisfacciones que me ha deparado esta última visita al Salón ha sido la de toparme con gente a la que aún no conocía en persona, como algunos miembros del foro de la T.I.A. y en especial a
Pirluit, a la que desde aquí mando un afectuoso saludo en espera de que podamos charlar de nuevo en un futuro sobre la serie en común que tanto nos gusta y otras muchas cosas. Me han faltado varias personas a las que gustosamente hubiera querido ver, pero no siempre es fácil coordinar horarios en estos sitios. Habrá encuentros posteriores en los que, estoy seguro, acabaremos coincidiendo.
Ilustración de Rubén Pellejero para Expocomic 2009
Pues nada, ha sido nuevamente una de las citas culturales y de entretenimiento que nos anuncia que el año casi ha terminado. Esperemos que la edición de 2010 siga yendo a mejor. Pero seguro que más de uno tenéis vuestra propia experiencia sobre esta que aún no ha cerrado sus puertas y que estoy deseando escuchar. ¡Se me olvidaba!.. Enhorabuena a los premiados de la temporada, que ya se pueden consultar en la
web de Expocomic. Ah, y por último, una observación a los organizadores: lo de regalar un tebeo con la entrada está muy bien y se agradece el detalle, pero... ainss... ¿por qué siempre de
Marvel?